Los resultados electorales del país se han quedado en manos de los grupos de clase media y de menos escolaridad porque según estadísticas de las últimas elecciones, los jóvenes de 25 a 34 años representan el 35% del electorado, pero son los que menos votan, y también se registra mayor abstencionismo entre los que tienen más acumulación de bienes y escolaridad, reveló ayer en esta ciudad Héctor Aguilar Camín, escritor, historiador y director de la revista Nexos.

Consideró que a pesar de eso hay una fuerte esperanza para acabar con el abstencionismo, con las mujeres que representan siempre el 70% de votación. Son las más participativas, sin importar su clase social o escolaridad y afirmó que “aunque este panorama no sea muy prometedor, vale la pena abrir los ojos y verlo con claridad para saber dónde tenemos que poner el acento para cambiar a la sociedad”.

En su conferencia Aguilar Camín mencionó un asunto preocupante de la participación ciudadana en las elecciones.

“Los jóvenes de 25 a 34 años representan el 35% de la lista nominal y son los que menos votan. No están claros de que su voto va a definir la clase de gobierno que ellos van a tener, no establecen relación causante de a quién van a elegir y que gobierno van a tener”.

El galardonado en varias ocasiones en el plano nacional y fuera del país por sus trabajos periodísticos resaltó que el nivel de abstención más alto se da entre los de mayor acumulación de bienes y mayor escolaridad.

Manifestó que los jóvenes y ciudadanos a quienes les ha ido mejor en su economía son los que más se desentienden del proceso electoral y ponen al país en las manos del resto de la votación, en los viejos, los menos escolarizados y los de clase media. Ese es el gran asunto a cambiar en materia de la participación ciudadana, dijo.

“Los mexicanos tienen que salir a votar, los más jóvenes tienen que establecer el vínculo causal entre su voto y el tipo de gobierno y de vida que van a tener, y los más beneficiados tienen que establecer el vínculo entre su voto y la posibilidad de que sus hijos sigan siendo también de clase media”.

Esta situación del abstencionismo en opinión del historiador tiene que ver con aquello de que “todos son iguales” , “toda la política es corrupta”. Son frases que constantemente se escuchan en la ciudadanía y en gran parte por culpa de los mismos políticos. Por eso en cuanto tienen un poco de educación y de ingresos los ciudadanos lo primero que dicen es “yo me quiero separar por completo de esa podredumbre, no quiero saber nada”.

Consideró que esta es la satanización de la política por culpa de los mismos políticos, por su conducta, pero también de esta especie de pedagogía que se hizo en México con la tradición democrática que era la de satanizar al PRI y la política profesional como trampa, corrupción y que son incorregibles.

Aguilar Camin resaltó que la excepción y a la vez la esperanza para acabar con el abstencionismo electoral está en las mujeres de toda condición social y nivel educativo.

“Sabemos hace mucho tiempo que en México las mujeres son las verdaderas lideresas de sus comunidades. Son en millones las jefas del hogar, y en estadísticas son las más participativas en materia electoral. Son la esperanza real para vencer el abstencionismo”, afirmó.

Rechazó a la ciudadanía de baja intensidad, manipulable y clientelar, y pugnó por una sociedad democrática, participativa, autónoma y capaz de seguir su destino por encima de la voluntad de los políticos profesionales o guías iluminados.

“Aunque este panorama no sea muy prometedor, vale la pena abrir los ojos y verlo con claridad para saber dónde tenemos que poner el acento para cambiar a la sociedad”, puntualizó.

Advirtió que si se quiere acabar con el abstencionismo, se tiene que trabajar con los jóvenes, las clases medias y seguir el ejemplo de municipios como Mérida, León y Chihuahua, donde trabajan con políticas de participación ciudadana de verdad.— David Domínguez Massa

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