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''Trampa'' al comprador yucateco: venden pescado ''made in Asia''

Una investigación arroja fraude con especies marinas
jueves, 14 de abril de 2022 · 05:45

La falta de una norma de trazabilidad en el control en la venta de pescados en México permite que los consumidores yucatecos, y en general los mexicanos, compren este alimento a mayor precio y de menor calidad.

Desde hace décadas, con impunidad la industria pesquera, comerciantes y restaurantes “dan gato por liebre” en la pescadería y la única norma que podría frenar este fraude comercial es la aprobación de una política de trazabilidad que permita obtener información desde la captura de la especie en el mar hasta el último punto de venta.

Sin embargo, desde 2019 y hasta el día de hoy la Conapesca tiene “congelada” la Norma de Trazabilidad de Pescados y Mariscos.

Se afirmó que aprobar esta norma aseguraría que las comunidades pesqueras accedan a mercados internacionales y compitan en condiciones justas en mercados nacionales, cerraría la puerta a la pesca ilegal y evitarían sanciones internacionales como la que actualmente sufre nuestro país.

Pescado en México y Yucatán "made in Asia"

Una reciente investigación que realizó la organización internacional Oceana, por medio de su programa “Detectives del Fraude” y publicada en su revista GatoXLiebre, muestra que en Ciudad de México y Mérida hay una sustitución de especies extraídas del mar por especies cultivadas en sistemas de acuicultura desde Asia.

Este reemplazo aparentemente se da en todo el territorio nacional y quienes venden pescado obtienen jugosas ganancias porque cobran como si fueran pescados de la más alta calidad porque son extraídos del mar, pero no es así.

“Hemos encontrado que existen diversos tipos de fraude, uno es que se sustituye el pescado de mayor valor por uno de menor valor”, informó Mariana Aziz, directora de Transparencia en Oceana, una organización dedicada exclusivamente a la conservación del océano, a la reconstrucción de la biodiversidad marina, con más de 200 fallos a su favor los cuales han frenado la sobreexplotación pesquera.

Ella puso algunos ejemplos del fraude comercial en las pesquerías. La carne de huachinango vale $280 en el mercado, pero el vendedor lo cambia por el bagre, cuyo precio es de $80.

En su opinión, el bagre también es de gran calidad alimentaria, pero se debe vender como tal y no como un pescado extraído del mar y por una especie de más alto valor.

Otra trampa de los comerciantes y restauranteros es que venden pescados como si fueran capturados en aguas nacionales, como la corvina y el mero, pero en realidad son especies que importan de sistemas de acuicultura de China y Vietnam.

Esto es grave, explicó la entrevistada, porque México está dejando de consumir la gran riqueza de especies marinas que hay en nuestro país.

Otras especies sustituidas son el marlín por atún, así como el cazón y bacalao por carne de tiburón de las variedades puntas negras, grácil y azul.

Situación en Mérida

La investigación de Oceana se realizó de octubre a diciembre de 2021. Los resultados de Mérida arrojaron que la sustitución de especies se da en un 43% en las pescaderías, 31% en restaurantes y otros comercios y 17% en supermercados.

“En Yucatán tienen la costa a un lado, tienen una diversidad pesquera, pero lamentablemente consumen especies que traen de otras partes del mundo sin que lo sepan y no consumen el pescado fresco que sacan del mar”, destacó Mariana Aziz.

“La sustitución de especies también lesiona la pesca porque pone en peligro los esfuerzos de conservación, el manejo pesquero y la violación de las leyes que regulan la actividad, incluso alienta la captura ilegal y desacredita la calidad del pescado mexicano porque quizá se le mezclan especies diferentes a los que venden”.

En Yucatán encontramos especies como el mero y la corvina que fueron sustituidos por basa, que se importa desde China y Vietnam”, reiteró. “Esta sustitución de especies comerciales tiene como fin el lucro de quienes realizan estas prácticas”.

El punto clave del problema, sin identificar

A su decir, el problema central es que no se sabe en qué etapa de la cadena de valor de la pesquería ocurre esta sustitución de especies. La cadena de valor es bastante compleja y no se puede conocer, por falta de información, si es cuando llega al puerto el barco, cuando lo vende la congeladora o cuando se procesa.

En México no hay un sistema de trazabilidad que permita obtener información de todo el trayecto que tiene el pescado desde su extracción del mar, su ruta en el barco hasta que llega al mercado.

Mientras no haya esta información, será muy difícil saber en qué momento de la cadena de valor surge este problema de la sustitución de especies comerciales.

La investigación se realizó de la mano de 100 compradores de pescados, 80 de Ciudad de México y 20 de Mérida. Oceana lanzó una convocatoria abierta para personas que quisieran colaborar con este estudio y conocer qué especies comían.

Los compradores mandaron muestras de las especies que compraron en pescaderías, supermercados y restaurantes. Después especialistas de Oceana las analizaron mediante la prueba de ADN, obtuvieron los resultados que demostraron la sustitución de especies y la venta más cara de pescados por otros más baratos y de menor calidad nutricional.

¿Es malo para la salud comer una especie distinta a la que compran los consumidores?

“No podemos afirmar esto porque nosotros solo hicimos el ADN de las especies, por ello no te puedo dar esta información”, subrayó. “Al no tener información de la cadena de valor, no podemos saber si se están siguiendo las normas de sanidad, si se procesó en una planta autorizada por Cofepris, si se respetaron los requisitos de sanidad que tienen las especies, es difícil asegurar la sanidad de las especies que consumimos si no hay una estricta vigilancia”.

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