MÉRIDA.- La llegada de desarrollos inmobiliarios a comisarías de Mérida y municipios conurbados ha derivado en enfrentamientos con extranjeros y problemas de convivencia, algunos de los cuales han derivado en desabastos y cambio de costumbres, señalan dos investigadores de la Universidad Autónoma de Yucatán.
“Un caos, lo estamos viendo con ciertos brotes de enfrentamientos, de alteridades entre sujetos y de relaciones interétnicas polémicas“, señala Jorge Pacheco Castro, antropólogo del Centro de Investigaciones Regionales “Dr. Hideyo Noguchi“.
“Hemos visto cómo ha estado surgiendo el pleito con los extranjeros que creen que la playa ya se las vendieron con todo y casa. No permiten que los yucatecos hagan esos usos y costumbres con los que crecimos… Está sucediendo también en Quintana Roo. Llegan a esos extremos de venir a insultar”, opina el antropólogo.
En ese tenor, María Elena Torres Pérez, catedrática de la Facultad de Arquitectura de la Uady, considera como una política inadecuada la concesión del patrimonio a través de fideicomisos para extranjeros.
Problemas con extranjeros en Yucatán
“No digo que todos los extranjeros sean el problema, pero la mayoría no viene a vivir, viene a hacer negocio con Airbnb. Entonces, ¿qué hacen? Erradican todos los patios para hacer cuartos y siembran su árbol en la calle. El árbol en la calle está prohibido por el INAH… Un árbol cercano a un inmueble patrimonial puede colapsar una estructura. Entonces, con buenas intenciones, está empedrado el camino al infierno”, explica la investigadora.
Sobre la convivencia entre los recién llegados y los pobladores originarios, ambos entrevistados coinciden en que los más afectados resultan los habitantes de las poblaciones, quienes incluso tienen que abandonarlas.
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“Todas estas comisarías del norte definitivamente ya no pueden tener la vida acostumbrada que tenían por la intensidad del tráfico vehicular. Por otra parte, económicamente no reditúa nada, porque la mayoría de la gente que tiene estos recursos compra sus mercancías en cadenas y franquicias”, señala Pacheco Castro.
“Nos dicen: ‘Estas personas, lo único que nos dan es miedo, porque pasan con vehículos a toda velocidad'”, señala el catedrático, quien ha coordinado varios estudios sobre los efectos de los desarrollos inmobiliarios en comisarías de Mérida.
Líos por gremios en comisarías de Mérida
Por otro lado, la gente se ve obligada a dejar sus comunidades. “Va a tener que salir de ahí. Va a tener menos acceso a sus servicios, va a cambiar sus costumbres…. Por ejemplo, sí se nota mucho que para el yucateco el gremio, la fiesta del pueblo, es muy importante.
“Y ahora muchos de estos pueblos de las comisarías cercanas a la ciudad, se están enfrentando a que los nuevos desarrollos los superan en número y no quieren que se hagan esas fiestas. Entonces, firman peticiones que ganan los recién llegados porque son más”, relata la doctora Torres Pérez. “El que llega es el que debe adaptarse, no al revés”.
¿Qué se puede hacer en Yucatán?
Ante la pregunta de qué hacer ante las situaciones de convivencia, el investigador de la Unidad de Ciencias Sociales considera que las clases sociales y el enfrentamiento entre estas siempre van a existir.
“Lo único que sí hay que fomentar, a través de programas de sensibilización, es el respeto. Ese famoso dicho que se generara desde Benito Juárez: ‘El respeto al derecho ajeno es la paz‘. O sea, respetarnos mutuamente. Estoy en tu tierra, respeto tu tierra, pues ya me avecindé contigo, adóptame”.
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“Ese clasismo hay que irlo devanando, hay que desfibrarlo, porque son de las fibras que están todavía muy penetradas en nuestra cultura. O sea, el blanco, el indio… Eso desde la época de la conquista y de la colonia se penetró mucho en nuestras mentalidades, en nuestras culturas. Entonces, hay siempre una alteridad, una marginación hacia el que menos tiene”, opina el especialista en “Desarrollo regional y nuevos sujetos en Yucatán”.
“Eso es muy yucateco”

Por su parte, María Elena Torres, experta en Desarrollo Urbano, opina que “hay cosas que funcionan porque la gente es muy resiliente... Le gusta estar tranquila, le gusta ser feliz. Se apuesta mucho a ese bienestar que la misma gente produce. Y ves cosas increíbles. El otro día vimos cómo en una calle todos los vecinos se pusieron de acuerdo para comprar una piscinita, llenarla de agua y que los niños pudieran jugar”.
“La gente se une. Los poquitos hacen un muchito para tener ciertas ventajas. Eso es muy yucateco… Somos muy comunicativos, muy vigilantes. Pero ahora tú ves cuántos pleitos hay con gente que no es de acá, que no entiende las normas, no entiende las reglas, y vienen a imponer condiciones que no eran así. No digo que esté bien o mal, simplemente no eran así. Entonces, hay conflicto. Y estos conflictos se van a agravar”, advierte la investigadora.
