Académicos ambientalistas alertaron que en Yucatán “se rompe el mito de agua ilimitada”, pues en algunas zonas la disponibilidad ya se ha agotado, como en el caso del Anillo de Cenotes.
También señalaron la necesidad urgente de una ley estatal de aguas y de políticas públicas mejor coordinadas para garantizar el cuidado de este recurso vital.
“La contaminación es terrible, el 70% de los pozos de las casas en Mérida funciona como sumideros prácticamente, en los pueblos del interior ocurre lo mismo, todas las aguas residuales entran directo al subsuelo”, advirtió el experto ambientalista y exsecretario de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente, Eduardo Batllori Sampedro.
El conversatorio “Mérida en Crisis Ambiental: Agua, Basura y Calor” fue organizado por la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady) dentro del marco de los 20 años del programa Innovando el Hábitat y Diseñando el Futuro.
En él también participaron las académicas Flor López Guerrero y Arlee Díaz Salazar, bajo la moderación de Gladys Arana López.
Flor López recalcó que el desafío global es garantizar el acceso universal al agua y lograr la sustentabilidad hídrica.
Por su parte, Batllori Sampedro recordó que, pese a múltiples propuestas, el Congreso del Estado mantiene congelada la iniciativa de una ley de aguas estatales. Además, cuestionó la legalidad de la Junta de Agua Potable y Alcantarillado de Yucatán (Japay), ya que la Constitución establece que la administración corresponde a los municipios.
“Valdría la pena crear un instituto metropolitano del agua que atienda a las comunidades aledañas, que crecen de manera desproporcionada y requieren atención integral”, sugirió.
Por otro lado, Arlee Díaz subrayó la importancia de la educación ambiental desde las primeras etapas escolares como una herramienta capaz de generar una cadena de conciencia con impacto social.
Respecto a la basura, Batllori Sampedro alertó que en Mérida y su zona metropolitana se generan más de 1,200 toneladas de residuos al día, sin un sistema claro de recolección y con plantas de separación inoperantes.
“La producción de composta es una posibilidad importante, pero poco se está haciendo”, lamentó.
En cuanto al calor, señaló que la impermeabilización del suelo y la pérdida de áreas verdes han convertido a Mérida en una ciudad de isla de calor.
“Hoy tenemos zonas con apenas 0.3 metros cuadrados de área verde por habitante, cuando lo recomendable es entre nueve y 15”, indicó.
El especialista denunció que las políticas públicas se aplican de manera sectorial y descoordinada.
Como ejemplo, mencionó que mientras se documenta la contaminación por agroquímicos en agua potable, leche materna e incluso en la sangre de mujeres con cáncer cervicouterino, programas agrícolas siguen subsidiando su uso, en contradicción con los esfuerzos de salud pública.
