• Uno de los mausoleos con arquitectura  gótica en el Cementerio General de Mérida
  • Arriba, uno de los mausoleos con arquitectura gótica. A la derecha, un ángel que pide silencio a los visitantes
  • Reina Gutiérrez Dula, guía de las visitas nocturnas al Cementerio General. A la izquierda, el mausoleo de la colonia china, uno de los primeros que se ven en la entradade la calle 66
  • Christian Schiller en el mausoleo de la familia Medina, donde está una de las esculturas que más llaman la atención del Cementerio General: La Dama Triste, que recuerda a la esposa cubana de su bisabuelo

En los días previos a que aumenten las visitas al Cementerio General por la conmemoración de los fieles difuntos salta a la vista el contraste entre sus joyas arquitectónicas y el deterioro de buena parte del panteón.

Réplicas en miniatura de iglesias europeas —como una de Notre Dame de París—, esculturas emblemáticas como La Dama Triste y hasta un edificio de inspiración egipcia conviven con tumbas y mausoleos derruidos, saqueados y olvidados por las familias de quienes reposan en este lugar.

Reina Gutiérrez Dula, una de las siete guías que encabezan desde ayer las visitas guiadas nocturnas al Cementerio General, considera que lo más doloroso es que este abandono refleja la pérdida de las costumbres funerarias y de las tradiciones locales.

“Se pierde mucho conocimiento sobre lo que significa el trabajo en los cementerios y sobre nuestra historia”, lamentó.

Durante los recorridos nocturnos, los visitantes podrán conocer no solo esas joyas, sino también datos históricos poco difundidos.

El cementerio se construyó en los terrenos de la antigua hacienda ganadera y maicera X-Coholté (“lugar de búhos”) y comenzó a operar el 6 de enero de 1821. El primer cuerpo enterrado fue el del teniente Felipe Trejo, cuya lápida se perdió con el tiempo.

“Este lugar es como una ciudad del silencio, donde —como en cualquier comunidad— hay normas, costumbres y hasta ordenamientos no escritos”, explica la guía.

Un ejemplo de ello es el ángel al comienzo de la segunda avenida (la que da a la calle 70), que levanta el brazo derecho señalando al cielo mientras con la mano izquierda pide silencio: representa el tránsito de un alma hacia el cielo.

El recorrido muestra los cambios en las costumbres funerarias desde el siglo XIX hasta hoy. En sus inicios, las familias velaban a sus difuntos en casa y los cortejos partían en trucks jalados por mulas desde la calle 70, mientras los dolientes vestían rigurosamente de negro.

Hoy cada vez menos personas acuden a los entierros, una tradición desplazada por la práctica de la incineración.

Reina Gutiérrez explica que la arquitectura funeraria del Cementerio General se divide en tres etapas: La primera corresponde al Porfiriato (de fines del siglo XIX a 1910), marcada por la influencia francesa: mausoleos de mármol europeo, herrería forjada y columnas corintias o romanas con capiteles ornamentados.

Después de la Revolución el estilo cambió. Surgió una mezcla de corrientes conocida como Novo Art, que buscaba reflejar una identidad nacional, aunque todavía conservaba algunos rasgos europeos. Fue entonces cuando aparecieron esculturas religiosas —vírgenes, ángeles, arcángeles y querubines— e incluso pequeñas casas mayas sobre las tumbas, símbolo del “nuevo hogar” de los fallecidos.

Los cementerios, comenta la guía, reflejan la vida de la comunidad a la que pertenecen. “Incluso la distribución del camposanto muestra diferencias sociales: en la segunda avenida, del lado derecho (desde la glorieta hacia la salida) se ubican las tumbas de familias acomodadas, y del lado izquierdo, las de clases populares”.

Recorrido en el Cementerio General en Mérida

El recorrido comienza en la primera avenida (entrada de la calle 66), donde se ubican los espacios de sindicatos y asociaciones. Destaca el mausoleo de la colonia China, de la década de los 40, con una inscripción en chino que reza: “En memoria de aquel que sea enterrado acá”.

En esa misma vía está el único mausoleo expropiado hasta hoy, perteneciente a la familia Torre. A pesar de los avisos, los descendientes nunca atendieron su deterioro y, por su valor artístico, fue rescatado por las autoridades.

También se encuentran los espacios de los henequeneros y el mausoleo de los masones, que desde 1920 guarda los restos de sus dirigentes, aunque no los de Felipe Carrillo Puerto, su integrante más célebre.

Precisamente al final de esa avenida se ubica el paredón donde fueron fusilados Carrillo Puerto, sus hermanos y colaboradores, el último vestigio del muro original de la hacienda X-Coholté. Detrás se halla el antiguo terreno destinado al entierro de niños, representado en la glorieta central por un arcángel que lleva a un infante al cielo.

Socialistas

Avanzando por la segunda avenida se encuentra la Rotonda de los Hombres Ilustres, creada por el gobernador Guillermo Palomino. Paradójicamente, sus restos no reposan ahí, ya que el sitio se convirtió en el Mausoleo de los Socialistas Ilustres tras el asesinato de Carrillo Puerto. Frente a la tumba del líder socialista está la lápida de Alma Reed, la periodista estadounidense de quien se enamoró el gobernador yucateco.

Los restos de Palomino descansan más adelante, en un mausoleo rodeado de herrería forjada, con una placa que lo recuerda como “Al ilustre gobernante de Yucatán agradecido”.

En esta misma avenida se concentran los mausoleos más emblemáticos, aunque —según estimaciones de la guía— más del 70% de las propiedades están abandonadas.

Entre las joyas que aún se conservan se encuentran la réplica de Notre Dame de París, propiedad de la familia Medina Ayora, y un singular edificio egipcio de la familia Escalante.

David Domínguez Massa, reportero de la Agencia Informativa Megamedia- Tiene 41 años de trayectoria periodística, y es colaborador de Grupo Megamedia desde 2000. Premio Nacional de Periodismo en 2006, se especializa en temas de política, gobierno y electorales.