El gusano barrenador no solo causa alarma y perjuicios entre los ganaderos de Yucatán, sino que endurece la normatividad, genera desorden administrativo, caos, y un auténtico viacrucis para el traslado de animales de estado a estado dentro del territorio nacional, aun cuando el hato ganadero esté libre de todo tipo de enfermedades o plagas.
Como resultado de esta nueva política ganadera impulsada por la Senasica (Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad) y el Siniiga (Sistema Nacional de Identificación Individual de Ganadero) hay ciertos abusos de estas autoridades federales y falta de información actualizada, con complacencia de las uniones y asociaciones ganaderas, que amenaza la comercialización de ganado en Yucatán, sanciona a médicos veterinarios al grado que hoy solo queda una médica veterinaria certificada local, impone largos vetos a los ranchos y concede atribuciones a médicos veterinarios extranjeros procedentes de Estados Unidos, Guatemala y Honduras.
La problemática antes descrita la planteó el ganadero y exdirigente de asociaciones ganaderas local y nacional José Luis Ordaz Jiménez, con más de 61 años en esta actividad productiva, ahora que pretende participar en un proyecto de alianza productiva con ganaderos de Chiapas para la preservación de razas bien adaptadas y de alta calidad.
En entrevista, Ordaz Jiménez, cuyas declaraciones sobre el gusano barrenador publicó el Diario el 25 y 26 de mayo y 9 de junio pasados, habló de las severas restricciones que tienen los medianos y pequeños productores de ganado bovino para el desplazamiento de sus animales en el sureste del país, ni siquiera al norte y menos a Estados Unidos.
Antes del rebrote
Recordó que antes del rebrote del gusano barrenador en México en 2024 la movilización de ganado a otros estados no tenía tantas trabas ni exceso de supervisiones y trámites y era fácil de cumplir, por lo que había libre tránsito y de comercio siempre y cuando cumpliera con los requisitos.
Hace dos años movilizó un lote de ganado a Campeche y cumplieron todos los requisitos sanitarios y de identificación de los animales, pero hoy en día es un viacrucis, una peregrinación de la unión ganadera, dependencias federales y casetas de vigilancia que generalmente termina en el rechazo de camión y de los animales.
Antes, se pedía un dictamen de resultados negativos del lote de ganado que iba a transportar. Se practicaba un sangrado a cada animal que se manda a analizar en laboratorio para demostrar que estaban limpios de brucelosis y tuberculosis. Además, pedían información para la elaboración del certificado sanitario que firmaba un médico veterinario certificado en el Estado.
Se expedía una guía electrónica llamado Remo donde se especificaba el número de animales en tránsito, sus características, aretes del animal, fotografías de cada uno de ellos y solicitaban el permiso de internación al estado que recibiría los animales, también esto le parecía correcto por el control y garantía del estatus sanitario del hato de Yucatán.
Descontrol
Hoy, con el resurgimiento del gusano barrenador se ha creado un descontrol y caos administrativo porque en horas o días cambian las reglas sin aviso anticipado a los ganaderos, por lo que cuando sortean todos los requisitos, inician el viaje y llegan a las casetas sanitarias se estrellan contra la pared porque de momento hacen valer algún aviso, norma o circular recién emitido, lo que echa para atrás la operación logística, los pagos de flete y permisos, porque rechazan la totalidad del lote bovino, ni siquiera únicamente al animal que tiene algún problema que surgió en el trayecto como algún rasponcito en la piel o algún parásito.
“Estoy tramitando los documentos para mandar tres vacas y un torito de raza a un rancho de Chiapas para participar en un proyecto de una unión de ganaderos de la región para la reproducción de becerros de alta calidad y me doy cuenta que hay un excesivo trámite y un caos para la movilización de los animales”, señaló.
“Ni siquiera es una jaula de 50 u 80 ganados ni los vamos a mandar al norte, simplemente van a Chiapas y no se puede porque han realizado una enorme cantidad de modificaciones a la normatividad, que me parece excesiva y lesiva para los medianos y pequeños productores.”
Endurecimiento
“Fui a la unión ganadera para preguntar cuáles son los requisitos para trasladar cuatro ejemplares a Chiapas y me dicen que a raíz del gusano barrenador se emitieron una serie de normas que endurecen todo lo relacionado a los certificados sanitarios”, explicó.
“Me pidieron tener mi hato libre de enfermedades y tener un certificado sanitario de mi rancho, cosa que antes no era obligatorio, era opcional”.
“Además del hato libre, me piden sangrar a los animales, pero si ya lo sangraron para el certificado del hato libre y ahora te vuelven a pedir que sangres a los animales que van a viajar. Ese certificado le llaman lote negativo”, dijo.
“Me piden que 72 horas antes de embarcar a los animales yo contrate a un médico veterinario certificador que le aplique ivermectina (antiparásitos) a los cuatro ejemplares que van a trasladar, que los bañe con algún medicamento que evite la contaminación con garrapatas y la mosca portadora del gusano barrenador”.
“Eso es correcto. Fue el veterinario a hacer su chamba y emite el certificado, pero no termina el trámite allí. Piden otra espera de 72 horas para que un tercer veterinario especialista también certifique las condiciones del ganado”, reiteró.
“Estos especialistas supuestamente son pagados por las autoridades sanitarias porque reciben millones de recursos para este tipo de campañas. Minutos antes de subir a los animales al camión, el veterinario certificado debe inspeccionar que no tenga garrapatas, gusanos, que los aretes coincidan, que esté todo bien, que los papeles estén en regla, autoriza que suban los animales al transporte y junto con él debe de ir a la asociación ganadera para que expida la guía de traslado”.
Durante todo este largo proceso los animales deben permanecer en el camión que los llevará a su destino. Pero el trámite no termina allí, sino que hay que mandar toda esa información y los certificados por correo electrónico a la Secretaría de Agricultura y Recursos Pecuarios de Chiapas para que ellos lo revisen y emitan el permiso de introducción del ganado.
De media hora a 1 día
La autorización de ese permiso puede tardar media hora, 3 horas, 4 horas, 24 horas o más porque depende del horario en que mandas la solicitud y el número que tiene la oficina.
Una vez que se logra este permiso de internación, creería que ya logró salvar todos los escollos, pero no es así. Antes del inicio del viaje, el veterinario certificado checa de nuevo el ganado, checa las llantas del vehículo para verificar que no tiene nada que parezca gusano y pone el fleje para el inicio del recorrido.
En el caso del viaje a Chiapas los ganados tendrían que pasar tres casetas sanitarias de inspección: una en Halachó, que es la salida del estado, otra en Nuevo Campechito y la última en Catazajá. En cada caseta hay que esperar turno y generalmente se forma una larga fila de jaulas ganaderas y camiones para la verificación especializada.
De las tres casetas fitosanitarias, la de Catazajá es la más complicada porque concentra la movilización de todas las jaulas ganaderas que se mueven para mandar animales de engorda al norte.
En todo este peregrinar los ganados permanecen enjaulados en el transporte. Si algún animal tiene una leve herida porque se raspó la piel durante el viaje, va para atrás el camión, los animales y toda la documentación autorizada. Es decir, se deshace toda la operación planeada durante varios días, con el grave perjuicio para el ganadero porque no solo perderá lo que invirtió en todos estos trámites en tiempo, dinero y gestión para que acudan los veterinarios al rancho, sino que viene una serie de sanciones para el veterinario que autorizó el lote y un largo veto para el rancho casi de por vida como productor ganadero porque boletinan al chofer del camión, al veterinario, al propietario y al rancho a todas las asociaciones del país el incidente detectado.
“Estamos hablando de las leyes vigentes en este momento”, explicó Ordaz Jiménez, quien aclaró que él no pretendía ni iba a vender sus jóvenes reses sino que era con fines reproductivos.
“El propietario sancionado no podrá volver a mandar ganado a ninguna parte del país, hasta que haya un cambio de leyes”.
Dijo que la aplicación de esta nueva normatividad ha ocasionado la suspensión de casi todos los médicos veterinarios certificados en Yucatán, lo que deja en estado de indefensión a los ganaderos porque solo queda una médica veterinaria autorizada, que realiza el trabajo de todos los ranchos que movilizan ganado, lo que es desgastante para ella y desesperante para los productores.
Solo para las fotos
Ordaz Jiménez criticó a las uniones ganaderas porque no convocan a los ganaderos a reuniones informativas para darles a conocer los cambios en las leyes sanitarias y solo salen a cada rato en las fotos con los políticos.
Dijo que esta información desfasada de las uniones ganaderas perjudica muchísimo al productor porque realizan todos los trámites vigentes, pero cuando llegan a la caseta, les informan de algún cambio en la normatividad y como no lo saben, pues tienen que acatar la disposición de última hora, lo que significa regresar a los animales y afrontar las sanciones.
“Yucatán tenía varios médicos veterinarios certificadores en la zona oriente donde está lo fuerte de la ganadería y es donde se mueve la mayoría del ganado, pero ya suspendieron a todos los veterinarios por estas sorpresivas medidas que surgen en horas, el mismo día o lo sacan de la manga”, denunció. “Lo comprobé ahora que realizo los trámites para un embarque de cuatro animales a Chiapas. Fui con un veterinario certificador y me dijeron que ya no está, que lo suspendieron a él y a otro médico y que solo hay una doctora”.
“Obviamente, esta doctora hace todo el esfuerzo, pero su trabajo es insuficiente porque ve todo el estado y es muy rígida por el temor a recibir alguna sanción”, señaló el dueño del rancho San Sebastián en Buctzotz.


