Aunque difícilmente desaparezcan, existe un creciente desinterés de las nuevas generaciones en la práctica de las cabañuelas, una tradición agrícola de los mayas que fue fundamental para la predicción climática en la región.

Así lo advirtió Indalecio Cardeña Vázquez, profesor de Cultura Maya en el Seminario Mayor de Mérida desde hace 28 años e integrante del Círculo de Estudios Humanísticos de Yucatán.

También admitió que lamentablemente hoy día hay una modificación total en el clima, en la estación de lluvias, la temporada de huracanes, etcétera, “que hacen quedar mal, entre comillas, a las cabañuelas, ya que no siempre se cumplen, pero aun así los campesinos siguen confiando en ellas”.

El profesor recordó que todo el mes de enero, desde el primero hasta el último día a las 18 horas, es de cabañuelas o xok k’iin, como se les conoce en maya.

Se trata de una práctica convertida en tradición del pueblo maya para la agricultura, aunque vino de España.

Hay informes de que en realidad tienen mucho más tiempo y la practicaban los judíos, y hasta donde sabe se mantiene sin cambios en cómo se aplica.

Cardeña Vázquez explicó que las cabañuelas consisten en contar y observar el clima todos los días de enero que representan a los meses del año, o sea que en 2026 el jueves 1 es enero, el viernes 2 es febrero y así hasta el lunes 12 que es diciembre.

Según el comportamiento de si hay calor, frío o lluvia en ese día es lo que se predice que así será el clima en ese mes.

“Pero enero tiene 31 días, por eso luego de los primeros 12 que son los meses del año, el martes 13 representa de nuevo a diciembre y se avanza en cuenta regresiva, el miércoles 14 es noviembre, el 15 es octubre y así para de nuevo observar el comportamiento del clima en cada uno de esos días, hasta el 24 que es de nuevo enero”, manifestó.

De los siete días faltantes para que acabe enero, continuó, del domingo 25 hasta el viernes 30 de nuevo representan los 12 meses del año, solo que mediodía, o sea el 25 hasta las 12 del día es enero, y de esa hora hasta las 12 de la noche es febrero, así la observación del comportamiento del clima es de solo 12 para cada mes.

El 31 de enero, cuando acaban las cabañuelas, la observación del clima es cada hora desde las seis de la mañana, lo que significa que de las seis a las siete es enero, de las siete a ocho es febrero hasta las seis de la tarde cuando finaliza todo.

La hora de Dios

Este punto de las horas le recordó una anécdota de cuando hacía trabajo de campo en Chikindzonot, ahí por Valladolid en los años 80, pues se decretó el primer cambio de horario.

“Llega el cambio de horario y todo fue un despapaye, nunca había ocurrido eso, la gente estaba confundida, sobre todo por el horario de los autobuses, de algunos servicios…

“Ya anocheciendo, en una plática con algunos campesinos en la plaza de Chikindzonot uno de ellos dijo: ‘es que hay dos horas, la del presidente y la de Dios’”.

“¿Qué estaba diciendo con eso? Se referían a la hora del presidente, el nuevo horario. Y la hora de Dios es el ciclo natural del sol, y ellos se regían por la hora del de Dios, o sea por cuando sale y cuando se oculta, ellos se mantuvieron con su horario, la hora de Dios”, citó.

Por eso se puede decir que, hoy conviven las cabañuelas, el xok k’iin, con la nueva tecnología, precisó. “Y me atrevo a considerar que para los campesinos esta idea continúa”.

En opinión del entrevistado, esto aún funciona y los campesinos practican esta tradición para organizar sus siembras, pero “hay un desinterés notable en las nuevas generaciones hacia esta práctica y puede atribuirse a varios factores”.

“Uno de los principales es la disminución de la actividad agrícola, que solía estar vinculada a las cabañuelas. Esa práctica era esencial para que los campesinos pudieran calcular el clima y tomar decisiones sobre sus cultivos”.

El profesor destacó que las cabañuelas no solo tienen un valor práctico, sino también un profundo significado cultural y simbólico.

“El cultivo del maíz es una actividad económica y mágico-religiosa primordial para los campesinos mayas. La mitología maya sostiene que el hombre fue creado del maíz, lo que le otorga un estatus sagrado”, aseveró.

Cardeña Vázquez también mencionó que la modernidad ha traído consigo desafíos que amenazan esta tradición.

“La tecnología ha hecho que la gente confíe más en los pronósticos meteorológicos modernos, relegando lo ancestral. Aunque dudo que las cabañuelas desaparezcan por completo, su práctica está en declive y será recordada solo por algunas personas”, añadió.

El maestro consideró que si las cabañuelas llegaran a desaparecer, cosa que duda mucho, la identidad cultural de la región se vería afectada. “Las cabañuelas son parte de la cosmovisión que define cómo percibimos el mundo. Su desaparición impactaría la identidad cultural y la conexión de las personas con sus raíces”, afirmó.

Al preguntarle sobre la coexistencia de las cabañuelas con la meteorología científica, Cardeña Vázquez comentó que, aunque todavía hay quienes confían en estas prácticas, la realidad del cambio climático dificulta su precisión.

“Los campesinos siguen practicando las cabañuelas, pero muchos han notado que el clima ya no se comporta como antes. Esto puede llevar a una pérdida de confianza en las predicciones basadas en esta tradición”, explicó.

A pesar de los cambios sociales y tecnológicos, Cardeña Vázquez se muestra optimista sobre el futuro de las cabañuelas.

“No creo que se pierdan por completo, pero sí es cierto que se están reinterpretando en un contexto diferente. La curiosidad de las nuevas generaciones, sobre todo de quienes vienen de otras partes a vivir aquí, puede ser clave para mantener viva esta tradición, al menos muchos de ellos muestran curiosidad y preguntan cómo funciona”, mencionó.— DAVID DOMÍNGUEZ MASSA

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