Enamorados de su profesión, personal médico del Hospital Militar de Mérida compartió sus experiencias y logros en el marco del Día del Enfermero y la Enfermera en México.
El Diario platicó primero con la teniente enfermera Diana Laura Villalobos Ramírez, quien tiene una década de experiencia.
Ella inició sus estudios en una universidad civil (la Universidad de Guadalajara) antes de ingresar a la Escuela Militar de Enfermería en 2018.
Desde entonces ha servido en el Ejército Mexicano, específicamente en el Hospital Militar Regional de Especialidades de Mérida, durante cerca de dos años y medio.
Previamente realizó prácticas en hospitales civiles en Jalisco, además que estuvo en el Hospital Central Militar en Ciudad de México como cadete durante un año de residencia rotatoria.
Aunque los protocolos de atención son los mismos, la demanda en el Hospital Central Militar es mucho mayor, lo que implica una actividad más rápida, destaca.
Para la teniente Villalobos, la población atendida en el ámbito militar difiere significativamente de la civil, principalmente por la dualidad de vida que llevan los militares.
Los casos que atienden suelen ser más complejos. Existe una mayor incidencia de personas heridas, por ejemplo, de impactos de bala debido a las operaciones en las que participan sus compañeros militares.
Asimismo, se enfrenta a situaciones que le exigen cada vez una mejor preparación y profesionalización.
Un reto personal que ha enfrentado en Mérida es la barrera del idioma maya, ya que muchos pacientes de la Península son mayahablantes, lo que la ha llevado a aprender palabras clave para una mejor atención.
Para ella, la mayor satisfacción proviene de la gratitud de los adultos mayores y los niños, a quienes considera los más vulnerables.
La enfermería ha dejado momentos importantes en la vida de la teniente, quien recuerda un incidente previo a su ingreso al Ejército.
Siendo estudiante, ayudó a una persona que se atragantaba en una terminal de autobuses, aplicó sus conocimientos de primeros auxilios y logró salvarle la vida.
“Nunca llegué a imaginar que estaría en esta situación de ser militar, pero con los adultos mayores y con los pequeños es con quienes más sientes la gratificación, porque sabes que son los polos más vulnerables de la sociedad.
“Cuando ellos te dan un gracias y te dicen que lo hiciste bien o te cuentan los inicios de sus problemas, entonces con esas palabras de ‘gracias’ me siento muy bien. Los pequeñitos a veces te dan un abrazo, pues sabes que estás haciendo las cosas bien”, dice la oficial.
El subteniente asistente de enfermería Saúl Misael Velasco Ramírez ingresó al Ejército en 2014 como soldado de armas y posteriormente acudió a la Escuela de Clases, de donde egresó como sargento de enfermería en 2019; el año pasado ascendió a oficial.
Su vocación por la enfermería militar, explica, surgió desde pequeño, motivado por el deseo de apoyar y cuidar a los demás.
Para él, lo más gratificante es el trato humano con los pacientes y sus familiares, buscando siempre brindar confort y una sonrisa incluso en situaciones difíciles.
En su trayectoria ha atendido a muchos jóvenes militares que sufren lesiones con secuelas permanentes, por lo que su labor no se centra en los cuidados médicos, sino que ha buscado la manera de motivarlos a encontrar un nuevo propósito en la vida.
“Aquí han llegado jóvenes que sufren lesiones que muchas veces, desafortunadamente, les impide volver a caminar.
“Al principio, en su etapa de negación están renuentes, no quieren nada, no quieren atención… pero siempre busco la manera de motivarlos y, hasta cierto punto, generarles que busquen un motivo de su vida. Después de cierto tiempo, ellos siempre encuentran esa alegría”, cuenta el enfermero.
“Esa es mi satisfacción, que cambian su forma de pensar en cuanto a su vida”, señala.
A pesar de la imagen de dureza asociada a los militares, el subteniente Velasco enfatiza que la enfermería militar requiere un profundo humanismo y la capacidad de dejar los problemas personales fuera del trabajo para ofrecer la mejor atención a los pacientes.
Otra teniente, la enfermera Ángeles Giovanna Ortega Islas, compartió que su vocación por la enfermería nació desde la infancia, influenciada por su familia dedicada a la profesión. Aunque el medio militar no era su primera opción, la oportunidad se presentó y se siente agradecida de haberla tomado.
“No me arrepiento de haber ingresado al medio militar. El Ejército me ha dado todo y estoy muy agradecida. Para mí la enfermería es una muy bonita profesión”, comenta.
Ella describe el trabajo como dinámico y rápido, pero no ve esto como un problema gracias a la disciplina inculcada desde la formación militar.
El mayor desafío para ella es estar lejos de su familia, ya que es originaria de Hidalgo. De su trabajo destaca el buen ambiente laboral y el “espíritu de cuerpo” que fomenta el trabajo en equipo, lo que le permite sobrellevar las jornadas de trabajo que tienen en el hospital donde se atiende a personas de toda la Península.
Estos testimonios reflejan la dedicación, el compromiso y el humanismo de los enfermeros militares del Hospital Regional de Mérida, quienes más allá de la disciplina castrense, demuestran una profunda empatía y vocación de servicio hacia quienes más lo necesitan.





