El veterano ganadero José Luis Ordaz Jiménez, propietario del rancho San Sebastián en el municipio de Buctzotz, afronta nuevo, difícil y peligroso problema en su actividad pecuaria por el control del territorio que ejerce un grupo de fuereños que cerraron con candados la única reja de la mensura que lleva a su propiedad.
El cierre de la brecha del monte, la férrea custodia y amenazas que ejercen trabajadores de un veracruzano, que impiden el ingreso de personas y vehículos al rancho San Sebastián, mantiene en riesgo el hato ganadero de la raza indubrasil del señor Ordaz Jiménez, un ganadero yucateco con 60 años en esta actividad y criador de ejemplares campeones nacionales, estatales y regionales.
Rancho San Sebastián sería custodiado con armas
Sentado en un sillón de su residencia en Mérida, con una sonda permanente por una enfermedad, con la indignación reflejada en sus palabras por el poder que demuestran los fuereños en ese territorio ganadero, Ordaz Jiménez clamó ayuda al gobernador Joaquín Díaz Mena; al ganadero Wílmer Monforte Marfil, líder de los diputados de Morena en el Congreso del Estado, y reportó los hechos al teléfono de emergencia 9-1-1 porque en la zona controlada por los fuereños llegan también personas extranjeras en camionetas con placas de otros estados, que aparentemente portan armas de fuego porque cazan en el lugar. Y lo dice con firmeza porque uno de sus toros recibió un balazo que le causó la muerte.
Hizo un llamado desesperado al Ejército Mexicano, a la Guardia Nacional y al comandante Lus Felipe Saidén Ojeda, titular de la Policía Estatal, porque la policía municipal de Buctzotz ha sido rebasada por ese grupo dominante del territorio, que como parte de su control de la zona, proporciona ayuda en especie a pobladores de una comisaría que colinda con los ranchos.
“Este problema es algo difícil de creer porque una mensura no se le cierra a nadie”, señaló durante una entrevista con el Diario. “Una mensura es de libre tránsito y es el derecho de paso que nos corresponde a todos los que transitamos por ese camino”.
“No sé el motivo del por qué pusieron cadenas, vigilan la reja e impiden el paso a nuestro rancho”, reiteró. “El rancho San Sebastián ha ganado muchos trofeos para Mérida y Yucatán. Ha representado a la ganadería yucateca a nivel nacional e internacional”.
“Tienen secuestrado mi rancho”
Relató que hace seis meses gestiona una audiencia con el gobernador Díaz Mena para exponerle esta situación de injusticia, de abusos y de obstáculos a los productores, pero no le agendan una cita porque le informaron que está lleno el calendario de audiencias por 8 meses.
“Mi ganado se va a morir de hambre y de sed si no dejan pasar de inmediato a mis trabajadores y al vaquero”, afirmó. “Tienen secuestrado mi rancho, no hay otra palabra, es un secuestro que no dejen llegar a atender a los animales”.
“Queremos la entrevista con el gobernador para que haga justicia en forma rápida porque nuestro rancho está aislado, está cerrado, está secuestrado”, reiteró. “Está sin gente que lo atienda, los animales no tiene quien le dé agua y comida. Mandé un camión de 10 toneladas de alimentos y las dos personas que vigilan la reja y la brecha no lo dejaron pasar que por órdenes de su patrón, que según averiguamos, es una persona de Veracruz que compró un monte que quiere convertir en UMA”.

Ordaz Jiménez relató que sus hijas que están al frente del rancho también les prohibieron cruzar la reja y la brecha. A sus trabajadores del rancho los corretean, los amenazan y ya tienen temor por el ambiente de violencia verbal que prevalece en ese territorio.
“Hasta ahora sólo han ‘tirado’ a uno de mis toros que era un semental muy lindo y cuya genética debía vender a un ganadero de Brasil”, indicó. “Estos problemas que han creado esos fuereños también me obligó a cancelar la participación del rancho San Sebastián en exposiciones“.
“Mi rancho se encuentra desprotegido y abandonado por culpa de estas personas, que no sé quiénes sean, pero colocaron cadenas en forma ilegal a la reja para impedir que crucemos a mi propiedad”, insistió. “Impidieron que llegue a mi rancho verificadores del gusano barrenador, no he podido colocar aretes a 16 becerros porque no dejan pasar al personal de Siiniga. Esa gente custodia la reja encadenada y la brecha, y tampoco permiten el paso a los veterinarios que realizan la inspección para la prevención de bruselosis y tuberculosis del hato”.
“¿Vamos a dejar que el ganado se muera?”, se preguntó. “No es ganado corriente, es de registro, es de la raza indubrasil, que es muy fino. Mi familia y yo trabajamos en la ganadería desde hace más de 60 años”.
Afirmó que ese camino-brecha de la mensura es el único que conecta en forma directa a su rancho y aunque es un camino malo y pedregoso es el más corto para llegar a San Sebastián.
“Nosotros no queremos molestar a nadie ni cruzar con nadie, no queremos causar problemas y por ello utilizamos la mensura”, contó. “No queremos cruzar por la comisaría de Santo Domingo porque cada vez que cruzamos amenazan a mis hijas, amenazan al chofer, amenazan a quien lleven ese camino de Santo Domigo al rancho San Sebastián. La gente que controla el fuereño de plano nos dijo que no podemos cruzar en la comisaría, por ello utilizamos la mensura”.
“¿Para qué cruzar en un lugar donde lo único que quieren es extorsionar y amenazar?”, narró. “No podemos consentir que nos amenacen o cumplamos sus exigencias porque no somos amantes de las cosas chuecas. Toda mi vida le enseñé a mis hijas que siempre deben actuar con honestidad y marchar conforme a la justicia y a la ley”.
Origen de las amenazas en rancho San Sebastián
Respecto a la brecha de la mensura bloqueada y custodiada, don José Luis, quien en su época de fortaleza y prosperidad fue líder de asociaciones ganaderas, informó que ese camino existe desde hace muchos años y nunca había surgido algún problema “hasta que llegaron los fuereños”.
Con sus recursos propios construyó otro camino en la comisaría de Santo Domingo para que llegue a su rancho, pero algunos habitantes ya se aliaron con los fuereños por los apoyos que reciben, y les prohibieron el acceso, al menos que permita que todo aquel que vaya al monte del veracruzano atraviese su propiedad, lo que no permitió.
A raíz de esta negativa, habitantes y los fuereños, entre los que hay aparentemente extranjeros con tatuajes, cerraron la reja con candados, dispusieron una vigilancia permanente, prohibieron el paso de personas o vehículos que van al rancho San Sebastián y ya tienen el control total de ese territorio de la zona de Buctzotz.
“Que vaya Saidén (en referencia al secretario de Seguridad Pública), que vaya el Ejército y la Guardia Nacional a investigar lo que ocurre”, clamó. “Quiero y exijo justicia. Al gobernador siempre le escucho decir que es cercano a la gente, que aplica la justicia, que defiende el empleo y al productor. Le pido al gobernador que nos escuche, que nos de protección policiaca porque se ha vuelto un problema muy serio y perjudicial para nuestro rancho, de ese trabajo vivo y dependen familias que laboran en el rancho”.
Habitantes olvidaron su ayuda
Paradójicamente, don José Luis recordó que él siempre ayudó a los habitantes de Santo Domingo cuando estaba al frente del rancho y gozaba de buena salud. Le pedían que llevara en su camioneta a mujeres embarazadas al hospital, que llevara cochinos, carga de maíz de las milpas o productos para que vendan en otros poblados y nunca se negó.
“Yo construí un camino allá en ese poblado. Metí una máquina bulldozer, metí volquetes, abrí el camino para que yo pudiera cruzar, pero al mismo tiempo para que le sirviera a ellos”, recordó. “No me dieron un solo peso por ese camino, ni se los pedí porque era útil para ambos. Todo iba bien hasta que surgió un líder que desgraciadamente todavía está en el poder aquí en el estado de Yucatán y cambió las cosas para mi, porque les calentó la cabeza a los habitantes y empezaron a exigir dinero por cruzar a mi rancho desde la comisaría”.
Con el rostro triste y mostrando su condición deteriorada de salud, se preguntó “¿por qué nos están haciendo esto? No le hacemos mal a nadie, trabajamos la ganadería para vivir los años que nos quedan. Tengo 80 años de edad y estoy enfermo, lo mismo mi esposa, está enferma. Nuestras hijas nos ayudan y están al frente del rancho, pero son mujeres y tienen miedo de que les hagan daño“.
El veterano ganadero detalló el grado de control que ejercen los fuereños en la mensura.
“Mandé un camión con 10 toneladas de alimento para el rancho y no pudo cruzar la reja porque le dijeron: date la vuelta y regrésate”.
Reclamó que tenía que llegar al rancho San Sebastián para descargar el alimento para el ganado de don José Luis.
Los custodios de la reja le respondieron con prepotencia: “Pues no lo vas a llevar, no vas a cruzar”.
El chofer le habló y le dijo: “¿Qué hago, señor? No me dejan pasar”.
Le pidió al chofer que retroceda y se quite, pero le informó que dónde dejaría la carga porque él tenía que regresar a Puebla.
Don José Luis gestionó con un conocido un lugar en Temax donde descargaron las toneladas de alimento para su resguardo y pagó $38,000 del transporte, sin cumplir su objetivo de llevar alimento para su ganado.
