Las actividades humanas en zonas costeras de Yucatán están causando afectaciones a un recurso que tiene un importante valor cuando se trata de controlar los efectos producidos por huracanes e inundaciones, además de ser refugio de numerosas especies de flora y fauna indispensables para el equilibrio ecológico en la zona.
Con casi 545 mil hectáreas de manglar a lo largo de su franja costera, Yucatán tiene el 60% de este sistema natural de defensa regulador del medio ambiente.
Grave daño por obras a manglares en Yucatán
Sin embargo, la presencia humana en sus alrededores ya está causando graves afectaciones, resultado de la pobre planeación de obras de infraestructura que inciden en su preservación y las acciones de rescate de espacios que si bien, van dando frutos paulatinamente, la gravedad del daño supone un proceso lento y resiliente por el tipo de elementos que le conforman.
La doctora Claudia Teutli Hernández, científica mexicana especializada en la ecología, gestión y restauración de manglares y sistemas costeros, ofreció ayer una visión general de la importancia de estos ecosistemas, el impacto que las actividades humanas, los efectos en las comunidades y cómo éstas son piezas clave de los procesos de rescate y conservación.
Esto, en el marco del seminario virtual del Centro del Cambio Global y la Sustentabilidad A. C., “Socio-ecosistemas: Rupturas y Paradigmas”, durante la conferencia “Restauración de manglar: su papel en la recuperación de servicios ambientales a diferentes escalas espaciales”.
¿Qué son los manglares?
La especialista explicó que las zonas de mangle son espacios de transición entre el litoral y la zona terrestre, cuyos elementos están adaptados a vivir en condiciones de agua salada y sedimentos que éstas mismas producen, conformando un refugio a modo para diversas especies de fauna que conviven en un frágil y equilibrado ecosistema.
Entre sus mayores utilidades está la disminución del impacto producido por fenómenos atmosféricos extremos y sintetiza carbono.
La estructura del mangle y las plantas que le conforman posee raíces de singular estructura que se aferran al sedimento, tiene la particularidad de que puedan eliminar para sus adentros la salinidad del agua y así sobrevivir.
Según recalcó, la conservación del manglar es pieza clave del equilibrio ecológico y atmosférico de la región, no solo es una barrera natural de plantas contra el paso de tormentas y huracanes, su conservación evita inundaciones, mantiene la presencia de especies de fauna, genera sedimentos de forma natural, previene la erosión y es un regulador térmico muy preciado.
No obstante, el desarrollo humano y obras de infraestructura en los alrededores están causando una degradación del ecosistema y su paulatina pérdida.
Obras de infraestructura dañan los manglares
Ella lamentó que se construyan puentes, carreteras, puertos de abrigo, embarcaderos, acuacultura y desarrollos inmobiliarios sin el menor respeto a los requerimientos mínimos naturales de éstos ecosistemas, mismos que se van degradando y perdiendo debido a los cortes a los flujos naturales de agua y la deforestación del espacio.
La ponente subrayó que la recuperación del mangle es posible, aunque es un proceso lento, costoso y la comunidad que vive cerca de él tiene que participar activamente.
“La reforestación de estos espacios con plantas de viveros no es una solución viable, crecer especies de mangle para integrar a un ecosistema, lo más seguro es que no se adapte al cambio de tipo de agua y terminará perdiéndose.
“El proceso debe contemplar la conservación del recurso biológico que queda y la creación de canales de flujos continuos y suficientes de agua que posibiliten al ecosistema reactivarse, generar microorganismos que actúen en el proceso de descomposición para generar sedimento y en ello nutrientes para el mangle”.
“La restauración del mangle debe estar dirigida a promover modos de vida sostenible: apicultura, Unidades de Manejo Animal, ecoturismo y aprovechamiento forestal maderable y no maderable”, compartió.
“Fortalecer temas, fomentar el conocimiento, ayuda al mayor éxito de las acciones, empoderamiento de las comunidades, generar empleos, pero todo la vinculación a través de las investigaciones con políticas públicas, es vital para ayudar a cumplir acuerdos nacionales internacionales previstos en la materia. En el caso de México se habla de que para el año 2030 se habrá rescatado un 30% de estos ecosistemas en sus costas”.
Actualmente, Claudia Teutli se desempeña como investigadora y profesora en la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) Unidad Mérida de la UNAM.
Es miembro de la Red Nacional de Laboratorios de Resiliencia Costera (Lanresc) y ha colaborado con instituciones como el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav). Ha realizado Contribuciones e Investigación en torno al Monitoreo de Carbono, carbono orgánico del suelo y flujos de gases de efecto invernadero en áreas protegidas como la Laguna de Términos, estudios sobre el uso de peces como indicadores del éxito en la restauración de manglares en la costa de Yucatán.
Participa activamente en seminarios sobre socio ecosistemas y advierte sobre la degradación de los manglares en la península de Yucatán debido a cambios hidrológicos y falta de aplicación de leyes ambientales.
Manglares / Afectaciones al ecosistema
Científica mexicana explica las graves consecuencias de la deforestación del manglar.
Distribución
Claudia Teutli Hernández indica que en América latina hay alrededor de 3.9 millones de hectáreas de manglar, casi un millón de éstas en territorio mexicano.
Registro de la Península
La Península de Yucatán cuenta con el 60% de este ecosistema, es decir, casi 545 mil hectáreas a lo largo de la costa, apunta.
Peligro acelerado
Desafortunadamente la velocidad de pérdida de mangle es más rápida que la de recuperación.
Tiempo de regeneración
Para que un espacio de mangle alcance la madurez, plenitud y condiciones idóneas para regenerarse por sí solo, podría tardar 15 años.
Cambio climático
La investigación de la especialista se centra en la adaptación, mitigación y vulnerabilidad de ecosistemas costeros, en especial ante el cambio climático.— Emanuel Rincón Becerra
