Las disonancias que son parte del Concierto para violín “En memoria de un ángel” de Alban Berg lo convierten en una obra difícil de interpretar, más aún con la carga emocional que la pieza conlleva, pero Valerio Scarano la conoce bien, la ha tocado una veintena de veces, aunque es la primera ocasión que lo hará acompañado de orquesta, y ha encontrado la forma de unir técnica y emoción para el deleite de los escuchas.
El joven violinista, quien ha ganado numerosos premios en concursos internacionales, es el solista invitado de la Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY) en las funciones de este fin de semana: hoy viernes, a las 20 horas, y el domingo, a las 12 horas, en el Palacio de la Música.
Será una ocasión especial para el director de la OSY, Alfonso Scarano, ya que dirigirá a su hijo, y aunque ya lo ha hecho en otras tres ocasiones será la primera que lo haga en la interpretación de esta compleja obra de Berg, que esperan sea una grata sorpresa.
Valerio Scarano señala que el Concierto para violín de Berg es una obra muy particular, que integra la tragedia y el dolor, por lo que cuando se toca hay que tener en cuenta estas emociones, pero sin perder la mente muy fría y siendo metódico, a fin de mantener el ritmo.
Ese concierto también es bastante particular para la orquesta, pues no la orquesta acompaña al solista, sino que tiene una tarea fundamental y el solista tiene que ser muy claro. Por ejemplo, hacia el final de la obra, hay una parte en que la orquesta toca junto con él las mismas notas, “los primeros violines tocan juntos conmigo y tocan las mismas notas, esto es muy particular, no creo que haya mucho conciertos para solistas y orquestas en que haya momentos similares”.
—Es como si yo fuese un líder de la sección, pero ya hay un líder; entonces, es como si hubiera más principales que tocan las mismas partes.
Comparte que ha tocado este concierto muchas veces con acompañamiento de piano y en Mérida será la primera ocasión que lo hará junto a una orquesta.
La figura del director, resalta, es fundamental para esta obra, y cuando el director está preparado, como sabe que lo está, pues ha dirigido muchas veces este concierto con otros violinistas, todo es más fácil para el solista.
Sobre las diferencias interpretativas de la composición de Berg al piano y con orquesta, Valerio externa que un solista no tendría que cambiar mucho el sonido, ya que independientemente de quién lo acompañe, hay que hacer las mismas cosas.
“Cuando lo tocas con piano, hay que imaginar que lo estás tocando con una orquesta, porque al final la versión original es para violín y orquesta”.
Sobre los retos que implica la obra, explica que para algunos violinistas uno lo representa la particularidad de que es un concierto en el que hay acordes disonantes, es decir, no es completamente música tonal, sino principalmente atonal.
Manifiesta que en general es una pieza bastante difícil de tocar, como también lo es memorizarla, ya que en su caso la toca sin partitura. “Hacer todo este concierto de memoria no es fácil, precisamente porque es bastante disonante, bastante lejano de los repertorios y conciertos para violín y orquesta que los solistas tocan, como los de Tchaikovsky, Mendelssohn, Mozart, Beethoven, Brahms”, asegura.
—Generalmente es más fácil memorizar música en que los intervalos son más claros.
Comparte que en su caso desde pequeño se acostumbró a tocar de memoria y casi nunca usa las partituras, lo cual en el escenario es más fácil, porque estarse fijando en las notas y el hecho de girar las páginas puede ser un distractor.
El joven violinista considera que la música de Berg es de lo más refinado de la escuela austríaca, como Schönberg, aunque “Berg es más romántico, más lírico; hay factores comunes con la música que es habitual para nosotros, que hacen que no se considere esta obra tan lejana”.
—Es una obra que merece mucho respeto. Hay una frase que dice que Berg es Schönberg pero más bello. En alemán, Berg significa montaña y Schönberg significa montaña bella, pero yo diría que es lo contrario, que Berg es más bello que Schönberg —opina.
Valerio a los seis años comenzó a tocar el violín y, como hasta ahora, practicaba todos los días. No se dio cuenta en qué momento la música, el instrumento, se convirtieron en su pasión, pero está claro para él que esto es su vida.
Pieza especial
En los conciertos de este fin de semana en el Palacio de la Música se le verá tocando con un violín Giuseppe Pedrazzini de 1930, italiano, de Cremona, que está en sus manos desde mayo de 2023.
Siente que el sonido de este violín ha cambiado mucho en estos tres años, aunque lo piensa un poco y añade que no es el violín el que ha cambiado, sino él, porque se van aprendiendo nuevas técnicas, a oír y a escuchar lo que viene del violín. “Lo más importante es hacerle exprimir al violín sin forzarlo, dejarlo libre”.
Para Alfonso Scarano, ver a su hijo dedicado a la música con tanta pasión como él es un gran logro, ya que, aunque siempre trata a Valerio como un colega, como padre siente que ha hecho un gran trabajo, al darle a la sociedad una persona de bien e incluso mejor que él, porque “la familia siempre debe crear algo mejor, no siempre se logra, no siempre se completa, pero ese es el objetivo”.
Resalta que Valerio toca de una manera maravillosa y reitera que interpreta de memoria el concierto de Alban Berg, que muy pocos violinistas en el mundo tocan.
Recuerda que obligaba a su hijo, aún con su esposa en contra, a que memorizara todo lo que los maestros le enseñaban en la escuela, porque al llegar a casa le quitaba los libros, y debía hacer sus trabajos escolares de memoria, para desarrollar esta parte del cerebro.
Considera que su hijo toca el concierto de Berg con gran sinceridad y fidelidad a la partitura. Para él como director no cambia en nada el hecho de que el joven toque sin usar la partitura, ya que estudian juntos y se conocen bien mutuamente.
Afirma que el público de Mérida escuchará este concierto probablemente por primera vez, con un sonido totalmente inesperado; “es una experiencia moderna, pero también antigua, porque hay citas de Bach, de Shostakovich y del propio Berg”.— IRIS CEBALLOS ALVARADO
Grata sorpresa
Este fin de semana, la OSY tocará también la Sinfonía número 5 de Tchaikovsky y espera provocar en la audiencia una sorpresa total porque, aunque la pieza es muy famosa, Alfonso Scarano dice que bajo su batuta suena diferente.
Fruto del trabajo orquestal
La obra del compositor ruso habla del destino, la intensidad, la pasión, el amor, la muerte y la energía que se acumula desde el inicio hasta el final. El director de la OSY enfatiza que la interpretación de la obra es nueva, y la Orquesta ha trabajado muy duro para ofrecer algo especial a la audiencia.
Un equilibrio
El maestro Scarano considera que dirigir una obra tan conocida como la de Tchaikovsky es siempre más complicado que dirigir una nueva, que el público no conoce, porque en el primer caso pesa más la tradición no solo mexicana, sino de las grandes orquestas de Berlín, Viena, Londres o Ámsterdam. Pero es necesario hacerlo para que la música esté viva, vibrante, y no muerta, buscando equilibrar tradición e innovación.
