Recibimos un escrito del señor Fernando Castro Novelo, ex vocero del gobierno de Rolando Zapata Bello, que en sus partes medulares dice lo siguiente:
En los últimos años, Japón ha dejado de ser un destino lejano y excepcional para convertirse en una opción cada vez más considerada por viajeros mexicanos, incluidos los yucatecos. Este cambio no es casual: responde a una combinación de factores económicos, culturales y de percepción de valor que vale la pena analizar.
Durante un reciente recorrido por distintas ciudades japonesas, me llamó la atención la presencia constante de connacionales. En un entorno marcado por el orden, la limpieza y la eficiencia, no resulta extraño que el país asiático comience a posicionarse en la lista de prioridades del turismo internacional proveniente de México.
El contraste es evidente. A pesar de tratarse de un vuelo de más de 13 horas y de condiciones climáticas que pueden ser extremas —un frío que obliga al uso de ropa térmica y abrigos —, la demanda no disminuye. Por el contrario, parece incrementarse.
El factor económico
Una de las explicaciones más recurrentes tiene que ver con el contexto cambiario.
La fortaleza relativa del peso mexicano frente a otras divisas ha modificado la percepción de accesibilidad a destinos tradicionalmente considerados costosos.
“Hoy muchos prefieren hacer el viaje a Japón en lugar de ir a Estados Unidos”, comenta el yucateco Miguel Acuña, quien reside en Sanda y desarrolla actividades como guía de turistas y promotor cultural en Osaka.
Si bien el traslado representa una inversión importante, la experiencia integral —transporte eficiente, seguridad, servicios de calidad— genera una percepción de mayor valor por el dinero invertido. Metro y tren bala son el transporte más empleado además de las largas caminatas durante la estancia.
Más allá de lo económico, Japón ofrece algo que no siempre está presente en otros destinos: una experiencia basada en la disciplina social y el respeto colectivo.
Las calles limpias, el transporte puntual y la conducta ordenada de los ciudadanos no son elementos aislados, sino parte de una cultura profundamente arraigada. Para el visitante, esto se traduce en una sensación de seguridad y armonía difícil de encontrar en otras latitudes.
Para una sociedad como la yucateca, que valora el orden comunitario y la convivencia pacífica, este aspecto no pasa desapercibido.
Infraestructura y visión de largo plazo donde se puede beber en las calles pero no comer caminando.
El caso de Tokyo Disney Resort resulta ilustrativo. Más que un parque temático, es un ejemplo de planeación, inversión sostenida y coordinación entre sector público y privado.
Conformado por Tokyo Disneyland y Tokyo DisneySea (Disney del Mar) el complejo refleja estándares de calidad que han sido replicados en distintos sectores del turismo japonés.
A ello se suma la red de transporte, encabezada por el Shinkansen, que permite conectar ciudades con rapidez y puntualidad, facilitando el desplazamiento de millones de visitantes cada año.
El creciente interés de los yucatecos por Japón abre una reflexión inevitable: ¿qué están ofreciendo otros destinos y qué podrían mejorar?
Más allá de competir en escala, el modelo japonés plantea principios básicos: orden, capacitación, respeto al entorno y visión de largo plazo. Elementos que, adaptados a contextos locales, podrían fortalecer la competitividad turística de regiones como Yucatán.
Un cambio que llegó para quedarse
Japón no sustituirá a otros destinos tradicionales de manera inmediata, pero sí está marcando una tendencia. El viajero actual busca algo más que descanso: busca experiencias integrales, seguras y bien organizadas.
En ese escenario, el país asiático ha sabido posicionarse. Y lo ha hecho no sólo por su oferta turística, sino por la coherencia entre su cultura, su infraestructura y su manera de entender el servicio.
Para los yucatecos que hoy lo visitan, Japón no es únicamente un destino lejano: es, cada vez más, una referencia de lo que el turismo puede llegar a ser.
Tren bala, uno de los sistemas ferroviarios más avanzados del mundo y un símbolo de la eficiencia japonesa. Desde su inauguración en 1964, ha transformado la movilidad en Japón y se ha convertido en referencia global en transporte de alta velocidad.
