• El uso desmedido de dispositivos en las vacaciones puede afectar la salud mental de niños, dicen expertos

Las vacaciones de verano representan para niños y adolescentes una oportunidad para descansar, convivir con la familia y disfrutar actividades recreativas.

Sin embargo, el aumento del tiempo libre también suele traducirse en más horas frente a celulares, tabletas, computadoras o consolas de videojuegos.

Cuando deja de ser equilibrada, esta situación puede tener repercusiones en la salud mental y el desarrollo integral, de acuerdo con los expertos.

El pediatra Alfonso Rodríguez explica que el problema no radica únicamente en la cantidad de tiempo que los menores permanecen frente a una pantalla, sino en las actividades que ésta termina desplazando.

El descanso nocturno, la actividad física, la convivencia familiar, la lectura, el juego libre y el contacto con la naturaleza suelen reducirse conforme aumenta el uso de dispositivos electrónicos, lo que incrementa el riesgo de presentar alteraciones emocionales y de comportamiento.

Entre las consecuencias más frecuentes del uso excesivo de pantallas se encuentran síntomas de ansiedad, irritabilidad, dificultades para regular las emociones, problemas de atención y concentración, alteraciones del sueño, aislamiento social e incluso un mayor riesgo de desarrollar síntomas depresivos.

Estudios recientes también muestran que muchos menores recurren a los dispositivos para aliviar el aburrimiento, el estrés o la ansiedad, aunque el uso intensivo termina reforzando esas mismas dificultades.

Además, disminuye la tolerancia a la frustración debido a la búsqueda constante de recompensas inmediatas que ofrecen los videojuegos o las redes sociales.

Menos descanso

Uno de los aspectos más afectados es el descanso. El especialista señala que la exposición a pantallas durante la noche retrasa la liberación de melatonina, dificulta conciliar el sueño y reduce la calidad del descanso.

Ese factor está estrechamente relacionado con el equilibrio emocional y el adecuado desarrollo durante la infancia y la adolescencia.

El médico recomienda a madres, padres y cuidadores permanecer atentos a ciertas señales que pueden indicar que el uso de la tecnología está dejando de ser saludable.

Entre ellas destacan la irritabilidad o ansiedad cuando se les pide apagar un dispositivo, la pérdida de interés en actividades que antes disfrutaban y el descuido del sueño, la alimentación o la higiene por permanecer conectados.

También el aislamiento de familiares y amigos, la necesidad de pasar cada vez más tiempo frente a las pantallas para sentirse satisfechos, las dificultades para concentrarse en otras tareas, utilizar el celular o los videojuegos como única forma de manejar emociones negativas, así como ocultar el tiempo real de uso o conectarse a escondidas.

El experto aclara que la presencia aislada de alguna de estas conductas no necesariamente representa un problema, pero si varias ocurren de manera persistente y afectan la vida cotidiana, es recomendable buscar orientación profesional.

Como medida preventiva, el pediatra recuerda que la Academia Americana de Pediatría recomienda establecer un plan familiar de uso de medios, adaptado a la edad de cada menor y a la dinámica del hogar.

Entre las acciones más efectivas figuran fijar horarios para el uso recreativo de pantallas, evitar dispositivos durante las comidas, suspender su utilización al menos una hora antes de dormir, mantener las habitaciones libres de celulares, tabletas o videojuegos en la noche.

Priorizar las actividades físicas

Asimismo, priorizar actividades físicas y recreativas, supervisar los contenidos que consumen los menores y, sobre todo, que los propios adultos den el ejemplo con hábitos digitales saludables.

En los menores de cinco años, las recomendaciones son aún más estrictas. La Organización Mundial de la Salud aconseja evitar completamente el uso de pantallas antes de los dos años de edad, salvo las videollamadas, y limitarlo a un máximo de una hora diaria entre los dos y cuatro años, siempre bajo la supervisión de un adulto.

La especialista Anna Rodríguez Cabrera considera que las vacaciones son una oportunidad para recuperar actividades que fortalecen el desarrollo emocional y las habilidades sociales.

Juegos al aire libre, paseos en bicicleta, caminatas, deportes recreativos, lectura compartida, juegos de mesa, talleres artísticos, visitas a parques, playas, museos o zonas arqueológicas, así como campamentos, cursos de verano o incluso cocinar en familia, favorecen la convivencia, estimulan la creatividad y reducen el sedentarismo.

Los especialistas coinciden en que el objetivo no es prohibir el uso de la tecnología, sino enseñar a incorporarla de manera equilibrada a la vida cotidiana.

Fomentar hábitos digitales saludables desde la infancia puede convertirse en un importante factor de protección para la salud mental, especialmente durante las vacaciones, cuando el incremento del tiempo libre hace más necesario encontrar un balance entre el entretenimiento digital y las experiencias que fortalecen el bienestar físico, emocional y familiar.