El señor Rubén Cáceres Martín

Su razón de existir

 

Las risas cesaron, la música no se escuchó más, las luces se apagaron. La fantasía, la diversión y la ilusión de ausencia se vistieron, el silencio reinó y el tiempo detuvo su marcha.

Hace casi un año que la pandemia del Covid le arrebató a don Rubén Cáceres Martín la razón de vivir, lo sumió en la tristeza y la melancolía; sabe que las carencias económicas son pasajeras, pero hacer felices a los niños con sus juegos mecánicos ha sido como una lenta y dolorosa agonía.

Rubén Cáceres, quien en marzo cumplirá 93 años de edad, es el constructor, operador, taquillero, publirrelacionista y propietario de los juegos mecánicos “Atracciones Cáceres”, instalados desde hace más de un cuarto de siglo en el parque de la colonia Alemán.

Prácticamente toda su vida se ha dedicado a la construcción y operación de juegos mecánicos que son la alegría y el deleite de los más pequeños.

Sillas voladoras, carritos, trenecitos, carruseles, ruedas de la fortuna, el paseo de la oruga… don Rubén construye y opera juegos mecánicos desde muy joven, lo ha hecho siempre y algunas de sus creaciones aún se siguen utilizando en pequeñas ferias que recorren comunidades del interior del estado.

Su pasión son los juegos mecánicos y los niños, sus clientes asiduos, hacerlos felices unos minutos (lo que dura la vuelta) imaginando que montan un brioso corcel, dan un paseo en tren o conducen un bólido a alta velocidad es lo más gratificante en su vida.

“Cada niño que hago feliz en uno de mis juegos es una medalla que recibo y me gratifica”, comenta el veterano empresario.

Pese a su avanzada edad tiene que salir a ver cómo siguen sus juegos, deteriorándose por la falta de mantenimiento, la intemperie y la falta de dinero para piezas y refacciones.

Por generaciones

Con un aire de nostalgia y la tristeza reflejada en el rostro parcialmente cubierto por el cubrebocas, ayer descubrió con pena que el clutch que acciona el mecanismo del juego mecánico de “cochecitos” se amarró por la falta de uso y la humedad.

Además, se ha “botado” uno de los fusibles del sistema eléctrico y tendrá que trabajar en ello.

Auxiliado por su hija Beatriz Cáceres Herrera y un empleado que se mantiene fiel a don Rubén, el hombre revisa el funcionamiento del resto de los juegos privados de su elemento principal, los niños, que les dan vida y sentido a su existencia.

“Trabajar por los niños, hacer felices a los niños, ver reír a los niños es una razón para disfrutar la vida y dar gracias a Dios”, dice.

“No se pueden imaginar la emoción que puedo sentir cuando aquellos niños que años atrás disfrutaron de los juegos mecánicos, vuelven convertidos en hombres y mujeres, padres de familia y traen a sus pequeños hijos a disfrutar de los mismos juegos que ellos disfrutaron antaño, ¿quién no se conmueve con eso?”

“Ni qué decir de las expresiones de cariño y afecto de los niños de ayer, hoy ya realizados, profesionistas, buenas personas, amorosas, es algo indescriptible”, refiere al tiempo que su voz parece quebrarse.

La pandemia

Ha pasado casi un año desde aquel 30 de marzo de 2020 en el que por última vez los juegos se accionaron, desde entonces para don Rubén ha sido la nada, la depresión, la incertidumbre, el peregrinar de la nostalgia.

Solo la fe y la ilusión de una vez más llevar la alegría a los niños le dan la fuerza para darle mantenimiento a sus amados y sencillos juegos, sencillos en su dinámica, pero ingeniosamente configurados en su mecánica y conformación eléctrica.

Don Rubén apenas puede moverse, los años ya le pesan, la vista ya no es la misma, las fuerzas han quedado en el pasado y la destreza comienza a desvanecerse.

Con sus frágiles manos, una lija y su mente evocando recuerdos, de manera amorosa retira del metal la presencia del óxido, que el desuso y el abandono van formando en los componentes de los juegos.

Beatriz, su hija, explica cómo la situación para ellos se ha ido complicando. Las autoridades les ordenaron cerrar como medida precautoria contra el Covid; por tratarse de un giro de negocio directamente relacionado con los niños, no se les ha permitido reactivarse y aún no hay fecha para ello.

Con preocupación observan cómo constantemente, por las tardes y noches, el parque se llena de familias para pasar un rato de esparcimiento, la explanada para usar patines, bicicletas, montables eléctricos, etcétera, disfrutando productos como las marquesitas que ahí se expenden.

Los pequeños juegan en el área infantil y las esculturas de animales de las áreas verdes. Los más osados usan la pista de skate, mientras otros utilizan la red Wifi del parque. El lunar oscuro es la delimitada zona de juegos mecánicos inactivos y solitarios.

“La gente nos pide que le permitamos a los niños dar una vuelta y tenemos que decirles que no, porque no tenemos permiso de la autoridad”, explica Beatriz.

“No nos permiten la apertura, sino hasta que las condiciones de la pandemia lo hagan posible. Eso me parece muy bien, ¿pero cómo nos piden no laborar si el parque está lleno de familias?, ¿qué diferencia puede haber entre lo que hacemos y los oferentes que ya están laborando en el lugar?”

“Somos respetuosos de lo que se nos pide, pero las autoridades no nos resuelven cómo subsistiremos mientras tanto. Hemos tenido que vivir de los ahorros, vender el coche, motores y piezas de los juegos mecánicos, vivir de lo que buenamente la familia nos comparte, pero ya no es posible”.— Emanuel Rincón Becerra / Agencia Informativa Megamedia

 

Sustento Juegos

Por la contingencia, Rubén Cáceres no puede poner en marcha sus juegos mecánicos.

Carta

Beatriz es hija de don Rubén. A su vez, ella tiene una hija que al ver la tristeza y preocupación de su abuelo por sentir cómo le han quitado la razón de su alegría y entusiasmo, escribió hace meses una sentida carta al gobernador solicitándole su apoyo para que su abuelo no quedara en el desamparo. La carta nunca fue contestada.

Esperanza

Beatriz explica que ninguna autoridad se ha acercado a don Rubén para brindarle algún tipo de apoyo, ni por humanidad ni por elemental justicia a alguien que ha dado su vida por la niñez desde la trinchera de los juegos mecánicos. Agrega que solo esperan la oportunidad de volver a operar para trabajar con el entusiasmo y cariño que siempre don Rubén les ha inspirado.

 

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