Columna 7 Por: Franklin Recio*
¿Cómo tomamos decisiones? La mayoría de las personas frente a un objetivo examina opciones para alcanzarlo. De hecho, hay poderosas herramientas matemáticas como apoyo. Si fuera tan simple, entonces ¿por qué hay tantas historias de decisiones incorrectas?
Dicen que percepción es realidad, pero la percepción usualmente está equivocada. Nuestros procesos mentales generalmente no los hacemos para encontrar la hipótesis adecuada y buscar rechazarla en su caso. Las jerarquías en las organizaciones también alejan y filtran los datos duros acerca de los clientes mientras resúmenes de datos fluyen hacia arriba en la organización. Una buena toma de decisiones no implica agregar más información a la mezcla de datos, sino mejorar la calidad de los datos que estamos tomando en cuenta.
Hay que ver que mucha de la información que poseemos la generamos en relación a algo mas. Por ejemplo, decimos “el tiempo es dinero”, pero no significa que podamos comprar tiempo en nuestras vidas. Las analogías son representaciones parciales, interesantes a veces cuando se dice una historia, pues captan la atención, pero tienen su lado peligroso, que es el olvidar que no son la realidad y obviar esto puede llevar a desastres.
Para empezar, tenemos que entender cuál es el problema y hacernos preguntas en varios niveles y desde diferentes ángulos. Encontrar maneras de probar nuestra percepción de la realidad, mediante la formulación de experimentos que estén preparados para retar las bases de esa percepción. Por ejemplo, la verdadera prueba para una venta está en investigar precisamente a aquellos que no nos compraron. El arte de toma de decisiones no es solo acerca de preguntas, sino de saber cuáles son las preguntas adecuadas.
Las organizaciones toman mejores decisiones que los individuos porque habilitan que conocimientos, experiencia y diversas formas de pensar se enfoquen en un problema. Pero a veces los grupos toman malas decisiones. Soportar una cultura que favorezca las discrepancias, actuar con la mente consciente y no por hábitos, así como aprender de la experiencia. En Sillicon Valley el día de hoy hay un movimiento acerca de fallar rápido y fallar frecuentemente. Fallar es humano, pero a veces aprendemos más cuando nos ocurre. Es entonces mejor aprender a fallar en escala pequeña, y generar ajustes que estén dados por el mercado y no por nuestras interpretaciones acerca de éste. La perseverancia es enemiga de la estupidez —intentar algo una y otra vez esperando resultados distintos—. Encontremos el balance adecuado y recordemos que nadie es perfecto y que de músicos, poetas y locos todos tenemos un poco.— Mérida, Yucatán.
Candidato a Doctor en Análisis Estratégico y Desarrollo Sustentable por la Universidad Anáhuac
Una buena toma de decisiones no implica agregar más información a la mezcla de datos
