Por Franklin Recio
En este confinamiento, los primeros efectos se mostraron en la oferta y la demanda de productos. A diario se pueden observar empresas que cierran sus puertas. Por el IMSS sabemos que la disminución del empleo de enero a junio de 2020 es de 921,583 empleos en México. En los primeros tres meses del año, previo a la pandemia, la inversión fija bruta había caído a niveles de 2009. Aún no se publican las cifras para el segundo trimestre, pero se prevén números nefastos y hay que recordar que la inversión es un componente importante del crecimiento económico futuro. Algo que omite el Presidente es que sin crecimiento económico no hay combate a la pobreza, la cual se expande sin ningún control.
En medio de esta situación, aquellas empresas que puedan desarrollar mejor sus capacidades dinámicas podrán estar en mejores condiciones de sortear la emergencia o de incluso ganar participación de mercado.
En México, algunas firmas han optado por la conciencia y responsabilidad sociales. En paralelo otras, prudentemente, cuidan los flujos de efectivos, evitan endeudarse y tratan de apoyar a clientes y proveedores en la manera de lo posible. Pero el tamaño de esta crisis es de una proporción nunca vista. Aun el negocio más sólido tiene problemas cuando la demanda de sus productos o servicios cae 90%. Se nota que la destrucción creativa que da pie a nuevos ciclos de innovación está operando en toda su capacidad, pues la economía es un sistema interrelacionado donde no quedan espacios vacíos en las necesidades de la sociedad. Aunque los negocios tradicionales están sufriendo, la capacidad de transformación de la empresa y saltar la brecha digital se vuelven hoy en día características de los sobrevivientes. Vivimos en un mundo económico turbulento, donde aquellos negocios que puedan generar su ventaja competitiva a partir de las decisiones tomadas con datos científicos, serán más importantes que en algún otro momento de la historia. Y el nuevo modelo de negocio puede llevar a oportunidades crecientes, si se aprovecha adecuadamente. Solo aquellos negocios que identifiquen su aportación de valor, manteniendo los contactos físicos al mínimo y de manera más segura, sobrevivirán.
Lo anterior implica reconocer que las reglas del juego han cambiado en todo el mundo. Así, se vuelve crítico afinar los elementos de creación de valor, la capacidad de adaptación y transformación de la organización, innovar, el formar alianzas, el cuidar profundamente la gestión, la confianza, el manejo de personal y el aprovechamiento de las redes sociales, que son algunas manifestaciones de las capacidades dinámicas fundamentales para formar ventajas competitivas.
Al no haber apoyos claros por parte del gobierno, la inversión privada será , más que nunca, pieza clave para sortear la tormenta económica en que nos encontramos. Las micro, pequeñas y medianas empresas reescribirán el liderazgo en la búsqueda de las soluciones mas eficientes para hallar satisfactores adecuados para la nueva sociedad post confinamiento.— Mérida
Doctor en análisis estratégico y desarrollo sustentable por la Anáhuac campus Mayab
