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TAPACHULA (AP).— Los migrantes que se mueven en caravana por el sur de México y que ya salieron de Chiapas para introducirse en Oaxaca, empezaron a encontrar ayer mayores reticencias de los pobladores, por miedo a que puedan transmitirles enfermedades.

Adrián Aguirre, de Nicaragua, dijo que cuando llegaron a Chahuites, Oaxaca, tuvieron que esperar una hora en las afueras de la localidad porque no los querían dejar entrar al pueblo. “Había patrullas de la Policía Municipal que bloquearon el paso, y después ya entramos”, explicó por teléfono.

Las autoridades locales negaron que se opusieran a recibirles y finalmente el grupo se instaló en un parque de la localidad. Sin embargo, la hondureña Tatiana Antillana, que viaja con su esposo y dos pequeños de cuatro y dos años de edad, comentó que cuando llegaron había varios negocios que estaban abiertos pero empezaron a cerrar sus puertas de repente.

“Queríamos comprar comida pero ya no pudimos”, lamentó la mujer, aunque reconoció que luego una señora les regaló comida.

El grupo de migrantes, que cada vez es de menor tamaño pero todavía supera el millar de personas y sigue teniendo muchos niños, está cada vez más desgastado después de 17 días de camino desde que el pasado 23 de octubre salieron de Tapachula.

Las familias necesitan comprar comida y muchos niños también deben ser atendidos por deshidratación, dijo Irineo Mújica, de la organización Pueblos Sin Fronteras. Sin embargo, según denunció el activista que acompaña al grupo, el ayuntamiento no quería dejarles entrar porque decía que había casos de Covid-19, aunque no tienen ningún contagio confirmado.

En redes sociales también hubo mensajes que alentaban a la población a no permitir el ingreso de la caravana a Chahuites por la violencia que algunos protagonizaron el jueves en Pijijiapan, en un choque entre migrantes y la Guardia Nacional que saldó con cinco agentes heridos.

El Instituto Nacional de Migración (INM) no ha hablado de casos de Covid, pero dijo que se habían dado varios casos de dengue, algunos graves, y ha atacado duramente a los activistas que acompañan la caravana por poner en riesgo a población vulnerable, al alentarla a seguir en el grupo y no aceptar las propuestas oficiales.

Los migrantes salieron de Tapachula porque se quejan de retrasos en sus trámites de regularización. El INM ha ofrecido visas humanitarias para las personas vulnerables, como las embarazadas y los menores, y trasladarlos a otros estados para tramitar esos permisos, pero los migrantes desconfían de las autoridades y por eso el grupo rechazó la propuesta.

Ayer, agentes de la patrulla fronteriza (Border Patrol) alertaron a las autoridades mexicanas del cuerpo degollado de un migrante, de origen haitiano, cerca del muro que divide México de Estados Unidos, en Ciudad Juárez, Chihuahua.Francisco Garduño, jefe de la agencia migratoria, dijo el lunes durante unas declaraciones en Tijuana, que unos 350 migrantes, sobre todo familias, han dejado la caravana, aunque no aclaró si se habían acogido o no al ofrecimiento de las visas.

Según sus datos, quedarían unas 1,300 personas en el contingente. En su momento más concurrido la caravana el grupo llegó a sumar unas 4,000 personas, según constató AP, aunque luego se fue separando y quedó reducido a menos de la mitad.

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