CIUDAD DE MÉXICO (EFE).— “Acapulco Killer”, del periodista David Espino, reúne ocho historias hiladas a lo largo de ocho años en Acapulco y en el resto del estado de Guerrero con víctimas y victimarios, y es un reflejo de la ola de violencia que padece el país y los periodistas.
En entrevista, Espino comenta que en su libro rescata historias de personas que tienen un punto en común: la violencia.
Esta, dice, ha trastocado la vida de los más de 3.5 millones de habitantes de Guerrero, una de las regiones más pobres de México, quienes han buscado sobrevivir a calamidades de todo tipo: huracanes, plagas, hambre, malos gobiernos, hasta el narcotráfico y la violencia.
“Hay vidas, personas que se les ha trastocado completamente su realidad su vida común, su vida corriente. Y todo debido a la violencia”, dice, tras años de investigaciones.
Espino, un periodista “freelance” que ha colaborado en medios nacionales y extranjeros, explica que su libro busca reflejar las diversas caras que tiene Acapulco, la ciudad más conocida de Guerrero y popular nivel mundial.
Pues esta urbe no solo es el paradisíaco puerto que, otrora, era el lugar preferido de personajes famosos, tanto extranjeros como nacionales.
“Acapulco es inmenso y la idea era hacer una introspectiva como sociedad de cómo vemos la violencia y cómo este problema ha cambiado las realidades de la población”, afirma.
Para el periodista, este es un retrato de cómo la violencia y su normalización fue escalando desde el norte al sur del país y cómo la gente empieza a acostumbrarse a los daños que deja el narcotráfico. “Las personas ya no tienen oportunidades, no se hace nada al respecto. Es un tipo de violencia no solamente de las armas sino una violencia de Estado, porque si vas a una colonia en Acapulco verás una infinidad de cantinas y no hay una cancha deportiva o un centro cultural para tratar de equilibrar”, afirma.
Con el tiempo, refiere, esta normalización llegó a los jóvenes, quienes “no solamente normalizan la violencia, sino la pobreza”.
Según las estadísticas, Acapulco es uno de los municipios con el mayor número de personas en situación de pobreza extrema en el país. Y aunque también es el que más aporta a la economía guerrerense, también es uno de los más violentos.
