El “Caballero de Fuego” explota este año entre plegarias de que acabe con la pandemia de Covid-19
Como todo lo que ocurre en este año 2020, los festejos del 13 de noviembre realizados en honor de San Diego de Alcalá en Nunkiní estuvieron marcados por la pandemia del Covid-19.

“(Desde) Arriba nos tira su bendición para que nos aleje la pandemia, ¡arriba San Diego de Alcalá!” y “Yo le pido a la ‘Mestiza’ que cuando ella se vaya al cielo que se lleve todas las enfermedades lejos de aquí”, expresó Antonia Uc Moo al participar ayer viernes en la fiesta grande en honor del santo patrono de Nunkiní, comunidad de Campeche.
Blanca Magdalena Collí Chim, a su vez, resumió el sentir de los devotos de Nunkiní en el día principal de la fiesta anual en honor del santo patrono del pueblo. “Cerrando el ciclo para pedir por la salud del pueblo; el origen de la ofrenda Ts’uulil K’áak’ (“Caballero de Fuego”) fue para desaparecer del pueblo la viruela negra, y ahora pedimos que así se acabe el Covid-19”, posteó la devota en Facebook.
En efecto, los relatos de los pobladores de Nunkiní y los estudios etnográficos sobre la fiesta patronal de la comunidad coinciden en que el origen de la quema del monigote con forma humana que lleva el nombre de Ts’uulil K’áak’ (“Caballero de Fuego”) fue una epidemia de viruela, enfermedad que los españoles trajeron a América.
No se sabe desde cuándo se quema el “Caballero de Fuego” o Ts’uulil K’áak’
“En realidad, no existe una fecha precisa que nos diga desde cuándo se empezó a quemar al ‘Caballero de Fuego’, pero sí existen muchas versiones que intentan dar una explicación sobre su confección y quema”, dice Damaris del Pilar Ayil Cahún, vecina de Nunkiní y estudiante de Historia en la Uady que ha presentado ponencias sobre el Ts’uulil K’áak’ en las ciudades de Mérida y Toluca.
La joven universitaria cita que dos investigadores etnográficos presentan varias versiones de lugareños de Nunkiní sobre el origen del Ts’uulil K’áak’ y todas aluden a la viruela negra y a los españoles, amos y señores.
“Por ejemplo, la doctora Cessia Esther Chuc Uc, en su tesis de maestría ‘Ts’ayatsil: El don de la reciprocidad entre los mayas contemporáneos’, menciona que, de acuerdo con las versiones locales, la incineración del Ts’uulil K’áak’ nació de la promesa de una familia que logró sobrevivir a la epidemia de la viruela negra, que se suscitó a finales del siglo XIX.
La viruela, “castigo divino por trabajar para españoles”

“Para conocer el origen de esta enfermedad acudieron con un jmeen (sacerdote maya) y éste les dijo que la enfermedad era un castigo divino para con los habitantes (de Nunkiní) tras haber ido a trabajar a favor de los ts’uulo’ob (extranjeros, los no mayas) en las haciendas henequeneras de Santa Cruz y Tankuché.
“(El sacerdote les dijo que) Para erradicar tal mortal enfermedad debían confeccionar un muñeco vestido como un hombre blanco al que después debían incinerar para que de este modo se acabara la epidemia de la viruela negra. Esto es lo que cuentan los más ancianitos del pueblo”, relata Damaris Ayil.
San Diego de Alcalá pidió un sacrificio a un sacerdote al que visitó en un sueño
Devota de San Diego de Alcalá, como la mayoría de los habitantes de Nunkiní, la joven indica que hay otra versión que el investigador y doctor en antropología David de Ángel García recopiló en la comunidad campechana.
Según las publicaciones de De Ángel García sobre el Ts’uulil K’áak’, indica la estudiante universitaria de Historia, “la viruela causó preocupación en los jmeeno’ob (sacerdotes mayas) de la región, al verse imposibilitados de dar remedio alguno para acabar con la enfermedad.

“Ante esto, la población le imploró a San Diego su sanación y, como respuesta a tales súplicas, el beato se presentó en el sueño de don José Aké (quien era un jmeen) para transmitirle un mensaje acerca del origen de la viruela negra.
“El santo le dijo al jmeen que la epidemia padecida por los indígenas era un castigo divino tras haber abandonado sus tierras de cultivo para trabajar a favor de los ts’uulo’ob (hombres blancos) en las haciendas henequeneras de Tankuché y Santa Cruz.
“De igual modo, se dice que el franciscano (San Diego de Alcalá) le dijo al jmeen (al que visitó en el sueño) que, para mermar la epidemia, tenían que elaborar un muñeco de tamaño real (dos metros de altura) simulando a un ts’uul (en maya “extranjero de otro reino” y que ahora se escribe dzul y se traduce como caballero), y debía ser hecho con madera, específicamente, con una horqueta y varios bejucos; además, tendría que contar con gran cantidad de explosivos en su interior”.
Una tercera explicación: La solución del habitante más veterano de Nunkiní

Otra versión es la que nos relata don José Chi Haas, originario de la localidad de Nunkiní, quien tiene 86 años de edad y lleva 40 años ayudando a la Sociedad del “Caballero de Fuego” para abril, abunda Damaris Ayil, quien informa que dos veces al año se quema al Ts’uulil K’áak’ en honor de San Diego, en abril, cuando el monigote sale de la casa de don Felipe de Jesús Ac Naal, “Mexi”, y en noviembre, cuando parte de la vivienda de don Giliberto Haas, “Gili”, en noviembre.
“Esto quiere decir que 10 años colaboró con don Marcelino Ac y tras la muerte de este último, la responsabilidad pasó a manos de su hijo Felipe de Jesús Ac Naal, don “Mexi”, en donde don José lleva 30 años ayudando en la confección del Caballero.
“Ahora bien, don José cuenta que su abuelito le platicó que cuando el pueblo de Nunkiní fue azotado por la enfermedad de la viruela negra y mucha gente del pueblo se estaba muriendo, los habitantes estaban angustiados sobre cómo acabar con la enfermedad y reunieron a cuatro viejitos para ir a platicar con un señor que tenía más de 90 años.
“Entonces el viejito preguntó: ‘¿Qué solución están pensando ustedes para que se acabe la viruela negra y la gente se sienta tranquila?’.
“‘Es lo que tratamos de hacer, señor, ahorita no podemos pensar cómo le vamos a hacer con la gente que se está acabando; diario dos, tres personas amanecen muertas’ le contestaron.
“Dijo el habitante de mayor edad: ‘Yo ya pensé que para que se acaben esas cosas (la enfermedad) vamos a juntar a la gente, hasta 10 o 15 personas, para que vayamos a la iglesia a pedir a San Diego que nos ayude a buscar una solución’.
Un cristiano, como ofrenda de sacrificio para San Diego
“Fueron a la iglesia a pedirle a San Diego una cura ante la enfermedad. Luego, salieron de la iglesia y uno dijo hacer un cuerpo de un cristiano (humano) para entregar a San Diego.
“Otro preguntó: ‘Pero ¿cómo vamos a poner su nombre? Vamos a poner ‘Juan Norberto’. Vamos a hacerlo si quieren, vamos a hacer la lucha, porque eso es una lucha; si nos ayuda el San Diego, pues qué bueno’.
“Ahí, del callejón que está por don Kiro, vivía un viejito llamado don Teyo Kool; le fueron a decir lo que pensaban hacer para terminar con la enfermedad, entonces que les dice el señor: ‘Mare, pues qué bueno que ya están en sus cabezas de ustedes como vamos a solucionar el problema porque la gente ya [se] está acabando, pues vamos a rogar a San Diego, vamos a armar eso’.
“Juan Norberto”, nombre fijo del “Caballero de Fuego” de noviembre

“Entonces así comenzaron a hacer el Caballero. Por eso hasta la fecha se llama ‘Juan Norberto’, no se cambia el nombre (del monigote) que amarran ahí con don ‘Gili’ .
“En cambio, al Caballero que se hace con don ‘Mexi’ (en abril) cada año le cambian su nombre, le ponen el que trae el almanaque”, contrasta Damaris Ayil.
“Así comenzaron a ofrecerle el ‘Caballero de Fuego’ a San Diego. El año siguiente (al que tomaron el acuerdo) hicieron un cuerpo de cristiano, pero fue de una madera, le pusieron su sombrero, su zapato, su pañuelo, todo y luego se fueron a visitar a San Diego a la iglesia.
“Desde eso se acabó la viruela negra y hasta la fecha, porque si no lo hacen, va acabar la gente, porque (es)tá peligrosa esa enfermedad, mi abuelo me ha contado todo eso, le dijo José Chi Haas a De García, según el testimonio que este investigador cita”, apunta Damaris Ayil.
La pandemia de Covid-19

Este 13 de noviembre así como devotos de Nunkiní le pidieron a San Diego de Alcalá y al Ts’uulil K’áak’ que erradiquen la pandemia de Covid-19 en su comunidad, no faltaron vecinos que opinaron que “se me hace que se va a llevar a algunos ciudadanos con ella porque se ve que les vale los cuidados y las medidas de seguridad”.
La razón de tal vaticinio fue que, señalaron, “muchos” no usaron el recomendado tapaboca y numerosas personas se concentraron en los magnos festejos en honor del santo patrono.— Flor de Lourdes Estrella Santana
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