HO CHI MINH, Vietnam (EFE).— Ferdinand “Bonbong” Marcos, hijo del fallecido dictador filipino, parte como el candidato favorito para tomar el relevo de Rodrigo Duterte en la presidencia de Filipinas, que ayer dio el pistoletazo de salida a la campaña electoral de los comicios del 9 de mayo.

Oficialmente son 10 los contendientes a ocupar la presidencia del archipiélago durante los próximos seis años, pero los sondeos por el momento solo otorgan posibilidades reales a Marcos y a la actual vicepresidenta, Leni Robredo.

Por detrás intentan convencer a los 67.5 millones de electores filipinos (1.8 millones desde el extranjero) el senador Panfilo Lacson; el alcalde de Manila, Francisco Domagoso (alias Isko Moreno), y la leyenda del boxeo Manny Pacquiao.

Casi 33 años después de la muerte de Ferdinand Marcos en su exilio de Hawái, su hijo “Bongbong”, de 64 años, parte como máximo favorito, aupado por su potente maquinaria propagandística que en las redes sociales reivindica sin rubor el legado de su padre y obvia los abusos de derechos humanos y el dinero sustraído a las arcas públicas.

Según Transparencia Internacional, Ferdinand Marcos (que gobernó entre 1965 y 1986) se apropió de forma ilícita de unos 10,000 millones de dólares, mientras se calcula que 3,257 personas fueron ejecutadas de manera sumaria, 70,000 encarceladas y 34,000 torturadas desde que decretó la Ley Marcial en 1972.

 

Ambos asuntos se han convertido en tabú para el candidato, que se muestra reacio a participar en entrevistas y debates, y rechaza discusiones “sobre la historia del país” cuando se le plantean preguntas incómodas.

Su estrategia conservadora se justifica por su fortaleza en las encuestas, con un apoyo del 54 por ciento de los consultados por la firma Pulse Asia, mientras que su más inmediata perseguidora, la vicepresidenta Leni Robredo, se queda en un 20 por ciento.

 

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