El cierre del gobierno federal de Estados Unidos, que concluyó el miércoles tras seis semanas, dejará secuelas en una economía dañada
El cierre del gobierno federal de Estados Unidos, que concluyó el miércoles tras seis semanas, dejará secuelas en una economía dañada

WASHINGTON (AP).— El cierre del gobierno federal de Estados Unidos, que concluyó ayer miércoles tras seis semanas, dejará secuelas en una economía que ya enfrentaba diversos desafíos, según estimaciones oficiales y de especialistas.

La paralización afectó a cerca de 1.25 millones de empleados federales que no han recibido salario desde el 1 de octubre, además de frenar contrataciones, retrasar pagos de apoyos alimentarios y cortar la difusión de datos económicos claves.

De acuerdo con economistas consultados, la mayor parte de la actividad perdida podría recuperarse con la reapertura, pues los trabajadores federales recibirán pagos retroactivos. Sin embargo, ciertos gastos pospuestos no se materializarán y algunos sectores tardarán meses en normalizarse.

La falta de información oficial sobre empleo, inflación y consumo complicó además el panorama de la Reserva Federal, que podría omitir un esperado recorte de tasas en su reunión de diciembre por la ausencia de indicadores.

“El cierre ha sido perjudicial para la economía de Estados Unidos y para la recolección de datos críticos sobre empleo, precios y más”, señaló Heather Long, economista en jefe de Navy Federal Credit Union.

La Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) calculó que la paralización reducirá el crecimiento del cuarto trimestre en 1.5 puntos porcentuales, lo que significaría disminuir a la mitad el ritmo observado en el periodo previo.

Según la CBO, la reapertura aportaría un impulso de 2.2 puntos porcentuales al crecimiento del primer trimestre del próximo año, aunque aproximadamente 11,000 millones de dólares en actividad económica no se recuperarán.

El cierre más prolongado anterior, registrado entre 2018 y 2019, duró 35 días y afectó parcialmente a las agencias, con un impacto reducido de 0.02% del PIB, de acuerdo con cifras oficiales divulgadas entonces.

En esta ocasión, la paralización se sumó a un entorno ya presionado por una contratación moderada, inflación elevada y los aranceles ordenados por el presidente Donald Trump, que han generado incertidumbre para las empresas.

A pesar de ello, analistas coinciden en que el escenario no apunta a una recesión inmediata, aunque reconocen que el cierre incrementó los riesgos para los próximos meses. En materia laboral, la CBO estima que se perdieron cerca de 16,000 millones de dólares en salarios federales, lo que redujo el gasto en comercios, servicios y bienes duraderos durante las semanas de inactividad.

La región de Washington, D.C., resentida previamente por recortes ordenados por el Ejecutivo, registraba ya un desempleo del 6% antes del cierre, afectando a la zona metropolitana que incluye Virginia y Maryland, donde reside la mayor parte del personal federal.

Los contratistas federales, estimados en hasta 5.2 millones por Oxford Economics, constituyen otro sector afectado, pues no tienen garantizado el pago retroactivo una vez reanudadas las actividades.

La ausencia de datos económicos también influyó en el debate monetario. Jerome Powell, presidente de la Fed, comparó la situación con “conducir en la niebla”, advirtiendo que el comité permanece dividido ante un eventual ajuste de tasas.

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