Los avanzados sistemas de defensa antiaérea de fabricación rusa de Venezuela ni siquiera estaban conectados al radar cuando helicópteros estadounidenses aparecieron para capturar al presidente Nicolás Maduro, según funcionarios estadounidenses, dejando el espacio aéreo venezolano sorprendentemente desprotegido mucho antes de que el Pentágono lanzara su ataque.
Los célebres sistemas de defensa S-300 y Buk-M2, de fabricación rusa, debían ser un símbolo poderoso de los estrechos vínculos entre Venezuela y Rusia, dos rivales de Estados Unidos. Su alianza parecía otorgarle a Moscú una presencia creciente en el hemisferio occidental.
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