MADRID, 7 de febrero de 2026 (EFE).— El equipo del documental “Todos somos Gaza” se ha visto obligado a “grabar su propio genocidio”,  explica el argentino Hernán Zin, quien dirigió el filme desde el exterior porque Israel prohíbe la entrada y tuvo que “entregar la cámara a profesionales gazatíes, lo que es como dársela a los prisioneros en Auschwitz”.

La película española, que opta al Premio Goya al Mejor Documental, cuenta la masacre perpetrada en Gaza en los últimos dos años con imágenes duras, pero también se acerca a los civiles atrapados en esta guerra con ternura, humanidad y belleza.

El punto de inicio del documental es el reencuentro con los protagonistas de una película anterior del mismo director, “Nacido en Gaza” (2014), que retrata la vida de diez niños y niñas durante la anterior ofensiva israelí en Gaza.

Diez años después, tres de estos niños han muerto en la guerra y uno ha emigrado a Alemania, donde no ha logrado el estatus de refugiado.

De entre los que siguen resistiendo dentro de la Franja, el director se centra en los siguientes tres que ahora tienen entre 18 y 22 años.

  • Mohamed, quien en la primera película recolecta basura para sobrevivir y ahora lucha por dar de comer a sus hijos.
  • Udai, quien ya perdió a tres hermanos pero mantiene su carácter positivo y se quiere casar con una chica que conoció en una escuela de la ONU, y
  • Bisan, quien huye de las bombas con sus libros porque quiere seguir estudiando.

“Todos somos Gaza”, su filme más difícil

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Con 40 películas a sus espaldas, el reconocido cineasta argentino dice que “Todos somos Gaza” es el trabajo más difícil que ha hecho porque, a pesar de haber estado en conflictos tan duros como el de Afganistán o el Congo, esta es la primera vez que un país le impide entrar para hacer su trabajo.

“Tuve que pedir a otros que asumieran el riesgo que hubiera preferido correr yo, y encontré un equipo de profesionales brillantes y valientes, que trabajaron en condiciones dificilísimas y lograron imágenes de gran belleza y poesía, a pesar de su dureza”, cuenta Hernán Zin en entrevista con EFE.

Una dureza que el cineasta presenta en toda su crudeza, “pero con contexto”, aclara.

Las personas tienen nombre y apellido, y lo que les pasa se enmarca en un relato más amplio, eso permite entender la dimensión de la tragedia y tiene más sentido que ver un niño muerto en un vídeo corto de Tiktok”, puntualiza.

Una de las imágenes más duras es la del rescate de Bisán y otros gazatíes bajo los escombros de edificios destruidos por las bombas, de donde no todos salen vivos y hay varios niños y niñas atrapados.

También son abrumadoras las escenas de los ataques a hospitales, en uno de los cuales al equipo de rodaje lo tirotearon y sus integrantes resultaron gravemente heridos de bala.

El genocidio en Gaza, un trauma colectivo ante la impunidad mundial

“Lo que está pasando en Gaza es tan grave que nos afecta a todos, es un trauma colectivo”, afirma Hernán Zin.

El director admite que hay “un hartazgo emocional” de Gaza y que su drama está perdiendo visibilidad.

Pero sostiene que no debemos mirar hacia otro lado porque lo que pasa en Palestina “nos afecta a todos” y está ligado con “un contexto global de impunidad” ante el que “hay que reaccionar”.

La ceremonia de los Premios Goya, los galardones más prestigiosos del cine español, se realizará el 28 de febrero en Barcelona.

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