MUNDO.- Una noche de febrero de 2014, en medio de una concurrida cena en el aclamado restaurante Noma de Copenhague, el chef fundador, René Redzepi, ordenó a todo el personal de cocina que lo siguiera hacia el exterior, donde hacía frío.
Estaba empujando a un sous-chef que tenía delante, un joven que había puesto música tecno, un género que a Redzepi le disgustaba, en la cocina de producción. Lejos del comedor, era donde los pasantes no remunerados trabajaban jornadas de 16 horas, en las que realizaban tareas como recoger hierbas y limpiar las bellotas para adornar los célebres platos neonórdicos de Redzepi.
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