LIMA (AP).— Católicos de toda Sudamérica respondieron a la noticia del diagnóstico de cáncer de pulmón del papa León XIV con una oleada de oraciones y muestras de apoyo, junto con la preocupación por si el primer pontífice estadounidense seguirá adelante con su muy anticipada y extenuante visita a la región el próximo mes.
En los tres países de su itinerario —el laico Uruguay, la mayoritariamente católica Argentina y Perú, la patria adoptiva de León—, funcionarios gubernamentales le desearon una pronta recuperación al pontífice de 71 años, líderes de la Iglesia pidieron paciencia y fieles se reunieron para rezar.
La gira sudamericana de 12 días sería la más larga del pontificado de León hasta ahora, abarcando más de 31,000 kilómetros en una docena de vuelos y dos traslados en helicóptero. En Uruguay y Argentina, León celebraría misas y se reuniría con fieles, clérigos y líderes políticos en seis ciudades.
El tramo más largo del viaje llevaría a León a Perú, donde pasó 20 años como misionero y obispo de la ciudad costera de Chiclayo. Desde la capital, Lima, tiene previsto viajar al norte hacia su antigua diócesis y luego continuar hacia la antigua capital inca de Cusco, en lo alto de los Andes, y la ciudad amazónica de Pucallpa. El aire de montaña en Cusco, a unos 3,400 metros sobre el nivel del mar, podría suponer un desafío particular tan poco tiempo después de la cirugía pulmonar de León.
Regreso a “casa”
En Chiclayo, una de las ciudades más grandes de Perú, la emoción por el esperado regreso de León a casa se transformó en aprensión tras su diagnóstico.
“Por el cariño que le tenemos al Santo Padre que también es nuestro obispo, estamos preocupados por su salud, por lo que pueda venir”, comentó el reverendo Elmer Uchofen. Recordó cómo el futuro Papa ayudó a reforzar la capacidad de producción de oxígeno durante la pandemia de Covid-19. se metió en el barro con botas de goma para ayudar a víctimas de inundaciones y dio misa con presos en Chiclayo.
Betania Marina Rodríguez, quien dirige una asociación local de migrantes venezolanos en Chiclayo y también trabajó estrechamente con León, dijo que sentía un choque de emociones.
Todos deseamos que esté sano y fuerte”, señaló. “Y al mismo tiempo, anhelamos verlo, escucharlo y recibir su bendición”.
En Lima, peruanos se persignaron y rezaron el rosario ante una estatua de silicona de tamaño real del pontífice ubicada fuera de una iglesia. Otros se reunieron en el monasterio de Las Nazarenas, hogar de una venerada imagen de Jesús crucificado que atrae enormes procesiones religiosas cada octubre.
Teresa Ramírez, de 73 años, sostenía rosas rojas, blancas y amarillas —los colores combinados de las banderas de Perú y del Vaticano— en el monasterio mientras ofrecía sus bendiciones al hombre al que llamó “el peruano más querido del mundo”.
León, nacido como Robert Prevost en Chicago, se convirtió en ciudadano peruano en 2015 y renovó el año pasado su documento nacional de identidad después de convertirse en papa.
“Para venir al Perú hay tiempo todavía, que se haga la santa voluntad del padre celestial”, señaló Ramírez.
En un asilo de ancianos en la ciudad portuaria peruana de Callao, otra parada del itinerario previsto de León, Mayela Medina, de 52 años, manifestó su esperanza de que las oraciones de millones de peruanos lleven consuelo al papa convaleciente.
“Pasé días oscuros y noches largas cuando me costaba respirar”, dijo, al recordar su propia lucha contra una enfermedad respiratoria. “Ruego con toda mi alma ante Dios que no se sienta abandonado”.
