Después de breve dolencia y a la edad de 73 años, falleció en esta ciudad el actor dramaturg o y director de escena Francisco Marín Manzanero. Nacido el 19 de enero de 1949 en el seno del matrimonio que formaron los señores Francisco Marín Quijano (q.e.p.d.) e Irma Manzanero Castillo, fue el mayor de tres hermanos: Fernando y Armando (ambos fallecidos).

Se oficiará una misa de cenizas en lugar y fecha por definir. Además de su madre, le sobreviven su hijo Francisco; sobrinos Mónica, Armando, Alejandro y Francisco Marín Ancona y Cecilia, Patricia y Fernando Marín Puig, prima doctora Nixma Eljure López, y demás familiares.

 


Paco Marín vivió para el teatro

Lo lloran colegas y discípulos de muchos años

 

Francisco Alberto Marín Manzanero, mejor conocido como Paco Marín, nació en Mérida. Hoy hubiera cumplido un año más de vida.

Desde 1969 desarrolló su actividad escénica, primero en Ciudad de México, donde inició sus estudios en la Escuela de Teatro de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

Participó como actor en obras de teatro, programas de radio, series televisivas, producciones cinematográficas, doblajes, narraciones y locución. Dirigió programas y telenovelas culturales para la Unidad Televisiva y Cultural de la Secretaría de Educación Pública.

Llevó a escena más de un centenar de textos tanto propios como de autores nacionales y extranjeros, desde los clásicos hasta los contemporáneos.

 

Una carrera hecha en Mérida

En 1972 comenzó a trabajar como profesor de teatro. Desde 1984 radicaba en Mérida.

Fue director de El Taller de Teatro de la Escuela de Bellas Artes de Yucatán, los Comediantes de Mérida del Ayuntamiento de Mérida, la Compañía Estatal de Teatro Yucatán-INBA, el Grupo de Teatro El Tinglado, la Compañía Estatal de Teatro Balts’ am y el Colectivo Caballo Azul.

Es autor de: “Mesa de pista”, “Pa’ cantar de un improviso”, “El secreto del arcón”, “En busca de la isla perdida”, “Regreso a Imago”, “Romperemos un pilar”, “Zona para fumar y ver el cielo”, “Gatos Amarillos”, “Cuerpo Andrógino con dos cabezas”, “Dibujar con el dedo un ala herida, “Donde antes tantos pájaros llamaban” y los monólogos; “Alebrije de fuego”, “Cantos del laberinto”, “Ahí no es un lugar en el espacio” y “Cautivo harto febril ante un dragón”.

Dirigió “Teatro bajo la arena” Laboratorio de Experimentación Teatral de la Sedeculta.

 

¿De qué murió Paco Marín?

Recibió la Medalla al Mérito Artístico 1998 y Medalla Yucatán 2019.

“Fue una voz representativa del teatro en Yucatán, con una reconocida trayectoria de 50 años”, dice Jorge Iván Rubio Ortiz, director del teatro “Casa Tanicho”.

“Tuvo momentos muy difíciles, fallecieron su hermano y su sobrino de Covid y él estaba muy triste por eso; luego a su mamá, de 95 años, le dio una embolia, pasó con ella Navidad y año nuevo y regresó el 6 de enero con un cuadro gripal, lo internaron el 7, tenía Covid y una bacteria al mismo tiempo, así con su salud deteriorada, fue fumador empedernido toda su vida, se agitaba mucho solo por caminar, ya sabíamos que el desenlace iba a ser fatal, pero no falleció de Covid sino de la combinación del coronavirus y la bacteria”, dijo Rubio Ortiz.

Al Hospital Regional de Alta Especialidad en el que estuvo internado le hicieron llegar muchas cartas, de jóvenes principalmente, que trabajaron con él.

Jóvenes como lo fue Pablo Herrero, actor y director teatral que entre lágrimas, igual que Silvia y Jorge Iván, recuerdan con cariño a Paco Marín, su amor por el teatro y sobre todo por Lorca.

“Es una figura muy importante que marcó lo más relevante del teatro. Paco hacía montajes que era difíciles hacer, de gran formato, que ahora quien sabe si se volverían a hacer, habría que regresar a lo que él hizo”.

Herrero confiesa que como persona era un amigo generoso y solidario, y como director era muy estricto, “sabía qué quería en escena. En mi caso, me ayudó con mi inseguridad, a soltarme en el escenario, a confiar en mí, me puso con Elena Larrea que era un monstruo de la escena, en ‘Los negros pájaros del adiós’; él te daba todas las herramientas, daba oportunidades a jóvenes y actores con trayectoria”.

Finalmente cierra con la voz quebrada por el llanto: “Hoy hubiera sido su cumpleaños”.

 

Como escritor

Es autor de la dramaturgia de “Venus y Adonis” de William Shakespeare, de las adaptaciones y traducciones de: “Calderón” de Pier Paolo Pasolini, La tragicomedia de “Calisto y Melibea” de Fernando de Rojas, “Poeta en Nueva York” de Federico García Lorca, entre otras, de la traducción del francés de “Salomé” de Óscar Wilde.

 

Carta a Paco Marín

“Maestro Paco, mi amadísimo Paquín, con tu partida se derrumba una enorme parte de mi Vida. En 1984, siendo mis hijos bebés, te conocí y, de tu sabia mano, tuve la dicha de otro alumbramiento: la escena profesional. Gracias a tu luz, supe que a lo único que quería dedicarme profesionalmente, era al teatro, con el que estaba hasta ese momento solo en una relación a medias. Me condujiste con una delicadeza, una flexibilidad y una generosidad extraordinarias. En veinticuatro obras teatrales estuve dirigida por ti.

Fundamos, junto con Nonoya Iturralde y Sofía Bolívar, El Tinglado, ese hito en la historia del teatro independiente de Yucatán. Compartimos mil y una clases, laboratorios, talleres, conferencias, poesía, música, lecturas. Participaste en los cumpleaños de mis hijos, en cada celebración familiar. Contigo y con Pedro Colmenares, tu compañero de vida y de brillantes creaciones, anduvimos por innumerables caminos de alegría. Eras, eres, sinónimo de libertad, de amor profundo a la vida, de imaginación infinita, de compañerismo, de claridad ideológica, de poesía, de entrega al prójimo. Tu ausencia será tan inconmesurable como fue tu presencia.

Tremendo el vacío que dejas en las artes. Siempre estaré agradecida contigo, siempre. La última barca a la que nos subimos juntos fue para andar por el Orinoco, esa preciosa obra de Carballido, junto con Bertha Merodio. Ojalá, mi amado Paco, que en donde quiera que estés puedas sentir lo que se dice al terminar esa puesta en escena: que para ti “¡Falta lo más hermoso todavía!”, escribe la actriz Silvia Káter sobre Paco Marín, director de escena, dramaturgo, actor y poeta yucateco fallecido ayer.

 


 

Jorge H. Alvarez Rendón: Caudaloso río de Paco Marín

Obituario

 

Las vidas, todas las vidas, como los ríos, corren con sus caudas hacia el mar. Y este mar, color de la esperanza o del vino, es el morir.

Así lo confesó el poeta español hace seis siglos. Cada día, un río finaliza su carrera, desemboca y se apaga. Ríos pequeños y mayores, ríos silentes o sonorosos. Extensos, benéficos ríos.

Breves, sencillos, algunos otros. Un río intenso, caudaloso, creador de altas espumas, henchido de minerales y fértiles musgos, ha desembocado en su mar hace unas horas.

Nosotros, como millones antes, quisiéramos aventar un ancla salvadora en esas olas y tratar de asir sus manos, recuperarlo del abismo, darle nuevos cauces a su río, salvar para nuestro egoísmo su presencia. Nos queda solamente el asidero gentil de su memoria. Reunir, una por una, todas las piezas del alfabeto de actitudes y palabras que lo hacían único e identificable, actor henchido de trasfondos, vigilante director sobre la escena, amigo en las buenas y las malas. Francisco, Paco, Paquito, Pacorro…

Cuando lo conocí, en la escuela de Bellas Artes, recién desempacado de la gran metrópoli, quería montar los monólogos de la monja portuguesa. Textos de una crudeza insólita en la ciudad de entonces y empresa no viable. Poco después le vi una farsa flexible como el mimbre, con el alocado ritmo de los delirios juveniles, aunque algo dolorosa. El pobre Mínimo, ojos grandes, brazos desposeídos de malicia, quería saber, saber…

En sus manos, los actores aprendían y perseveraban en la idea de su misión como de asombro, acto de comunicación iluminativa, para tratar de obtener del espectador no sólo aplausos, sino su adhesión a la verdadera comunidad, donde el lenguaje recobra la memoria contra los prejuicios, la falsedad y la injusticia. Nos viene después la nostalgia de “Orinoco”, con aquel barquichuelo al garete en el que viajan dos almas que el azar bautiza con el coraje necesario para afrontar rotundas certezas justo antes de desembocar en su propio mar.

Paco, invisible en el timón; pendiente de cada personaje, sus cicatrices y sus dones, matizando las risas y las congojas de los parlamentos. Teatro helénico o contemporáneo, el ateniense Eurípides, un victoriano inglés como Wilde o el sarcástico Moliere, a cada cual lo colocaba a la vista, en la intemperie de su veracidad actual, acallado el paso de los siglos. Tal era su exacta, meditada investigación de las posibilidades de textos para la existencia en curso.

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