Proponen alterar el ADN para una mejor protección
Nuestro sistema inmune es la línea de defensa de nuestro organismo frente a los invasores, ya sean externos, como podría ser una bacteria, o internos, entre las que se podría mencionar alguna célula cancerígena.
Para cumplir esta función cuenta con numerosas células, que recorren el cuerpo y cuando detectan algo extraño, se reúnen para destruirlo. Sin embargo, el sistema inmune también tiene ciertos anticuerpos que atacan y destruyen tejidos y células sanas.
Según “ABC Salud”, un estudio de investigadores del Instituto Garvan de Investigación Médica en Sidney, Australia, muestra cómo es que el organismo tiene estos anticuerpos dañinos.
Alternativa
Como explica Christopher Goodnow, co-director de esta investigación “ahora sabemos que todo anticuerpo es valioso cuando se trata de combatir a los microbios y, en consecuencia, que los anticuerpos ‘malos’ constituyen un recurso poderoso para el desarrollo de vacunas frente al VIH y otras enfermedades que no pueden ser eliminadas del organismo”.
El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y algunos otros patógenos son difíciles de combatir para el sistema inmune, esto se debe a que este virus y microbios son prácticamente iguales a las moléculas del organismo. Por lo tanto, al atacarlos se corre alto riesgo de destruir muchas células sanas.
Según creían los autores, el sistema inmune debe contar con algún ‘ejército oculto’ de células inmunes capaces de resolver el problema. Entonces se pusieron a buscarlo.
Hace aproximadamente 30 años, Christopher Goodnow descubrió que el sistema inmune contiene un tipo de linfocitos B que, en lugar de producir anticuerpos funcionales, fabrican anticuerpos ‘malos’.
Los investigadores experimentaron con ratones y notaron que estos linfocitos tienen la capacidad de producir anticuerpos para anular moléculas dañinas, pero aún existe el riesgo de que en ese proceso, arrastren células sanas.
La solución es “redimir” los anticuerpos dañinos, introduciendo alteraciones en el ADN: una para que no ataque a las células del cuerpo y dos más para potenciar su actividad. El resultado es un anticuerpo inocuo para el organismo, pero más potente a los patógenos.
Como refiere Deborah Burnett, co-autora de la investigación, “hemos visto que estas células silenciadas tienen un propósito crucial. Lejos de ‘obstruir’ la acción del sistema inmune, proveen armas para luchar frente a aquellos invasores cuyas tácticas de ‘lobo en piel de cordero’ hacen que sean imposibles de combatir para el resto de células inmunes”.
Extra Más datos
Serían útiles
En caso de que todas las armas fallen, el sistema inmunológico activa a los linfocitos B para que produzcan anticuerpos ‘malos’ y modifica su ADN para hacerlos eficaces. Como dice Christopher Goodnow, “los hallazgos muestran que hay una clase de linfocitos B que, si bien silenciados, pueden ser accesibles para el diseño de vacunas pero han sido ignorados”.
