Las mascarillas con válvula facilitan la salida de la respiración sin ningún tipo de filtro

Salud y Vida

Por Yeusví Maley Flores Cazola (*)

Lo responsable, lo ya conocido y, espero, lo aplicado correctamente por todos los seres humanos, es el uso del cubrebocas. Aunado a las medidas de sana distancia y lavado constante de manos, estas acciones son sin duda alguna nuestra única y más grande defensa.

Si bien al comienzo de esta contingencia sanitaria los debates se centraban en la utilidad de los diversos tipos de cubrebocas y su efectividad para el filtrado de las partículas, a 11 meses de declarada esta pandemia, los debates de los expertos hoy transcurren en la protección que brindan las mascarillas con válvula.

El uso adecuado del cubrebocas (cubriendo la nariz y la boca), tiene dos objetivos primordiales igualmente importantes: el primero es filtrar las partículas del aire provenientes del medio externo disminuyendo así la posibilidad de que la persona que lo porta adquiera el virus; la segunda es evitar el paso del aire exhalado por dicha persona hacia el ambiente, y de esa manera, si fuera un portador asintomático, evitar que el virus se disperse en el ambiente.

Como podemos darnos cuenta es una herramienta importante para cuidar tanto de nosotros como de las demás personas.

El debate se suscitó por la existencia de mascarillas que poseen un filtro añadido, ya que entonces la protección se limitaría única y exclusivamente a la persona que lo use, sin contribución alguna al resto de la sociedad.

Estas son las bases sobre las cuales expertos infectólogos y epidemiólogos de diversos países como Inglaterra, Estados Unidos y España, desaconsejan por completo el uso de este tipo de mascarillas.

Si añadimos el costo elevado que presentan en relación con las que no poseen dicha válvula, se suman características importantes para que una servidora se añada a la larga lista de profesionales de la salud que solicitan la prohibición del uso de estas mascarillas.

Nos queda claro que las acciones que realicemos tomando en cuenta la repercusión masiva de nuestros actos y dejando a un lado la precaución de índole personal de manera exclusiva, a mediano plazo tendrán un impacto mayor e injerencia directa sobre nosotros.

Si bien es justo y objetivo reconocer que a pesar del tiempo transcurrido continuamos enfrentando una enfermedad de la cual tan solo conocemos una pequeña porción, y resulta imposible pensar que los juicios emitidos el día de hoy, tendrán el mismo valor el día de mañana; si resulta indispensable y responsable actuar de acuerdo con las evidencias científicas generadas hasta el momento.

Me permito invitarles a mirar las estadísticas de países cuya segunda ola de la enfermedad ha impactado con mayor mortalidad, a reconocer las características propias de los mexicanos cuyo promedio nacional es la alta incidencia de enfermedades cronicodegenerativas y a optar por el uso de cubrebocas que nos permitan avanzar de un cuidado que pudiera denominarse “egoísta”, a un cuidado social responsable que nos permita blindarnos masivamente ante la exposición viral del nuevo coronavirus.

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