La doctora Lía Valencia Chan durante la conferencia “Lactancia y destete en infantes neurodivergentes”, anteayer en el Museo de la Luz
La doctora Lía Valencia Chan durante la conferencia “Lactancia y destete en infantes neurodivergentes”, anteayer en el Museo de la Luz

Maternar y ser neurodivergente es un reto que viven millones de mujeres en el mundo. Entre la lactancia y los desafíos propios de amamantar, estas mujeres, junto con sus bebés, atraviesan procesos sensoriales, emocionales y de organización que pueden sentirse distintos: con mayor intensidad o incluso más abrumadores.

Anteanoche, en la Biblioteca Vagabunda del Museo de la Luz se realizó la conferencia “Lactancia y destete en infantes neurodivergentes. Nuevas perspectivas e impactos en el desarrollo”, a cargo de la doctora Lía Valencia Chan.

La ponente, profesional en lactancia, creó el proyecto que dio origen a la charla a partir de su propia experiencia como persona autista y mamá. Notó que su bebé lloraba constantemente, no toleraba estar en su cuna y mostraba conductas distintas a otros recién nacidos.

Esto la llevó a buscar información que le permitiera comprender la situación y se dio cuenta que no existe literatura sobre lactancia en bebés neurodivergentes.

A partir de la identificación de diferencias reales entre bebés neurotípicos y neurodivergentes, comenzó su investigación.

Paradigma

Precisamente, el enfoque de su estudio se basó en el paradigma de la neurodiversidad, no en conceptos patologizantes. Recordó que la neurodiversidad reconoce que todos los cerebros son distintos: algunos funcionan de manera similar —neurotípicos— y otros funcionan de formas diferentes (neurodivergentes: autistas, TDAH, altas capacidades, dislexia, discalculia, etc).

“Este concepto reconoce, acepta y respeta la variabilidad del cerebro humano en su manera de pensar, aprender, comunicarse, sentir”, dijo.

Añadió que durante la lactancia, los bebés no solo se alimentan, sino que también se regulan. Existen dos tipos de succión: la nutritiva (alimentarse) y la afectiva (regularse emocional, sensorial y fisiológicamente).

En el caso de los infantes neurodivergentes, suelen requerir más contacto con la madre para regularse mediante el calor, el olor, la succión afectiva y la proximidad constante.

Las personas autistas pueden entrar en crisis sensorial por ruido, temperatura, textura o saturación. Estas crisis se resumen en: “meltdown” (gritos, llanto, desbordamiento), “shutdown” (la persona “se apaga”, dejando de hablar o responder) y “burnout” autista (enmascaramiento y saturación que puede durar desde solamente días hasta años).

La intención de la doctora Valencia Chan es que, a través de su proyecto, se genere información “libre de juicios hacia las madres”, pues la mayoría de los estudios sobre lactancia y autismo tienden a ser capacitistas y adultocentristas. En esos estudios se afirma que la lactancia “reduce los síntomas autistas” o que no amamantar “provoca discapacidad intelectual”, lo cual la ponente cuestionó por no tener sustento real.

Casos analizados

Para su investigación, realizó un formulario de Google que fue distribuido en comunidades neurodivergentes. En total obtuvo 489 respuestas, de las cuales 475 fueron analizadas. La mayoría de los hijos reportados eran autistas, seguidos de altas capacidades y TDAH.

Los principales hallazgos mostraron que la lactancia en bebés neurodivergentes suele ser más larga; contrario a lo que dice la literatura, la mayoría amamantó más allá de los dos años.

Además, todos los grupos encuestados reportaron problemas comunes de la lactancia, como dolor de pezones, grietas, mastitis, anquiloglosia y congestión mamaria. Entre las razones del destete, se encontró que en bebés de cero a 5 meses algunas madres reportaron dolor, problemas de lactancia y grietas. En los de 6 a 23 meses, la razón fue el interés del mismo bebé. En los de más de 24 meses influyó el cansancio de la madre o la sensación de que “ya era mayor”.

Formas de regulación

El método de regulación también cambia con la edad: en bebés pequeños ocurre mediante biberón o pecho; de los 6 a 23 meses, principalmente con pecho, y en niños mayores, con abrazo, contención y cercanía física.

Algo en lo que coincidió la mayoría de las madres encuestadas es que sus bebés son de “alta demanda”: necesitaban colecho, eran muy sensibles, lloraban cuando se separaban de la madre y requerían cercanía para dormir o calmarse.

Las conclusiones mostraron que para muchos bebés la lactancia es una herramienta de regulación, no solo alimento. Lo que se busca es crear información respetuosa y útil para familias neurodivergentes, sin culpas ni presiones sobre la duración del amamantamiento.

Lo central es acompañar y comprender las necesidades sensoriales y emocionales del bebé y de la madre.