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No se arregla con solo unos ajustes, alertan expertos

MÉXICO.— Japón es uno de los países con uno de los índices de consumo más elevados de videojuegos pero también el sexto más seguro de todo el mundo.

“Presentan las tasas más bajas de criminalidad y violencia, aunque hay otros fenómenos que padecen, como altas tasas de suicidios”, señaló David Cuenca, especialista de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, en un foro sobre la relación entre videojuegos y conducta violenta.

José Ángel Garfias, especialista de Ciencias Políticas, propuso difundir programas educativos en videojuegos, surgidos de la academia.

“Como conocedores del tema tenemos la capacidad para desarrollarlos. Por ello, convocamos a las autoridades pertinentes, a empresas y sociedad civil a trabajar en conjunto para generar acciones conscientes y congruentes”, apuntó.

Para el psiquiatra de niños y adolescentes Mario Eduardo Pérez, “antes de cualquier juicio habría que conocer a la persona que comete este tipo de actos, su situación social y familiar, si padece alguna enfermedad mental o si existe alguna situación que lo obligue a refugiarse en cierto tipo de videojuegos”.

Como sociedad, admitió, fallamos en identificar a las personas en riesgo, en saber sus necesidades y atenderlas. “No hay en el país suficientes profesionales para atender la salud mental, no solo de niños y adolescentes, sino de la población en general”.

Ausencia

Blanca Estela López, de la Universidad Autónoma Metropolitana campus Azcapotzalco, aseguró que el juego y las actividades culturales y recreativas son medios para canalizar la agresividad de los niños, pero se han reducido en el sistema educativo. “Ya no se imparten, por ejemplo, clases de música, baile o pintura, porque no son redituables”.

Por más cómodo que sean los dispositivos celulares, no pueden sustituir a los padres, maestros ni otros vínculos humanos. “Debemos dejar de pensar en los niños como un objeto y en la familia como una especie de máquina que puede arreglarse con unos ajustes; hay mucho trabajo detrás y las instituciones no podemos desviarnos”.— EFE

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