El miedo, la zozobra y la incertidumbre son sus acompañantes. Al igual que el resto de los habitantes del país, dos decenas de mexicanos, la mayoría de la península de Yucatán, en cada puesta de sol retan, desamparados, al temible Covid-19.
A más de 2,000 kilómetros de distancia de Mérida, en Gaston, Indiana, un puñado de originarios de Yucatán, Quintana Roo y Tabasco, a partir de las 8 de la mañana laboran una jornada de nueve horas en un complejo de 28 extensos invernaderos donde se preparan las semillas para el cultivo de frutas y verduras, con el propósito de ganar el sustento de sus familias.
Aunque saben de la peligrosidad del mortal coronavirus, los trabajadores nacionales desafían con actitud positiva la pandemia que azota con letal mortandad a los Estados Unidos, y están seguros de que una vez que concluya el contrato laboral de ocho meses, que comenzó en marzo pasado, regresarán en octubre para abrazar a sus padres, esposas o hijos, sin importar el sacrificio que ahora doblemente tienen ante sí por la emergencia sanitaria.
Estados Unidos es en la actualidad la nación que liderea en el orbe por la cantidad de afectados por el brote del Covid-19, y según las estadísticas de la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore, al corte del lunes 13 de abril, el número de contagiados es de más de 550,000; ya cobró 22,306 víctimas, y continúa superando récords de fallecimientos en sólo 24 horas. A pesar de las desalentadoras cifras, 38,986 pacientes lograron su recuperación.
Granjeros yucatecos
En Gaston, Indiana, en la región media oeste del país, una comunidad del condado de Delaware con una población de unos 900 habitantes, viven temporalmente las dos decenas de mexicanos, en su mayoría habitantes de la península de Yucatán, que de manera formal, con visas de trabajo oficiales, laboran en los grandes invernaderos de la empresa Cox Farms, donde cultivan semillas y después siembran y cosechan tomate, calabaza, chiles jalapeño y habanero; sandía y melón, primordialmente, que se destinan al mercado estadounidense, a China y a otros países del extranjero.
Ahí, desde hace 24 años, el petuleño Wílberth Can Moo es uno de los jornaleros más veteranos que trabaja por períodos de ocho meses en esa compañía estadounidense.
Curtido por los años de rudo trabajo en los campos agrícolas, en temporadas de verano o invierno, con sol o con extremo frío, el residente en Chetumal, Quintana Roo, comparte su testimonio de cómo viven la segunda contingencia de salud del siglo XXI en el mundo.

“A partir de agosto de 1996 llegué por primera vez a Estados Unidos. Por medio de unos conocidos de Peto me enteré que buscaban trabajadores para el cultivo de frutas y verduras en Indiana y decidí probar suerte. De eso ya pasaron 24 años y acá sigo, siempre trabajando para nuestro patrón, Greg Cox, dueño de la compañía que tiene 28 ‘green houses’ (invernaderos)”, relata Can Moo.
Otros siguen sus pasos
Wílberth, oriundo de Peto, donde nació hace 61 años, también comparte el trabajo en la granja Cox, una extensión de cinco hectáreas, con otros yucatecos, tres paisanos de la villa sureña; siete de Tekax, y uno de Mérida. También con algunos peninsulares, dos jornaleros de Bacalar y Chetumal, y el resto tabasqueños, del municipio de Balancán. El grupo en Gaston, Indiana, lo integran los 20 habitantes del sureste de México.

“Entre los petuleños que ahora viajaron conmigo están Jorge Cámara Canul, Miguel Sosa Canul y Humberto Ramírez Avilés, pero entre todos los demás nos apoyamos y ayudamos, hay compañerismo y lo único que tratamos es hacer bien nuestro trabajo para ganar más dinero y enviarlo a nuestras familias, es la única forma de salir adelante”, expresa el vecino del cono sur de Yucatán.
“En marzo nos dedicamos a la producción en los invernaderos, sembrando en charolas especiales semillas de tomate, chiles jalapeño y habanero, calabaza, sandía y melón.
Las ‘green houses’ tienen una temperatura, un ambiente regulado para que las plantas crezcan, y cuando llegue el momento se trasplantan al campo para terminar su reproducción, y al final se recolecta todo el producto. De acuerdo a la programación, en agosto ya se debe levantar la cosecha“, explica el migrante yucateco.


Cuando se oculta el sol
El trabajo de los habitantes de la Península comienza cuando despunta el sol en el horizonte de Indiana, conocido a nivel mundial por sus tierras de cultivo. Wílberth Can cuenta que antes de las ocho horas deben levantarse y desayunar algo para después partir a lo que cada uno tiene como encomienda.

“Ahora, durante marzo y abril estamos en el proceso de sembrado y mantenimiento de la semillas de las frutas y verduras en los invernaderos, donde después de unas tres semanas, cuando las plantas alcancen una altura de unos 20 centímetros se trasladan al campo para resembrarlas, a mediados de abril. En la etapa de crecimiento, en agosto, se comienza a levantar la cosecha y se termina todo el ciclo entre septiembre y octubre”, abunda.
“Se trabaja hasta las cinco de la tarde, sin día de descanso, de lunes a domingo, ya que aprovechamos que a los gringos no les gusta trabajar en el campo y menos en sábado y domingo. Además, la paga así es mayor, ahora recibimos 14.52 dólares por hora, lo que nos permite, después de nuestros gastos de comida y algunas otras necesidades, enviar una buena cantidad de dinero a nuestra familia”, explica el jornalero petuleño.
Vivir en Gaston
Las granjas donde laboran los peninsulares están a unos cuatro kilómetros al norponiente de Gaston, lo que les permite a los jornaleros yucatecos desplazarse con facilidad para ir al pueblo, donde viven más de 900 personas, la mayoría, el 97% habitantes blancos, según el censo de Estados Unidos de 2010. El 2.87% son hispanos o latinos, y el resto afroamericanos y asiáticos.
“Es un pueblo pequeño, como Xpechil (comisaría petuleña a unos dos kilómetros de la cabecera municipal , donde hay negocios de comida, un banco y un supermercado, ahí compraron nuestros alimentos para la semana, ya que el patrón sólo nos paga los boletos de ida y vuelta de México a Estados Unidos y nos da un lugar para dormir. Los gastos de la comida y el servicio médico van por nuestra cuenta”, prosigue.

“Ahora, por la emergencia del coronavirus todos los comercios y negocios están cerrados, sólo están abiertos, con atención en ventanilla, los restaurantes, que surten comida para llevar; las farmacias y la clínica. También un gran supermercado que antes abría las 24 horas, pero por las nuevas medidas sanitarias lo hace de siete de la mañana a siete de la noche. Ahí hay servicio de banco para enviar el dinero a nuestra familia. Sin embargo, la situación también está difícil aquí, no tanto como vemos las noticias de Chicago y sobre todo en Nueva York, donde la gente se está muriendo por esa epidemia”, expresa Can Moo.
Wílberth refiere que las medidas para evitar la propagación del virus en Gaston, donde sabe que hay algunos contagiados, son muy estrictas, y además de las recomendaciones de higiene ya conocidas, como el lavado continuo de las manos, el uso de cubrebocas y guantes, también hay toque de queda las 24 horas, y sólo se permite que una persona acuda a comprar medicinas y alimentos, so pena de una multa de 80 dólares, y si reincide, la cárcel.

“El patrón nos dijo que nos lavemos mucho las manos, que nos cambiemos la ropa cuando vayamos al pueblo y en caso de tener tos y/o calentura le avisemos para tomar las medidas necesarias y no contagiarnos en la granja. Hasta ahora, gracias a Dios nadie de nosotros está enfermo, tenemos miedo, pero pensamos positivamente y estamos bien, aunque sí nos preocupan nuestras familias en Yucatán”, se sincera Wílberth.
Como si fueran inmunes
El trabajador de Peto afirma que aunque él y sus compañeros tratan de no pensar en infectarse con el Covid-19 mientras siembran las semillas de frutas y legumbres, el simple hecho de trasladarse a los huertos e invernaderos, saben, en el fondo, que también los ponen en riesgo pero no hay nada que puedan hacer para cambiar la situación, ya que no tienen cubrebocas ni pueden practicar el distanciamiento social.

“El patrón y algunos conocidos de las granjas y de Gaston nos dicen que somos fuertes, ya que a pesar de lo cansado que hacemos, parece que somos inmunes, y seguimos trabajando igual que todos los días, sin importar la emergencia de salud de la que tanto se habla”, destaca Wílberth Can Moo.
Quizás sin reconocerlo o estar conscientes, los jornaleros yucatecos son apenas una porción de los miles de trabajadores mexicanos en varias entidades de Estados Unidos que realizan una labor crucial y ahora en tiempos de la mortífera pandemia se hace más patente su valor y relevancia, a pesar de la perorata radical contra los latinos e hispanos del presidente Donald Trump, que se queja de los cientos de indocumentados que cruzan la frontera estadounidense para hacer la labor que los ciudadanos del vecino país del norte no están dispuestos a llevar al cabo, aún en circunstancias más benévolas.
Trabajadores agrícolas en Estados Unidos
De acuerdo con datos demográficos del sindicato Campesinos Unidos, cofundada por el legendario activista César Chávez, en la Unión Americana hay alrededor de tres millones de trabajadores agrícolas. Los estados con el mayor número de jornaleros laboran el California, Texas, Washington, Florida, Oregón y Carolina del Norte.
Casi el 80% de los trabajadores del campo en el país del norte de México son varones, la mayoría menores de 31 años de edad. La mayoría están casados y/o tienen hijos, y de ellos el 75% nació en territorio mexicano.
Una encuesta elaborada en 2005 calculó que el 53% de los hombres y mujeres del campo en Estados Unidos son indocumentados (sin autorización legal), el 25% son ciudadanos estadounidenses y el 22% restante son residentes permanentes o temporales con visas laborales. Los más recientes datos corroboran las cifras de hace 15 años.
Los jornaleros “temporeros” trabajan principalmente en la agricultura pero viven en un solo lugar durante varios meses o hasta un año. Esta categoría de empleados, por lo general son contratados por los dueños de las granjas o por empresarios que desempeñan la función de intermediarios entre los agricultores y los trabajadores.

El programa H-2A del Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS) permite que jornaleros extranjeros (guestworkers) trabajen en la agricultura en los Estados Unidos con una visa de trabajo temporal. Sin embargo, a partir del viernes 20 de marzo pasado la USCIS (por sus siglas en inglés) anunció la suspensión inmediata del servicio de procesamiento prioritario debido a la pandemia del Covid-19.
Los empleados con visas H-2A en 2019 sumaron 258,000, aproximadamente el 20% de la fuera laboral agrícola. El 80% restante de la mano de obra agrícola la conforman principalmente trabajadores migrantes con y sin documentos.
Antecedentes de migrantes yucatecos
El éxodo de los yucatecos a la Unión Americana no es un fenómeno reciente. En el trabajo “Las nuevas migraciones yucatanenses: Territorios y remesas” de Esther Iglesias Lesaga, investigadora del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, cita que los “primeros antecedentes de la migración trasnacional yucateca, básicamente migración hacia Estados Unidos, se remontan hacia poco antes de la década de los ochenta”
La también especialista del Conacyt destaca que el primer destino de los originarios de Yucatán en los Estados Unidos hace 40 años fue Los Ángeles, California, y los condados aledaños, pero en la actualidad, y de acuerdo a una encuesta sobre esa migración, la presencia de los yucatecos se extendió prácticamente a todo lo largo y ancho del territorio estadounidense.
“En 2004, del total de migrantes originarios de Yucatán, el 77% estaba instalado en California, 9% en Oregón, 6% en Colorado; los estados de Texas, Nevada, Washington, Musiri, Utah y Florida contaban cada uno de ellos con 1% del total, mientras que el restante 2% lo componían migrantes de quienes no fue posible identificar su lugar de destino”, precisa en su trabajo la doctora Iglesias Lesaga.

La investigadora considera que entre las características más sobresalientes de la migración de los yucatecos al vecino país del norte está el alto número de desocupación del espacio rural en el estado, principalmente de los municipios de la antigua zona henequenera, y los remanentes de la mano de obra que dejó de absorber la Riviera Maya, en Quintana Roo, y algunas maquiladoras instaladas aún en Yucatán.
También afirma que “la docilidad de la mano de obra de Yucatán encauza” a las personas que tienen una baja calificación laboral a ir en busca de empleos menos demandantes en términos de formación o capacitación laboral, pero con una remuneración mayor en cuanto al tipo de cambio de la moneda estadounidense frente al peso, incluso en el trabajo duro del ramo agrícola.
Población yucateca y remesas
El doctor Eric Villanueva Mukul, director del Instituto para el Desarrollo de la Cultura Maya del Estado de Yucatán (Indemaya), señala que actualmente hay alrededor de 220,000 migrantes yucatecos en Estados Unidos, 35,000 más que hace dos años y a pesar de las fuertes restricciones para ingresar al territorio norteamericano.
Además, que 12 son los principales municipios yucatecos que destacan por emigración a la Unión Americana: Oxkutzcab, Peto, Cenotillo, Mérida, Tzucacab, Muna, Tekit, Maní, Dzan, Akil, Ticul y Motul, y que se establecen, de manera temporal o por largas temporadas, en mayor número primordialmente en las ciudades de Los Ángeles y San Francisco, en California, aunque en las décadas anteriores aumentó la población en Oregón, Texas y Washington.
“La información que tenemos ahora es que por la pandemia del coronavirus están pasando momentos muy difíciles los yucatecos en Estados Unidos, al igual que los ciudadanos de ese país, específicamente en las entidades cercanas a Nueva York donde el Covid-19 ya cobró miles de víctimas”, añade el funcionario.
El director del Indemaya resalta que muestra de la grave situación de emergencia sanitaria en Estado Unidos por la propagación del coronavirus se refleja en el envío de remesas de los yucatecos, que suma en el primer trimestre del año unos 60 millones de dólares, un 10% mayor al del mismo período de 2019. Sin embargo, cree que a partir de este mes de abril y en lo que resta de 2020 descenderá de manera drástica, ya que tiene conocimiento del despido de trabajadores o la reducción de sus salarios, aunque en el caso de los jornaleros con visa de trabajo se les mantiene en sus labores.

“En lo que va del año, según los datos oficiales hay 108 mexicanos muertos en los Estados Unidos por el Covid-19, dos de ellos yucatecos, un varón y una mujer de Oxkutzcab, ambos migrantes”, apunta.
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Luz de esperanza
A pesar del sombrío panorama que se advierte y se vislumbra en Estados Unidos, los agricultores mexicanos, los peninsulares, los yucatecos en Gaston, Indiana, no pierden la fe y la esperanza de que saldrán bien librados de la batalla contra la crisis sanitaria en esa nación.
Aunque les inquieta la salud de sus familiares en sus lugares de orígenes, en Yucatán, Quintana Roo y Tabasco, mantienen la fe y la esperanza de que el final sea alentador.
“Sí, es verdad, vivimos y trabajamos con temor, porque sabemos que no estamos exentos de contagiarnos, pero Dios quiera y no. Esperamos que todo pase y no nos afecte”.
“No es nada agradable estar acá, ver y escuchar cómo muere la gente, pero nos anima que con cada día que pase, con cada puesta de sol estamos más cerca de regresar con nuestra familia para finalmente abrazarlos”, concluye Wílberth Can.
