TIZIMÍN.— En la antigüedad, en los cementerios, las familias solían realizar grandes edificios sobre las bóvedas de sus fallecidos, sin embargo los tiempos han cambiado y hoy hay un reglamento que los limita a edificar.

En el cementerio antiguo son contados los mausoleos familiares que hoy se conservan donde reposan en el mismo sitio, los restos de incluso cinco personas que tienen algún parentesco entre sí.

Los sepultureros dicen que hay familias que para estas fechas ya han ido a darles mantenimiento a las tumbas y otras están en abandono desde años atrás.

Sobre las construcciones, actualmente hay un reglamento que firman los propietarios donde les impiden realizar edificaciones que rebasen los 80 centímetros de alto sobre la bóveda.

No obstante ese reglamento es flexible, ya que hay quienes hacen las construcciones tras solicitar un permiso en el Ayuntamiento. Los sepultureros dicen que los mausoleos actuales son más modestos, ya que son más pequeños.

Uno de los trabajadores recuerda que hace aproximadamente cinco años un reconocido ganadero, quien también era abogado, llegó y pidió seis bóvedas y ofreció pagar el precio que sea y de contado, porque quería que sus restos estén sobre un edificio de gran tamaño.

Esa persona, aunque hizo su solicitud en el ayuntamiento no se lo dieron a pesar de su ofrecimiento de pagar “lo que sea”. Al final, cuando falleció, sus restos fueron depositados en una tumba modesta que a la fecha su familia conserva.

En contraste con edificaciones de gran tamaño y fuera de lo tradicional, también existen fosas comunes en el suelo para las familias de escasos recursos donde no hay ni siquiera una bóveda en construcción.

Según los sepultureros, hay gente que no tiene el recurso ni para adquirir un ataúd ni mucho menos un terreno propio, así que es a ellos a quienes se les da un pequeño espacio en el cementerio antiguo donde yacen sus restos.

En esas fosas solo hay cruces de madera y una capa de tierra, y como esa hay varias que datan de más de 50 años, incluso se han perdido y se han vuelto pasillos pues fueron olvidadas.

Así como hay tumbas modestas, también hay otras con obras de arte que los mismos familiares plasman sobre las tumbas de sus seres queridos.

Todavía hace una semana fue tendencia en redes sociales un sucileño que compartió en sus redes sociales la tumba de su abuelita misma que decoró y luego compartió fotos del antes y después.

A raíz de esa obra, varios le han comenzado a cambiar las fosas de sus difuntos.

En Tizimín, los sepultureros dicen que la gente no solía pintar con colores llamativos las tumbas de sus difuntos, pero hoy lo ven con normalidad y hasta a las demás personas les agrada y las piden así, pues ya hay hasta encargos.

Aunque no hay un precio establecido, los trabajos van desde los $300 hasta los $600 que abarca desde el lavado, remozamiento y pintura.

En vísperas del “Hanal Pixán” se han incrementado las visitas de las familias para dar limpieza y cambiar las flores de sus difuntos, aunque hay otros que están abandonadas entre maleza.— WENDY UCÁN CHAN

Colaboradora de Megamedia en municipios del oriente de Yucatán desde junio de 2009. Cubre noticias generales en las comunidades de esta región: política, gobierno, campo, ganadería, sucesos policíacos, religión, artes y cultura.