VALLADOLID.— En medio de misticismo y una conexión entre la vida y muerte, se inició el Festival de las Ánimas frente al cementerio general de esta ciudad.
El evento fue un escaparate para los turistas que, junto con los vallisoletanos, anteanoche disfrutaron parte de las costumbres y tradiciones yucatecas.
Los visitantes no solo conocieron más sobre la celebración a los fieles difuntos, sino también de las vaquerías, danzas prehispánicas y de la comida tradicional que se colocó en el altar de pixanes, en el parque de la colonia Emiliano Zapata, ubicado frente al panteón.
Numerosos vendedores de comida, artesanías, flores y veladoras instalaron sus puestos frente al camposanto municipal para obtener ingresos económicos.
Desde el martes, el parque y el cementerio general son una opción más para que visiten los turistas.
Incluso, estos días de muertos son motivo para que muchos de ellos pernocten en este Pueblo Mágico.
Visitantes nacionales y extranjeros quedaron maravillados con el Paseo de Ánimas, que llevaron al cabo las autoridades municipales, ya que durante el recorrido tomaron fotografías y grabaron vídeos de las mestizas que tenían velas en mano.
Los asistentes partieron del camposanto y llegaron al altar de pixanes.
Frente al altar de Hanal Pixán, el maestro Martín Pérez Dzul, de la Casa de la Cultura, dio una breve explicación de la celebración a los difuntos y los elementos que contiene la mesa.
En su discurso, el alcalde Alfredo Fernández Arceo agradeció a los asistentes y, sobre todo, a los visitantes por ser testigos de las representaciones y costumbres de México y Yucatán.
“Somos descendientes de la cultura más grande del mundo, que es la maya. Estas actividades que realizamos son parte de nuestras tradiciones para recordar a nuestros difuntos”, expresó el primer edil.
Asimismo, invitó a los turistas a quedarse y a seguirse enamorando de la Sultana de Oriente. Posteriormente, hubo una representación de danza prehispánica, cuya escenografía fue de la pirámide de Kukulcán.
Al final se ofreció una vaquería de pixanes.— Wendy Ucán Chan
