CHEMAX.— “Tenía miedo que se caiga mi chan casita”, externó la señora María Kinil Herrera, de 64 años de edad, quien prácticamente fue rescatada por uno de sus hijos que vive a un lado, en el mismo terreno, ubicado en la colonia “Paraíso” de esta cabecera, por donde ingresó al Estado el huracán “Beryl”, que dejó a su paso daños en árboles y algunos postes.
María Kinil vive junto con su esposo, Nicolás Pool Canché, en una casa-dormitorio humilde, construida de palos, cuyo techo se compone de guanos.
A unos metros se encuentra un predio de bloques habitado por uno de sus hijos.
Pese a los pronósticos de los vientos del fenómeno, la mujer decidió resistir los embates de “Beryl” en el interior de su modesta residencia, en donde en la parte trasera hay otra construcción similar habilitada como cocina y que cuenta con piso de cemento.
Con la angustia y desesperación por las circunstancias vividas, la entrevistada, quien vive en extrema pobreza, explicó que pensó que no iba a pasar nada y decidió quedarse en su casita a dormir.
Su hijo le ayudó a poner lonas y plásticos en el techo para protegerse.
Incluso en el interior se colocó una lona para evitar que se filtrara el agua, pero todo resultó inútil.
Manifestó que a las 6:30 de la mañana empezó a sentir mucho miedo, ya que “escuché cómo chiflaba el viento, hasta que me di cuenta cuando un árbol cayó sobre los guanos de mi techo”.
“Me asusté mucho, pensé que en cualquier momento me iba a morir, pero alrededor de las 8 de la mañana llegó mi hijo y me llevó a su casa”, expresó.

Alcaldes la ignoran
Recordó que desde hace varios años ha solicitado apoyo a los antiguos alcaldes para que le construyan una casa de bloques.
Al principio le dicen que cumplirán con su promesa, pero al final de cuentas no le cumplen.
En el patio se encuentra otra endeble construcción de láminas, en donde resguardó a sus aves de patio.
De hecho, un día antes del ingreso de “Beryl”, su esposo salió al patio a meter a los pollos. Sin embargo, se cayó y lesionó la cadera, situación que se complicó porque padece de diabetes y tiene que ser llevado al médico.
María Kinil agregó que tiene ocho hijos, todos adultos. Siete de ellos viven en Playa de Carmen y les mandan dinero, aunque no es suficiente para construir una casa segura.
