En Tzucacab una familia mantiene la tradición maya del Ch’a’ Cháak
En Tzucacab una familia mantiene la tradición maya del Ch’a’ Cháak

TZUCACAB.— Como ha ocurrido puntualmente cada año desde hace más de tres lustros, la familia Chulim encabezó el pasado domingo la ceremonia del Ch’a’ Cháak, ritual ancestral para implorar a los “Yuun tziles” el regalo de la lluvia que dé de beber a sus cultivos y animales.

A sus casi 80 años, don Ernesto Chulim Santamaría mantiene viva la llama de la herencia.

Para él, la clave no es solo cumplir, sino hacerlo “como enseñaron los abuelos“. Esa fidelidad al origen garantiza que las ofrendas conserven el sabor sagrado que agrada a las deidades.

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Cha Cháak, entre el misticismo y el fogón

Bajo la guía de la X’men Fernandita Briceño, de 80 años —una de las últimas mujeres depositarias de este conocimiento ritual—, la ceremonia inició desde la noche del sábado.

El proceso es una coreografía de fe: desde la preparación del balché y el saká, hasta el laborioso proceso del enterrado de los panes de masa y pepita.

Don Ernesto es enfático: el secreto está en el pib. Los panes deben cocerse bajo tierra, lejos de la frialdad de los hornos modernos, pues solo el calor del subsuelo otorga el sabor auténtico que exige la tradición.

En Tzucacab una familia mantiene la tradición maya del Ch’a’ Cháak
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El festín místico se complementa con el Choo kho (carne de ave), servido en el Hoó che.

¿Qué es el Cha Cháak?

De acuerdo con una investigación que realizó el Centro de Investigaciones Regionales “Dr. Hideyo Noguchi”, de la Unidad de Ciencias Sociales de la Uady, esta ceremonia tiene como finalidad para rogar a los dioses mayas, santos cristianos y seres sobrenaturales su intervención para que caiga la lluvia.

El estudio señala que para los campesinos milperos la denominada rogación por la lluvia es un paso más en todo el proceso agrícola, y tan importante como la siembra o cualquier otro proceso.

En Tzucacab una familia mantiene la tradición maya del Ch’a’ Cháak
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Sin siembra no hay cosecha, pero tampoco sin rogación a los dioses de la lluvia, los chaako’ob y sus “jefes” los santos, sobre todo San Miguel, la Virgen Verónica, y por supuesto a Jesús y Dios, todos reunidos en la ceremonia de ch’a’ cháak, destaca la investigación.