(Primera Columna publicada el 9 de febrero de 2001)
Don César Pompeyo y el reportero extendieron un mapa de la ciudad sobre una banca de la Plaza Grande, la de siempre, y ubicaron las fuerzas, las estrategias y las batallas iniciales de la guerra del desacato, conocida también con el apelativo de “Cervera contra el resto del mundo”, en autorizado préstamo del argot del fútbol al habla política.
-De acuerdo con la formación de tablero de ajedrez -anticipó el reportero-, las primeras víctimas serán siete.
Basado en sus investigaciones de la guerra de castas y las tácticas de los sublevados, don César demostró que en la ofensiva de los desacatistas habrá tres posiciones: muy detrás, el general en jefe; detrás, los coroneles, tenientes y demás oficiales, que son los 14 diputados, y delante los siete consejeros capitaneados por Roger Medina Chacón.
-Los siete consejeros -puntualizó don César- son la infantería, la carne de cañón. A ellos les pegarán primero.
Después de un análisis de los aviones anunciados ayer en México por Santiago Creel, en un discurso pronunciado en Los Pinos, el reportero preguntó: -¿Qué les pasará a los consejeros de la 57? Al señor Pompeyo se le ensombreció el rostro. Recordó su sugerencia de que los siete soldados del Congreso depusieran las armas y renunciaran a sus propósitos bélicos. Es lo mejor que les puede pasar.
-¿Y si no renunciante? Anochecía en el rostro del señor Pompeyo una noche triste, triste como aquella noche de Hernán Cortés, cuando respondió al reportero: -No doy cinco centavos por los siete. Si logran huir -reaparece Suiza en el desacato-, serán fugitivos de la justicia, con todas sus consecuencias: ostracismo, constancia de antecedentes penales, inhabilitación para ocupar cargos públicos, fichaje en la Interpol. Un trastorno cardíaco cada vez que ven a un policía u oigan una sirena. Recuerda que ellos no tienen fuero. Los han mandado al frente sin casco ni fusil.
-¿Y si no tienen la suerte del “Chapo” y los agarran? -De perdido se los llevan a Almoloya. Luego el consejo de guerra, por conspirar contra la República. Es el destino de los incautos: les ofrecen pedestal de héroe y terminan con alpargatas de penitente.
-Y a los diputados, don César, ¿cuántos centavos da por ellos? -Si triunfa el desacato y nos separamos de México, nos van a demoler el Monumento a la Patria del Paseo de Montejo para poner una rotonda con sus ocho estatuas, como padres adoptivos y madres subrogadas de la nueva nación.
-¿Y si no triunfa? -Los agarran en julio, cuando se les cae el fuero, y que se agarran.
-¿Qué me dice del señor Cervera? -A mediano plazo tiene la victoria a la vista. El Consejo del Trife anunció que si el 15 de febrero no consigue lo que necesita que le digamos adiós a las elecciones. Se suspenden, se posponen, se postergan. 10 meses. Dos años y medio…
Las elecciones son el primer muerto que vamos a enterrar en esta guerra. Eso es precisamente lo que busca Víctor con la guerra…
-Guerra total, don César. En el discurso que pronunció hace un rato en Palacio, rodeado de pasajeros de autobuses, el señor gobernador rechazó el ultimátum del Trife y anunció una concentración de masas en la Plaza Grande. Dicen que va a traer a 30.000 campesinos, ejidatarios, etc. Ni en la guerra de castas lograron eso. Yo estaba allá. Llamó traidores a todos los que apoyan al Trife, y ya sabe usted que, además de los consejeros legales, con el Trife están los abogados, los empresarios de Coparmex, la asociación católica de padres de familia, los que escriben en el Diario, las damas meridanas que firman un manifiesto dirigido a los diputados del PRI que vamos a publicar mañana. Todos traidores y traidoras. Olía a pólvora el discurso. Una guerra de galaxias. Desafió al “Imperio”…
-¿Y si el imperio contrataca? -observó don César-. Porque el gobierno de Fox no se va a quedar con los brazos cruzados mientras tiran el pacto federal a un cenote y le sumen la cabeza. El segundo muerto. Y podría ser sólo el principio. ¿Sabes qué pasó en los setenta, cuando los cerveristas, en su desacato anterior, se sublevaron contra el gobernador Loret de Mola? -Lo leyó. He visto las fotos.
Incendios, saqueos, destrucción. El ejército se hizo cargo de la ciudad…
-Todo eso se puede evitar, reportero. Bastaría con que, solidarizándose con el Colegio de Abogados y Coparmex, las instituciones que han callado hasta ahora, como la Junta Coordinadora del sector privado y la Federación de Colegios Profesionales, las agrupaciones cívicas, científicas y sociales, las católicas, sobre todo, le dicen al gobernador ya los diputados del PRI que Yucatán no los apoya en su desacato a la Federación. Pero que sea pronto, o va a arder Troya.
-Y las jerarquías de las Iglesias yucatecas y sus sacerdotes y pastores, ¿qué pueden hacer, don César, por el pueblo yucateco? ¿Qué pueden hacer para impedir que la paz se acabe en Yucatán con una guerra fratricida? -Una responsabilidad muy grave reportero, porque se supone que son la conciencia de la sociedad, los custodios de los valores supremos que pueden sacarnos del callejón de la amargura en que vamos a enterrar a nuestros muertos, con responsos y honras fúnebres ante el ataúd de las elecciones del 27 de mayo.
