(Primera Columna publicada el 13 de noviembre de 2003)
“¿Qué tanto escribe usted en esa libreta verde?”, preguntó el reportero a César Pompeyo al llegar a la banca de la Plaza Grande. “¿Puedo verla?”Otorgado el permiso, leyó el título de la primera hoja: “La otra historia de los gobernadores. Capítulo 44. De Pilatos a Cervera”.
Siguió leyendo. Página 2, 5, 15, 32, 44…
44 páginas dedicadas a detallar con letra chica, apretada, las intervenciones del gobernador Cervera Pacheco en el caso Medina Abraham. Al llegar a la 45 -la libreta es de 100 hojas- el reportero comentó:”La libreta dice que el señor Cervera estaba enterado de todo. Que los procuradores le rendían un informe diario sobre lo que hacían o permitían que se hiciera por instrucciones de los abogados y peritos de la familia Abraham Mafud…””Así es, reportero, en el caso Medina Abraham no se movía una hoja del árbol sin la autorización de Víctor. Ya sabes cómo es él”.
“Lo que sé es que se molestó mucho en la entrevista cuando le preguntamos por qué había permitido que la familia Abraham manejara a la Procuraduría. Dijo…”.
“Sé lo que dijo Víctor. Que no tuvo nada qué ver en el caso Medina Abraham. Que la Procuraduría hizo todo sin consultarle ni informarle. Que él no es responsable de nada”.
“¿A quién voy a creer, don César? ¿Al señor Cervera, que jura que no sabía nada, oa la libreta verde, que afirma que él sabía todo?”
“No me hagas caso a mí. Te propongo una tercera opinión. Alguien que conozca a Víctor mejor que yo. ¿Qué te parece un profesional de la talla de Manuel Castillo Rendón? Manuel lo conoce muy bien. Hace lo que se llama un retrato hablado de don Víctor.
“Abre la libreta en la página 33 y saca el recorte del artículo de Castillo Rendón. Lo publicaste el 4 de noviembre. Busca el párrafo número 11”.
El reportero empezó a leer: Con Cervera Pacheco “no hay cuentos, ni píldoras doradas y mucho menos engaños…” “No, no es allá. Busca más adelante”.
“Sabe cómo ejercer el mando, no hay titubeos, sus decisiones son producto del análisis paciente… está pendiente de las acciones de su gente…””Tampoco allá. Lee el párrafo 12”.
El reportero leyó: “Cuando se dice que Cervera Pacheco estaba en todo, así es, estaba y está pendiente de todo, de lo político, de lo técnico, de lo social. Actuar con un celo así le permite a cualquiera saber qué terreno se está pisando, prever situaciones no esperadas o hacer que las cosas sucedan y esto… se llama control de la organización y, en el mundo actual, quien controla y tiene la mayor información, tiene el poder”.
“Amén, reportero. Lo que dice Castillo Rendón es el puro evangelio cerverista.
Víctor estaba pendiente del caso Medina Abraham. Estaba en todo. Sabía el terreno que pisaba. Estaba más informado que nadie de lo que pasaba en la Procuraduría. No podía dorarle la píldora. El hizo que las cosas sucedieran. Tenía el poder y lo ejerció”.
“Entonces, ¿por qué le molestó tanto la pregunta?””Pose. Colmillo. No conoces a Víctor. Se molesta para desenfocar la pregunta, para distraer la atención, para llevar el caso al agua…””¿Qué agua?””El agua de la palangana. Para lavarse las manos. Es el mismo caso de Pilatos. Como gobernador de Judea, Víctor sabía perfectamente bien que las acusaciones eran falsas. Tan falsas como las pruebas que inventaron contra Armando. Pero hay algo revelador en la entrevista. Se fijan en lo que dice Víctor, pero no en lo que calla. Vuelve a leer sus declaraciones.
Se molesta, afirma que él no hizo nada, desenfoca, jura que ignoraba todo, distrae, pero, fíjate bien: nunca niega que la familia Abraham Mafud manejaba a la Procuraduría. Se va directo a la palangana”.
“Pero en el caso Medina Abraham, periodista, hay otra cosa más importante que la palangana. Vamos a dejarlo para mañana. Vas a llegar tarde a misa y es necesario que te vean, que vean que te dejaron entrar”.
