(Artículo publicado el 9 de septiembre de 2005)

Por Eugenio RIVAS ALONSO

Nuestro título es el mismo que tuvo en inglés la serie de televisión sobre la familia Ewing, rica, poderosa, influyente a tal grado que dirigida por su patriarca, el temible, implacable JR, llegó a dominar la sociedad de Dallas, esa ciudad de Texas que le dio su nombre a la edición en español de esta telenovela que por el éxito de audiencia que tuvo, por su acierto al exponer las intimidades de los famosos, regresará pronto en nuevas versiones a la pantalla chica.

Recordamos a “Dinastía”, o “Dallas”, al conocer que la Suprema Corte ha negado su amparo a Armando Medina en una resolución que confirma la sentencia de homicidio. Como se trata de una polémica que ha durado diez años, habrá opiniones diversas sobre el fallo del tribunal y cada una tendrá su enfoque correspondiente.

La sección de este periódico “Primera Columna” presenta en su editorial de hoy un enfoque “cristiano” de la decisión de la Corte. Respecto al punto de vista, no pongo en duda su validez, pero veo aconsejable la exposición de un enfoque distinto, más cerca de la tierra que del cielo. Un enfoque realista, con los pies en la tierra, que contempla a los dos adversarios, al que ganó y al que perdió. Si hablamos en plata debemos reconocer que en el caso Medina Abraham hay vencedores y vencidos. No hay vuelta de hoja.

El triunfo de los vencedores es impresionante. Se ha dicho, y la realidad lo ha demostrado, que tienen el apoyo de la Presidencia de la República, la procuraduría de la nación, el ejército, el senado, la Cámara de Diputados, los líderes de los partidos, la televisión, los periódicos de la capital, los dirigentes de la fe católica y otras religiones. Ahora agregan a la Suprema Corte a la nómina de sus conquistas.

En Mérida hay algunos que no los apoyan, pero se puede decir que los discrepantes están limitados a los que escriben en este periódico. A los vencedores se les admira, imita y corteja en el mundo de los negocios, se les obedece o por lo menos se les respeta en las cámaras e instituciones de la iniciativa privada, se acatan sus instrucciones en los juzgados, familias de alto rango social asisten a sus fiestas, tienen abiertas las puertas de los clubes, abiertas también las puertas de la Catedral, reciben homenajes en planteles educativos…

Es cierto que el gobernador ya no está a su servicio, pero podría ser una omisión transitoria. En los círculos políticos se asegura que ellos pondrán al próximo gobernador por los fuertes nexos que los ligan a los precandidatos de cada partido y la demostrada capacidad que tienen para financiarlos a todos. Gane quien gane la gubernatura, los vencedores del juicio Medina Abraham serán el poder detrás del trono, la consulta obligada, el permiso indispensable, la recomendación infalible, la voluntad que no se debe desafiar ni aquí ni en la altiplanicie.

En este enfoque los vencedores son la Dinastía que llevará la voz cantante en Yucatán, que guiará los pasos y marcará los gustos y preferencias de la sociedad. La historia la escriben los vencedores, es cierto: lo demuestra el caso Medina; pero los vencedores también escribirán el futuro con su puño y letra. “String together with the campeón” (Ponte junto al campeón), dice el refrán inglés. El fallo de la Corte le otorga una importancia suprema al antiguo, astuto proverbio árabe: “Mano que no puedas doblar, bésala”.

No todos harán fila para el besamanos en los cónclaves y saraos del factótum. Los vencidos tendrán un enfoque diferente. También me han impresionado. Los veo con la admiración y el afecto que suelen acompañar al quijote que empuña la lanza contra los molinos del mundo, que se levanta con un paso al frente después de cada golpe que le asestan por la espalda. Que no se deja aunque le rajen el alma. El enfoque de los vencidos nos dirá que el fallo de la Corte es un aviso de experto. Una advertencia de que estamos muy mal y si seguimos por donde vamos nos pondremos peor.

El aviso es digno de atención, pero para evaluarlo hay que ponerse de acuerdo sobre qué es lo malo y qué lo peor. Tengamos en cuenta que los valores cambian como las modas, como las costumbres. La doctrina del bien y del mal que aprendieron los abuelos puede estar jubilada. Lo que vemos a nuestro alrededor tiende a decirnos que estamos acomodando nuestros criterios a los tiempos dinásticos. Es bueno lo que nos gusta, lo que nos convenga aunque no nos guste, lo que nos ordenen aunque no nos convenga. Es malo lo que nos desagrada, más si nos perjudica, peor si nos enfrenta al poder.

Como somos nosotros quienes hacemos la clasificación, ambos enfoques, de los vencedores y los vencidos, no son antagónicos. Lo malo puede coexistir con la Dinastía e incluso nutrir su prosperidad e influencia. Lo peor puede desembocar en donativos caudalosos a instituciones de beneficencia, a movimientos apostólicos, a programas educativos. Es algo así como la coexistencia de las izquierdas derechas y extremas predicada por Miterrand en Francia o encarecida en las Alemanias por la ostpolitik de Willy Brandt.

¿Es la visión de un cínico? La Primera Columna dice en su análisis del fallo de la Corte que al margen de la religión no podemos comprender las intervenciones humanas.

Los enfoques de vencedores y vencidos indican que, al margen del cinismo, no entenderemos las acciones humanas y nos quedamos afuera. Si queremos ser protagonistas, no espectadores, hay que estar con la Corte, con la corte de la Dinastía.

No es que yo cree en la bondad o la activación inminente e inevitable de los enfoques de los vencedores y los vencidos. Ni que tengamos que dividir maniqueamente a los yucatecos en dos castas: cortesanos por arriba y por abajo todos los demás. Que se vean mis teorías como una mirada a la dirección en que vamos. Habrá sin duda otros enfoques más autorizados. El señor Arzobispo, el rector de la Universidad del Mayab, el presidente de Coparmex, la directiva del Colegio de Abogados y otros especialistas en la interpretación de nuestros asuntos pueden con sus correspondientes enfoques encender las luces que estén apagadas. Ojalá que estos gallos no tengan en la garganta algo que les impida cantar.- Mérida, Yucatán, 8 de septiembre de 2005

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