(Primera Columna publicada el 6 de diciembre de 2006)
La palabra “establecimiento” no tiene un equivalente en español. No conocemos una traducción exacta, en una sola palabra, de este vocabulario que en el mundo de habla inglesa corresponde a la clase dominante en la política, la ciencia, la religión, la sociedad… Es un dominio o superioridad que no depende sólo de la posición que se ocupa. Influyen el dinero: el dinero viejo. El “know how” de los anglosajones: se sabe hacer las cosas por alcurnia, por herencia, por tradición, que cultivadas con el ejercicio se convierten en renombre y experiencia.
El ascenso acelerado de Ivonne Ortega Pacheco a la candidatura del PRI al gobierno del Estado puede marcar en su partido el declive del ” establishment “, el crepúsculo de los dioses de la mitología antigua. Parece que es la persona más joven que alcanza ese nivel electoral. Fue la última en inscribirse para la precampaña, con etiqueta de “además” y carácter de “relleno”. La que no se sabe qué hace aquí ni qué flautas toca. A esta hora de caras largas en la alta sociedad del PRI ha sucedido lo que nadie esperaba ni podía prever o creer: la novata se ha graduado sin pasar por la universidad.
Se puede atribuir otras interpretaciones a este fenómeno si se considera que el ” establishment ” priísta yucateco no ha encontrado todavía al sucesor de Víctor Cervera Pacheco, el dictador que lo gobernó con mano y longevidad porfirianas. No hay capitán en el timón cuando el bandazo de Ivonne le cambia el derrotero al barco.
¿Un cambio de rumbo en busca de otras yeguas o un retorno a playas conocidas? Es inevitable recordar -nos dirán- que la señora Ortega es sobrina y discípula del extinto señor de Dzemul. Que las facultades y la vocación que ha exhibido en el corto trayecto de su carrera política no ocultan que su puerta de entrada fue la notoria preponderancia familiar. ¿Vuelve por sus fueros la dinastía? ¿Se cumple la profecía del cerverismo perpetuo? Lo cierto es que la designación de Ivonne tiene aspectos positivos. Que la que llegó de último, la que vimos abajo, la que pensamos más débil, sea hoy la que esté arriba habla bien del PRI. Transmite un olor a voluntad popular que prevalece sobre los sudores ácidos del escalafón, las influencias, los compromisos. La democracia gana terreno en el feudo que fue del “dedazo”.
Se han abierto horizontes insospecchados. Si son certeros los informes que van y vienen, la fortaleza de la señora Ortega reside en el interior del Estado. Para ella Mérida es tierra de misión. Como se la conoce poco, necesita mucho de un compañero de fórmula -o compañera- que la ayude a reparar una desventaja aparente: los tres precandidatos panistas han sido alcaldes meridanos y son tan conocidos como la Plaza Grande. Si se la ofrecen, ¿aceptará Dulce María Sauri la candidatura a la presidencia municipal? La ex gobernadora interna tiene una presencia que no está en discusión.
Si se sigue por este camino, si Ana Rosa Payán triunfa en el PAN, si consigue que la candidata a la alcaldía meridana sea otra mujer (la conocida pretendiente Silvia López, por ejemplo), Yucatán sería el primer estado de México regido por un matriarcado. Cuatro mujeres en tapa por los dos cargos principales. Atraeríamos más atención que la requerida por Chichén Itzá para ser maravilla del mundo.
Queda por ver cuánto y cómo influirá Ivonne en la contienda interna del PAN. Si se la menosprecia se puede caer en la confianza de que el partido oficial continuará en el gobierno sea quien sea el candidato que ponga. No puede ser recomendable esta confianza en que el apetito de poder se impone a la conveniencia de elegir al mejor. El pueblo se puede sentir subestimado. A nadie le gusta que se le quiera tomar el pelo. O pensar que es fácil hacerlo sean cuales fueron los métodos que se utilizan. Que no nos digan que van a iluminar la calle los que apagan la luz en su casa.
Al margen de las interpretaciones, la columna opina que hay una realidad fuera de duda: Ivonne es una ventana que abre el “establecimiento” a un aire fresco que debe oxigenar los pulmones acartonados de la política yucateca y revestirla de mayor interés. Es una razón más que suficiente para recibir a la nueva bandera del PRI con palabras de aliento, en una bienvenida cívica cordial.
