(Primera Columna publicada el 19 de abril de 2009)
Volvemos sobre nuestros pasos para insistir en subrayar, como lo hicimos, que el cuestionario que planteamos ayer a cuatro dirigentes panistas campechanos no tiene el fin de preguntarles si actuaron bien o mal en la conocida reunión de Megamedia, el PAN y la Lotería, celebrada el miércoles 25 de marzo en Campeche, y en las repercusiones que esa reunión ha tenido, que son también del dominio público. Reiteramos que nuestro propósito no fue calificar su comportamiento. El objetivo concreto era y es que contesten si es cierto o falso lo que se afirma en las 18 preguntas sobre lo que sucedió en ese encuentro tripartita en Las Torres de Cristal.
Este enfoque puede jugar un papel decisivo en la polémica desatada por el choque de dos versiones distintas y opuestas sobre un mismo acontecimiento. El relato de los representantes de Megamedia es contrario al rendido por el director de la Lotería.
Falta todavía el testimonio del tercero en discordia, que puede aclarar sin las diligencias tardadas y costosas de las investigaciones, que puede esclarecer de golpe y porrazo, repetimos, dónde está la verdad y dónde la mentira.
Revisaremos ahora el comportamiento que han observado hasta hoy, tres semanas después de la reunión, los cuatro dirigentes que el cuestionario interroga: Carlos Mouriño Terrazo, Jorge Lavalle Maury, Mario Ávila Lizarraga y María Asunción Caballero May:
Mouriño: anfitrión de la reunión y propietario de Las Torres. No ha formulado ninguna declaración pública. Él solicitó insistentemente una audiencia con el director de “Diario de Yucatán”, se pactó para las 10 a.m. del jueves dos de abril, pero la canceló. Los periódicos de Megamedia no han podido entrevistarlo porque se les oculta: no saben dónde está.
Lavalle Maury: coordinador de la campaña política panista por la gubernatura. Renunció o le pidieron su renuncia a la coordinación. Renunció o le pidieron su renuncia al puesto federal que desempeñaba en Campeche. No ha formulado ninguna declaración pública. Se ha negado a aceptar entrevistas con los periódicos de Megamedia.
Ávila Lizarraga: candidato a la gubernatura. Después de guardar silencio y negarse a las solicitadas entrevistas con Megamedia, el martes 14 de abril, al parecer accidentalmente, respondió a una llamada telefónica de la representación campechana de nuestros periódicos y nos manifestó que se ha reunido varias veces con Lavalle Maury. “Yo le reitero mi confianza. He platicado con él y en todo momento me ha dicho que no incurrió en ninguna irregularidad y no ha hecho nada malo. Yo le creo: hasta el momento no se ha logrado comprobar nada”.
María Asunción Caballero: presidenta estatal del PAN: Esquivó al principio las entrevistas. Al fin, en declaraciones del 15 de abril nos dijo:
a) Desconoce qué sucedió en la reunión con Megamedia, porque no estuvo presente.
b) Ha platicado con Lavalle, pero no le tocó este tema.
c) No le ha pedido una explicación ni él se la ha dado.
d) “Mi única versión de los hechos es la publicada por los periódicos, pero esa versión no tiene pruebas”.
María Asunción no necesita pruebas: ya las tiene. Las obtuvo seguramente en sus pláticas con Lavalle. Su ausencia aparente de interés en enterarse de lo sucedido en la reunión —“no le tocó el tema”— no se compagina con la lógica ni con las responsabilidades de la presidenta de un partido.
Pero si alguien no necesita pruebas o comprobaciones para saber lo que sucedió en Las Torres de Cristal, ese alguien es Mario Ávila Lizarraga. Lo sabe. Lo sabe muy bien porque sostuvo varias reuniones con Lavalle Maury. Es muy extraño que el hombre de todas sus confianzas no le haya rendido un informe preciso. Además de extraño, es inverosímil que el candidato no haya exigido ese informe a su jefe de campaña.
Tan o más serio que extraño e inverosímil es que Mario Ávila defienda a su coordinador de campaña y, sobre todo, le crea cuando le dice que no hizo nada irregular, nada malo. Lavalle guardó silencio mientras Miguel Ángel Jiménez Godínez, director de la Lotería, tomaba la dirección de las negociaciones, decidía y trataba de ordenar y pagar la propaganda política de los candidatos panistas en las elecciones de julio, en un procedimiento antidemocrático que viola la ética y la ley.
No se requiere ser jurista para saber que el silencio que se guarde en presencia de un delito es un silencio cómplice y por lo tanto punible. Si Lavalle y Ávila sostienen y creen que es correcto ese silencio, estamos entonces ante una deficiencia legal y moral más grave: un concepto extraviado del bien y del mal.
Un concepto que es inmoral o, peor, amoral. El inmoral actúa mal, pero, como lo sabe, es capaz de rectificación. El amoral es incapaz porque cuando se equivoca cree que está bien. El primero infringe la moral. El segundo no la conoce: confunde el vicio con la virtud.
Por añadidura, tiene toda la facha de una anemia cívica que los líderes panistas campechanos, para eludir un deber insoslayable, se escondan detrás de una falta de comunicación interna que es incomprensible en una organización política. Incomprensible a menos que la verdad les duela y pretendan, con la táctica que distinguió al PRI, que el paso del tiempo los ampare con el manto del olvido. Un olvido que los exima de la obligación de desenmascarar una mentira que les favorece. Les favorece según ellos. Según la estrechez de un criterio que parece buscar el poder y la conveniencia personal por encima y a pesar de todo.
Si en el fondo es injustificada la crítica que aquí se hace al PAN campechano, busquen y encuentren sus directivos la manera de solidarizarse con decoro y dignidad con la versión del director de la Lotería, tan contraria a la que Megamedia está dispuesta a sostener de buena fe en todos los terrenos, sin quitar el dedo del renglón.
El comportamiento correcto o incorrecto en que los protagonistas de Las Torres de Cristal puedan haber incurrido ha caído a un plano secundario que corresponderá discernir a las autoridades investigadoras: ese comportamiento ya no es el problema o la circunstancia primordial.
Lo fundamental ahora es la colisión pública entre la verdad y la mentira: cuál de las dos será la base para resolver un conflicto de resonancia nacional. Ésta es la trascendencia que reviste el testimonio que rindan los cuatro panistas sobre la reunión de Megamedia, PAN y Lotería. Está en juego la transparencia moral de Las Torres de Cristal.
Están en juego también el prestigio y la autoridad de la directiva nacional del PAN. Que no caiga en la tentación de desligarse del PAN campechano: lleva su nombre y apellido. Aunque sólo fuera por prudencia, no hay que dejar que los acontecimientos se deslicen por un tobogán que haga indispensable en México la renuncia, la destitución o el desconocimiento de un candidato en Campeche.
