(Primera Columna publicada el 26 de noviembre de 2010)
El reportero se unió ayer a Vittorio Zerbbera y César Pompeyo en la continuación del análisis de la respuesta del presidente del PRI, Mauricio Sahuí, a los críticos del gobierno de Ivonne Ortega Pacheco.
—Es un documento notable —aporta don César—. Un documento hasta cierto punto veraz, porque no oculta la verdad histórica del partido. El PRI no niega la cruz de su parroquia: es y se propone seguir siendo el mismo que en los últimos 80 años. Unos dirán que la andanada de Mauricio contra los detractores de Ivonne es un ejemplo de fidelidad a las causas de siempre. Otros dictaminarán con pesadumbre y desilusión: “Árbol que crece torcido jamás su tronco endereza”.
—Yo he notado —apunta el mafiólogo italiano— un contraste marcado entre las demandas cívicas a la administración de madame Ortega y la violencia verbal que caracteriza la contestación del signore Mauricio. Contestación que no contesta ninguna de las observaciones sobre el supuesto mal comportamiento económico, político y social del gobierno del estado. Contestación, perdonen la palabra, que es una verborrea.
—Yo me he permitido anotar algunos de los argumentos que utiliza el signore Sahuí al responderle a los jóvenes dirigentes de los movimientos en pro de la honradez, la eficiencia y la rendición de cuentas. Los llama reaccionarios, representantes de la oligarquía, voceros de la ultraderecha, instrumentos de la confrontación, rencorosos con sed de venganza, provocadores, “enemigos de Yucatán”.
—No es necesario que siga usted, señor Zerbbera —intercala el reportero—. La respuesta del preboste Sahuí es un ejemplo clásico y redondo de la táctica que ha caracterizado al PRI desde su fundación, sobre todo en Yucatán: contra hechos concretos, el adjetivo ofensivo. Vean ustedes: no se analiza ninguna de las críticas razonadas: se injuria a los críticos. Los teólogos y filósofos del PRI, y sus discípulos, se han distinguido por escribir con el hígado. La cabra tira al monte, señores míos. Con todos sus cabritos. La respuesta de don Mauricio es una prueba irrecusable. A la vista.
—El signore Sahuí le da gran importancia al recuerdo —regresa don Vittorio—: dice que el PRI tiene memoria. ¿Qué significa esto, caballeros?
—Les voy a ofrecer tres consideraciones —propone Pompeyo—. Tres interpretaciones sobre esa referencia implícita al pasado.
1) El PRI se jacta precisamente de lo que le falta: no tiene memoria. Si la tuviera no recurriría al uso de esta palabra que hace recordar el sinfín de sinvergüenzadas que se les han atribuido al partido y sus gobernantes en los últimos 80 años.
2) Es una desfachatez. Con la mano en la cintura tiene el descaro de llamar a su servicio el apoyo de su pasado culposo. Es una falta de respeto al equilibrio intelectual de los yucatecos. Creen que somos débiles mentales.
3) Algunas veces tiene la razón: hay algunos yucatecos que delatan ciertos déficits. Olvidan las trastadas del PRI o muestran una renuencia terca a conocerlas. Se ha publicado ya en tu periódico, reportero: que el desinterés por la historia entre los estudiantes es motivo de alarma. No nos conocemos. No sabemos quiénes somos. Así se explican las victorias electorales del PRI.
4) Hay yucatecos en bancarrota espiritual. Recuerdan todo, pero por encima de sus principios tienen la barriga y el bolsillo. Están con quien les da de comer. O quien los compra. O quien los amenaza.
—Si ustedes lo tienen a bien —vuelve al reportero—, quisiera comparar las arremetidas de don Mauricio Sahuí con los juicios del letrado don Enrique Krauze al recibir anteayer en la ciudad de México el Premio Nacional de Ciencias y Arte en la categoría de Historia: “La paz que México extraña no se logrará con las restauración del viejo partido hegemónico… Los últimos 40 años no han sido épocas dichosas, han sido años de desorientación y de crisis”.
—Yucatán no es la excepción sino la confirmación de las verdades de Krauze —opina ahora don César—. No sólo es lícito: es inevitable señalar que es el viejo partido hegemónico, que nos ha gobernado en 34 de los últimos 40 años, en 74 de los últimos 80, el responsable de la desdicha, la desorientación y la crisis que hemos sufrido y continuamos padeciendo.
—Si buscamos la paz, si queremos la dicha, si nos preocupan las crisis —concluye Pompeyo— debemos redoblar nuestros esfuerzos para catequizar y evangelizar al PRI, para redimirlo de su paganismo moral y político primitivo, para inculcarle los valores cívicos indispensables que hoy brillan por su ausencia en la respuesta de Mauricio Sahuí a los críticos del gobierno de Ivonne Ortega. Tal vez tengamos la suerte de que nos haga el milagro y la cabra deje de tirar al monte.— Mérida, 25 de noviembre de 2010.
