(Primera Columna publicada el 8 de abril de 2010)
En su primer reporte sobre la campaña electoral, don Vittorio Zerbbera (con zeta y doble be) informó a la central de la antimafia que en Yucatán se ha presentado el peligro de que se desate, entre el gobierno del estado y los sacerdotes, un conflicto que reduzca a recintos clandestinos la predicación del evangelio.
El correo electrónico del detective siciliano, remitido al “twitter” del cuartel general de Palermo, se basa en una advertencia sombría, amenaza diríamos mejor, que un portavoz del régimen de Ivonne Ortega lanzó el miércoles contra el grupo de presbíteros “Virgen de la Estrella”. Los ocho párrocos que desde sus templos y sacristías de Tekax, Oxkutzcab, Ticul y otros puntos del sur exhortaron a los yucatecos a votar de acuerdo con sus convicciones cívicas y morales.
Los sacerdotes han pedido —puntualizó el reportero— un voto razonado contra los candidatos que propicien el aborto. Contra los candidatos que apoyen la prostitución y las uniones homosexuales. Contra los candidatos que promueven la pornografía, la pederastia y la venta indiscriminada de alcohol. Contra los candidatos que no respeten el derecho a manifestar las creencias religiosas en público o en privado. Contra los candidatos que prohiban u obstaculicen la enseñanza de la religión. Lo publicamos el martes.
En el parque de San Juan, en una banca frente a la sacristía donde nació el movimiento de los Sanjuanistas, fundado por el capellán don Vicente María Velázquez, el doctor Zerbbera preguntó asombrado a César Pompeyo:
—¿Debo informar a Sicilia que el gobierno de Yucatán se opone a que los yucatecos apliquen al voto la doctrina de Cristo? ¿No es un acto de neopaganismo, irreconciliable con estos tiempos del “Facebook” y el “Ipod”, que el gobierno de la señora Ortega pretenda incomunicar a los sacerdotes y los amenace con demandas? ¿Es un peligro para el PRI que los principios de la religión guíen la actuación de los políticos? ¿Hasta dónde vais a llegar vosotros?
—Lo sabremos en mayo —respondió Pompeyo—. En las elecciones de mayo veremos si renunciamos al Nuevo Testamento o cumplimos nuestras promesas bautismales de renunciar a Satanás y sus pompas. Pero yo no puedo autorizarte, Vittorio, a que le digas a Palermo que el gobierno yucateco es tepché: comecuras en Sicilia. Es una deducción, justificada si tú quieres por las apariencias, pero deducción al fin. Conjeturas que yo no me atrevería ni a confirmar ni a negar.
—Cuando el río suena, agua lleva —prosiguió don César—, pero no creo que a estas alturas del partido la señora Ortega y el PRI, o el PRI y la señora Ortega, que al fin y al cabo son lo mismo, le vayan a declarar la guerra al Vaticano con tal de apoderarse de Mérida. Claro que puedo errar, pues ya sabes que está de moda atacar a Benedicto XVI.
—La historia, maestra de la vida, que suele moverse en círculos y regresar a donde estuvo antes, nos enseña a ser cautos —continuó Pompeyo—. Los Sanjuanistas y su apostolado patriótico, porque fue un apostolado su lucha por la libertad, tuvieron como enemigos acérrimos a los “rutineros”, llamados también los “serviles” porque defendían los privilegios del capitán general, los encomenderos y la monarquía, los privilegios de la rutina y el servilismo, que negaban sus derechos elementales a los indios, a los campesinos, a los yucatecos de a pie.
—¿Quiere usted decir, don César, que la historia está a punto de repetirse hoy? Doña Ivonne, ¿es monarca o quiere serlo? ¿En esta campaña electoral quiénes serían los Sanjuanistas? ¿Me equivoco si pienso que los coroneles y los cabos del PRI tienen cierto parecido con los privilegiados “rutineros”? ¿Tenéis entre vosotros una nueva edición de “serviles” con destino a las urnas?
—A pesar de las tendencias neopaganas que observas en el mundo oficial, el alto y el bajo, disfrutamos todavía del sagrado derecho a equivocarnos, Vittorio. Puedes equivocarte todo lo que quieras. El riesgo que corres, que corremos, es que tengas la razón. Un riesgo que invita a meditar y debatir. Voz del púlpito, voz de Dios. Y voz de Dios, ya sabes, es voz del pueblo.— Mérida, 7 de abril de 2010.
