Historias y relatos de Yucatán

Esquinas de Mérida: leyenda de "El Degollado", una historia de desamor

En una entrega más de "Historias y relatos de Yucatán" toca turno a un pasaje ocurrido en el centro de Mérida durante el siglo XVII y que hasta la fecha da nombre a la esquina de la 60 con 67.
viernes, 29 de julio de 2022 · 08:00

Varias de las esquinas del centro de Mérida tienen nombres peculiares. Provienen de la costumbre con la que vecinos identificaban ciertos puntos. Nombres de comercios, árboles u objetos que ahí habían, así como hechos que ahí ocurrieron y que luego se volvieron leyendas forman parte del por qué de sus nombres.

Una de las leyendas más antiguas entre las esquinas de Mérida es la de "El Degollado", ubicada en la calle 60 con 67, donde hoy día funciona una panadería. La historia data del siglo XVIII, cuando era gobernador Lucas de Gálvez y Montes de Oca, español  que fue intendente y capitán general de Yucatán de 1789 a 1792, nombrado por el rey Carlos III de España aunque ejerció su cargo bajo el reinado de Carlos IV. 

A continuación, un resumen de la leyenda hecho por Víctor M. Arjona Barbosa, profesor universitario y colaborador de Diario de Yucatán, basado en el libro "Esquinas de Mérida y otras leyendas", escrito por Eduardo Aznar D. en 1955.

Esquinas de Mérida: leyenda de "El Degollado"

De fines del Siglo XVIII a principios del Siglo XIX, en el ángulo formado por las calles de Tecoh y el camino de Campeche (hoy 60 y 67, respectivamente) existió una barbería en la que, además de afeitar y cortar el cabello, servía como gabinete dental, y el dueño de la barbería era un criollo llamado Lucas Pinzón, quien acostumbraba visitar todas las noches a una bella jovencita que vivía en una casita de teja que miraba a la calle del Matadero (hoy la 66 con la 61).

La bien amada tenía el nombre de Hipólita, pero cariñosamente don Lucas la llamaba Lita. La graciosa y linda Lita, aunque correspondía a los amores de don Lucas, no era ajena al atractivo que en su carácter voluble le producían otros varones.

Era a la sazón gobernador y capitán general don Lucas de Gálvez, quien aparte de haber sido un buen administrador público y un progresista gobernante, tenía fama de conquistador.

El destino tuvo su oportunidad y ésta se dio durante una solemne función religiosa en la Iglesia de Monjas; entre la multitud que llenaba el templo hallábanse Lita y su madre. Ocupaba el sitial de honor el gobernador y capitán general.

Historias y relatos de Yucatán: el gobernador Lucas de Gálvez, protagonista

Las mundanas miradas de éste y las arrobadoras de Lita se encontraron y, terminada la misa, al salir del templo don Lucas de Gálvez, tomando agua bendita con los tres dedos centrales de su mano diestra, ofrecióla galantemente a Lita, quien agradeció a su admirador con una inclinación de su graciosa cabecita.

Como en ese entonces Mérida era una ciudad pequeña, las noticias corrían rápido; así que no fueron pocos los que informaron al barbero lo que había acontecido en la Iglesia de Monjas. No es difícil imaginar la sorpresa, el enojo y el dolor que sufrió el pobre enamorado y esa noche, como solía hacer, fue a la casa de la niña de sus sueños y, como siempre, la llamó para que apareciera en la ventana como todas las noches. Solo que esta vez la ventana no se abrió y después de algunos minutos se abrió, pero no la ventana, sino la puerta de la casa y apareció no la bella Lita, sino su señora madre.

En este punto es menester precisar que la señora no gozaba de holgura económica y se ganaba la vida cosiendo y bordando, labor en la que colaboraba su hija Hipólita. Por ello, aunque toleraba el noviazgo de Lita con el barbero, siempre deseaba un mejor partido para ella y tal parecía que sus sueños se cumplían, por la prometedora actitud amorosa de don Lucas de Gálvez.

La señora, con ceño fruncido y tono hostil, le dijo al enamorado novio que Lita tenía un fuerte dolor de cabeza y necesitaba dormir, y le hizo ver la conveniencia de retirarse inmediatamente porque las hablillas del vecindario podrían manchar la reputación de madre e hija.

Leyenda del centro de Mérida: ¿por qué se llama esquina de "El Degollado"?

Acongojado, el galán se retiró y decidió ir a dar unas vueltas por la plaza, y cuando pasaba por la esquina de las calles 61 y 62 vio el carruaje del gobernador que se dirigió hacia el poniente; un no se qué lo impulsó a mirar su derrotero y pudo ver que al llegar a la calle de Las Monjas tomaba el sur. Con la prisa que da la ansiedad, corrió tras el carruaje y con horror vio que se detenía frente a la casa de su amada Lita. La puerta del carruaje se abrió y bajó el gobernador y la puerta de la casa también se abrió y entró el gobernador.

Con profunda tristeza se retiró el barbero Pinzón y al día siguiente, aún esperanzado en la fidelidad de Lita, se presentó en su casa y habló con ella, pidiéndole una explicación de lo sucedido. Por toda respuesta, la  muchacha se viró diciendo en alta voz: “Mamá, aquí vino el barbero; es mejor que usted, le diga lo que tratamos, yo me voy a acabar de peinar. Acuérdese usted que tenemos visita en la noche”. Ya puede imaginarse el lector lo que dijo la señora al pobre Pinzón y la forma cruel en que lo despidió.
Con el ánimo despedazado y sumido en un profundo abatimiento, Lucas Pinzón llegó a su barbería, se encerró, buscó la navaja mejor templada y filosa, y estimulado por el abundante licor que había ingerido puso la navaja en su garganta y...

Al día siguiente, después de forzar la puerta, encontraron al barbero sentado en un butacón de vaqueta, con la cabeza colgando en el vacío; en el piso veíase la filosa navaja de afeitar y de las venas yugulares del infortunado brotaban aún hilos de sangre. Paulatinamente fue conociéndose aquella esquina por la de El Degollado y la costumbre perpetuó dicho nombre.

Historia de la esquina de "La veleta" en Mérida

Sobre Lita, cuenta la leyenda que la relación con el gobernador no duró tanto como ella esperaba. Sin embargo, el hecho de rechazar al barbero y preferir al capitán español   hizo que la gente comenzara a llamarla “La Veleta”, por aquello del cambio de posición según sople el viento. "Hipólita cambiaba al impulso de los vientos amorosos que soplaban", sostiene Arjona Barbosa en un texto sobre dicha leyenda publicado en el Diario en 2015.

Así también se denominó a la esquina en la que estaba ubicada su casa, en el cruzamiento de la calle del Matadero y la calle de Santa Catalina, el día de hoy las calles 66 y 65, que forman la esquina de "La Veleta".