Rommel Pacheco conoció el mar antes de nacer. Así lo dijo su madre, Landy Marrufo Morales: “El mar lo conoció desde que estaba yo embarazada porque la verdad somos una familia que desde la época de los abuelos pasábamos las vacaciones de Semana Santa y julio y agosto en la playa de Progreso”.

Cuando nació, el 12 de julio de 1986, los paseos seguían siendo costumbre. Allí se reunían sus padres, sus tíos, sus primos. Y fue allí, a los pocos meses de nacido cuando Rommel supo que es estar entre las olas.

Fue su padre Rommel Pacheco Palma y el tío Guimer, hermano de doña Landy, quienes lo aventaron al agua. “Tenían la costumbre de que a los niños los subían a sus hombros y los lanzaban como clavados, y si eran niños de meses los hacían como hamaquita y los aventaban”.

Recuerda que una vez que el niño caía al agua, rápidamente se lanzaban a sacarlos. “Hasta la fecha lo seguimos haciendo, porque es una forma quitarles el miedo y al mismo tiempo brindarles la seguridad”.

De esa forma, Rommel le perdió miedo al agua y a lanzarse de clavados, afición que luego se convirtió en su profesión y que le ha brindado medallas y reconocimiento alrededor del mundo, aunque practicó natación, voleibol, fútbol, ajedrez y gimnasia artística, inclusive, asistió a la “escuelita” de béisbol de la Liga Yucatán.

Sin embargo, fueron los clavados con los que Rommel se sintió más a gusto desde que empezó a entrenar en el Centro Deportivo Bancario en 1993, con el yucateco Eduardo Martínez de la Portilla para luego pasar a la Unidad Kukulcán, con el cubano Rolando Ruiz Pedreguera, con quien duró año y medio. Más tarde se hizo cargo de él el también antillano Alberto Bazo. En 2000 se concentró en el CDOM, con el entrenador Francisco Rueda.

Su dedicación lo llevó a varios países a donde va orgulloso de representar a México, pero sin dejar de lado su amor por Yucatán, incluso, en cada viaje se lleva la camiseta de los Leones de Yucatán y también se dice seguidor de Los Venados de Yucatán.

Además de apoyar al deporte yucateco, también le gusta la trova. “La jarana le encanta, y mueve los pies, cuando escucha un espectáculo, ya sea aquí en Yucatán o en la Semana de Yucatán en México, que organiza mi otro hijo (Irak Greene Marrufo) sus pies se están moviendo. Él adora las tradiciones yucatecas, ama y adora a México, pero sólo mencionas Yucatán le brillan los ojos. La jarana, la música, las ruinas… Yucatán está en él”.

Doña Landy está tan orgullosa de los logros de su hijo, que no deja de dar gracias a Dios. Dios de hecho, es importante en la familia y en el mismo Rommel, quien en cada ciudad procura entrar a las iglesias no sólo para conocer sino para dar gracias a Dios por tantas oportunidades, dice su madre.

De esos viajes también, Rommel ha traído, junto con sus medallas, un sinfín de recuerdos: cuadros, adornos, tazas, llaveros, abanicos, sombreros, pashminas. “Él procura los emblemas de cada estado, por ejemplo de Rusia, me trajo matrushkas; de Brasil me trajo un Cristo Redentor”.
Doña Landy señala que a pesar de todos los triunfos, Rommel es muy sencillo, muy humilde y muy familiar.- IVÁN CANUL

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