Miguel Berchelt demostró seguridad dentro y fuera del ring

Berchelt y el fruto de los sacrificios

Rafael José Ramos Vázquez (*)

Cancún es un escenario espléndido para una función de boxeo. Ni duda cabe.

Previo a la segunda defensa de su cinturón superpluma del Consejo Mundial de Boxeo ante el ghanés Maxwell Awuku, tuve la oportunidad de platicar con Miguel Berchelt. En su camerino, lucía confiado, sereno, con esa tranquilidad que da el saber que estaba bien preparado para el compromiso. Durante momentos de la plática incluso, bromeaba, sin denotar ningún signo de preocupación.

Por otro lado, Awuku es un peleador de guardia zurda con un buen palmarés, totalmente desconocido para nosotros y los expertos, con la eventualidad de una sorpresa, ya que nunca había sido noqueado.

Todo parecía indicar, por sus números, que no era un pastel de chocolate, sino un boxeador experimentado, que venía con la firme intención de regresar a África con el cinturón. La pelea le había caído del cielo por la negativa de dos retadores que por diferentes motivos declinaron enfrentarse al campeón y no estaba dispuesto el ghanés a dejar pasar la oportunidad de oro, tal única en su vida.

La pelea, en un marco muy intersante para el box (la Arena Oasis), fue una excelente demostración de lo que se obtiene con una preparación a conciencia. Se vio a un “Alacrán” maduro, sin prisas, exhibiendo un boxeo fino, inteligente y calculador. Primero, estudiando al oponente y después, atacando en el momento preciso, utilizando su poderosa pegada para ir minando al africano, hasta derrotarlo contundentemente en el tercer asalto, ante la euforia de la afición de su ciudad natal.

Hubiera sido bueno que la pelea durara unos rounds más para que se probase a fondo el campeón, especialmente en cómo quedó su mano derecha después de la fractura. Sin embargo, lo que se pudo observar es que sanó perfectamente.

No hay duda: hay campeón para varios años, mientras continúe con esa disciplina férrea poco común en la juventud actual. Ahora, hay que buscarle buenos contendientes y jugosas bolsas, eso es algo que sabe perfectamente su apoderado Mario Abraham Xacur, quien tiene en el “Alacrán” un magnífico “producto” que sabrá conducir exitosamente, pues Miguel ha demostrado que lo vale y que está dispuesto a seguir por esa senda.

Hay que recordarle a Miguel que sólo le debe tener miedo al oponente que esté mejor preparado que él, pero mientras siga como hasta ahora, no habrá en mucho tiempo alguien que lo quite del trono.

¡Felicidades campeón! Los éxitos en el cuadrilátero y en la vida los merece el que los trabaja.— Mérida Yucatán febrero de 2018

 

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