Emotiva entronización de ocho nuevos inquilinos del Salón de la Fama del Deporte Yucateco

De admirar a un personaje, dice Jorge Robleda Moguel, generalmente termina uno siguiendo su ejemplo. Pueden ser muchos los ídolos del pasado que permitan a uno crecer.

Y, como pensaron y dijeron muchos ayer, tenerlos presentes por sus obras deportivas y por su don de gente, encumbra.

Ocho personajes fueron exaltados ayer en el Salón de la Fama del Deporte Yucateco, en una ceremonia en la que lo hecho por las glorias del pasado arrancó ovaciones, alguna que otra lágrima también, y dejó constancia para que sean ejemplo de las generaciones del futuro.

“Una cosa puedo decirles: a Dios gracias a donde voy me quieren. Creo que por eso me eligieron”, dijo un emocionado Leonel Aldama Rosel. El famoso “Coronel” es no un símbolo del béisbol. Cubano de nacimiento, con más de 60 años viviendo en Yucatán, el nacido en Matanzas es un ícono del deporte yucateco.

Un piropo de Robleda Moguel, uno de los ocho entronizados, fue para Leonel Aldama en su mensaje en representación de los nuevos inmortales: “Mi primer gran ídolo fue Leonel Aldama”.

Con ellos dos, ingresaron al templo sagrado el gimnasta de la Época Antigua Dommy Betancourt Aranda, los deportistas de la Época Actual Edwin “Pajarito” Sánchez, basquetbolista, y José Vargas Cuevas, beisbolista, así como Carlos Paz González, en el rubro de Entrenadores o Técnicos, igual que Aldama; el Promotor o Empresario Robleda Moguel y el comunicador Russell Gutiérrez Vales.

En una ceremonia realizada en el Multigimnasio “Socorro Cerón Herrera” del Complejo Deportivo Kukulcán, se entregaron laudos simbólicos a los que resultaron electos por el voto de comunicadores del área (más adelante se les entregarán sus placas conmemorativas), como los demás miembros (ahora ya son 72).

Los nuevos integrantes del Salón de la Fama del Deporte Yucateco presentes en la ceremonia de entronización destacaron una cualidad: ser perseverante.

“Lo mejor de todo es que aquí estamos. El deporte nos permite hacer amigos. Y siempre ser perseverante. Algunas veces te caes, pero debes de seguir”, dijo Robleda Moguel al hablar en nombre de los entronizados.

El acto tuvo como representantes a Emmanuel Azcorra Cantón, presidente del Salón; Rafael Ramos Vázquez, presidente del Patronato de Empresarios; Carlos Sáenz Castillo, director del IDEY; Jesús Aguilar y Aguilar, representante del Ayuntamiento de Mérida, y Joaquín Díaz Mena, representante del Gobierno Federal.

La emoción desbordada por Aldama Rosel y Paz González contagió a los presentes, más a los compañeros de la Clase 2018. “Me siento orgulloso de ser parte de este homenaje. No imaginé nunca recibir esto cuando llegué a Yucatán. Amo a Yucatán. Y lo que hice en el béisbol es sólo un granito de arena”, dijo Paz.

A Vargas se le erizó la piel cuando recordamos la hazaña famosa del 27 de agosto de 2006 cuando un épico relevo suyo permitió a los Leones izar el banderín de la Liga Mexicana. “Fui un hermano dentro de toda esa familia que estuvo aquella noche en el Kukulcán”, dijo el dominicano, otro yucateco adoptado “a mucho orgullo”.

Freddy Sansores fue enfático: “Cuando yo comencé a arbitrar, no había Salón de la Fama. Lo hice porque amo el deporte. Y si esto sirve de ejemplo a las generaciones futuras, me sentiré satisfecho”. Edwin Sánchez, diminuto en un mundo de gigantes como es el básquetbol profesional, dijo al Diario: “Siempre practiqué el deporte de forma desinteresada. Lo hice porque es amor al deporte. Oía hablar de los campeones mundiales de boxeo, de Leonel Aldama, de Carlos Paz, los veía en la tele o seguía en la radio. Y hoy estoy aquí con ellos”.

Es, en reiteración, la culminación quizá de una trayectoria ejemplar. Ese don que marca a las personas y las hacen inmortales en la vida.— Gaspar Silveira

 

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