No fue, ni de cerca, el partido más largo de la historia, pero el tercer juego de la serie que disputaron los Acereros de Monclova y los Leones de Yucatán, que ganaron los melenudos en 15 actos, dejó interesantes apuntes.
Lo primero, fue que los aficionados reaccionaron en su mayoría con expresiones de agrado por el duelazo que finalizó casi a la 1 de la mañana del viernes, 5 horas y 24 minutos después del primer pitcheo hecho por Radhamés Liz.
Liz fue precisamente el primero en mencionarse, antes de que se fuera al maratón de ceros y ceros. Y es que el dominicano trabajó en gran forma durante cinco actos, con 10 chocolates, encantando con sus rectas poderosas y alguna que otra pitcheada rompiente. Pero nuevamente se fue sin decisión.
Fue, con el dominicano a la cabeza, un verdadero duelo de pitcheo en el que ninguno de los que subieron a la loma fue, puede decirse así, de “desperdicio”. No desentonaron los pitchers.
¿Decepcionaron los bateadores de los dos clubes?
No crea usted esa apreciación. Cuando el pitcheo es bueno, los bateadores no lucen, como en este partido que fue colofón a una gran serie, una batalla que va siendo de las rivalidades nuevas en la Liga Mexicana. Desde aquella Serie del Rey memorable de 2019 que ganaron los Acereros no habían vuelto a verse las caras, y en esta primera confrontación en dos años, se dejaron ver las secuelas, positivas, claro, de esa final.
En tres partidos totalmente cerrados, solo se anotaron ocho carreras, cuatro por bando, en 29 entradas (dos partidos de siete entradas y el de 15 que bajó el telón).
¿Estadísticas destacadas? Hasta para regalar.
Los Acereros usaron a 10 lanzadores y los Leones a ocho; los melenudos vaciaron su banca y 14 elementos regulares saltaron al diamante; la “Furia Azul”, se fue con 10 (el yucateco Aldo Núñez entró incluso entre un cambio defensivo, pero fue retirado al notarse que era equivocado su ingreso, y no pudimos verlo en el Kukulcan); 45 autes realizaron los Leones a los visitantes, y los foráneos hicieron 44 (había dos fuera cuando cayó la carrera de la diferencia).
El renglón más señalado fue, sin duda, el de los ponches. Los Acereros caían como soldaditos de naipes con anestesia tras anestesia, llevándose la friolera de 21 pastillas, contra 13 de las fieras. Más “K” que “H”, pues los de casa se fueron con 15 imparables, por ocho de la novena acerera.
503 pitcheadas
Entre las ociosidades que se permiten por tener un box score, está el de contar los pitcheos que llegaron al plato: 268 hechos por los lanzadores de los Acereros, contra 235 de los Leones. ¡503 disparos en total!
Las carreras que forzaron el empate cayeron una en la primera entrada, la de los Leones, y otra en la segunda, de los Acereros. Luego cero, tras cero, tras cero.
Los Leones batearon siete de sus 15 hits ante el abridor Buddy Bauman, quien explotó en la quinta con uno fuera. Pero de allí en adelante, no volvieron a poner la pelota en tierra de nadie sino hasta la entrada 13.
¿Oportunidades desperdiciadas? Al por mayor, de los dos equipos. Muchos se reportaron al Diario a la hora del partido señalando las deficiencias de la ofensiva, especialmente la de los Leones (no batean a la hora oportuna). Pero, otros, comentaron con acierto: el pitcheo manda en el béisbol.
A lo mejor algún punto fino, como tocar correctamente la bola, o ser pacientes en la caja, pudo hacer que el juego terminara mucho antes de la hora final.
Vea: en la novena, Monclova puso corredor en tercera sin aut, pero Reymín Guduán colgó un cero del tamaño del Kukulcán al dominar a los tres siguientes, colgando el cero. En la 13, los Leones llenaron la casa con uno fuera, pero fallaron Sebastián Valle y Norberto Obeso. Y en esta jugada, con corredores en primera y segunda, el fildeo privilegiado del ex Big Leaguer Addilson Russell dio vida al juego. Atrapó tirándose a su derecha para detener un rodado de Marco Jaime que se iba al central. Si pasaba la pelota, anotaba el corredor emergente Ángel Camacho sin problema. No hubo aut, pero tampoco carrera.
En la 14, Josh Fuentes (iba de 6-0) bateó sencillo a lo corto del izquierdo, con corredores en primera y segunda. Camacho, desde la intermedia, se lanzó a la goma de forma atrevida (no se vio que lo intente detener el couch). Y lo prendieron fácilmente, matando la esperanza de ganar.
Y llegó, por fin, la carrera, cuando tal vez nadie la esperaba. Mucho tuvo una corrida impresionante de Valle, evitando un dobleplay que parecía cantado.
Luego, se vio un wildpitch clave, que permitió al máscara yucateco llegar a la segunda almohadilla, desde donde se fue a la registradora con el sencillo de oro de Obeso por el prado izquierdo, desatando la locura de unos 2 mil espectadores que se animaron a quedarse hasta el final (se repotaron más de 9 mil espectadores). A lo mejor, sin el wild, los Leones no anotaban, pero…
Liz lanzó para ganar, pero el crédito fue para Christian Prado, quien sacó las últimas tres entradas en riguroso orden, con tres chocolates.
Decían muchos otros: “Lo bueno es que, largo el juego, lo ganaron los Leones”… Imagine usted a los Acereros, que se fueron a la carretera con un trago amarguísimo luego de perder una batalla de esta envergadura.
Como sea, un partidazo. Nadie se aburrió, pese a la duración. De eso estamos seguros.— Gaspar Silveira
