


En la vida de Saúl Jiménez Fortes, que va en 33 años desde que vio la primera luz, hay cornadas y operaciones, 25 en total, algunas de extrema gravedad, con milagros a su lado para poder seguir vivo.
Los más, hablan de él por sus percances, especialmente los dos más recientes, que son cornadas graves en el cuello y zona del rostro. Pero, parado ante escenarios universitarios y empresariales, el de Málaga ha expuesto, “más allá del toreo”, lo que le tiene aún con ansias de pararse ante la cara del toro.
“Eso soy… soy torero por vocación. Lo que he vivido son las circunstancias del toreo. Miren que, en mi primera vez ante un utrero, me pegó una cornada que me afectó la vena safena. Fue grave, así que mi comienzo, y todos mis años de torero, he tenido una cornada o una operación”.
Sentado disfrutando un café en el Corredor Gastronómico de la calle 47, el diestro señala que no ha perdido nunca la ilusión por torear, y ahora que le brindaron la oportunidad de abrirse en un nuevo mercado, “me pone muy contento, muy ilusionado por presentarme en la Feria Yucatán”.
Jiménez Fortes se presentará mañana en la Plaza “La Esperanza”, un coso portátil instalado en el recinto ferial de Xmatkuil, en la segunda de tres tardes que anunció Toros Yucatán. Hará el paseíllo junto a Arturo Saldívar, ante toros de Barralva, de sangre española.
Llegará, asegura, con el ímpetu de un torero que quiere trascender más allá de sus cornadas graves, que, sin duda, le han enseñado a dimensionar la vida misma. En el año 2015 vivió verdaderos calvarios. El 14 de mayo, en pleno San Isidro, un toro le perforó el cuello, yendo de un lado a otro (la cicatriz no puede ocultarse), y el 17 de agosto, en el coso salmantino de Vitigudino, recibió otra cornada, pero esta fue diagnosticada como mucho más grave y también le tuvo en coma tres días.
“La vida sigue. Si me quedé aquí fue por algo. Analizo, reflexiono, y ese 1 por ciento que me quedó de vida entiendo que Dios me lo dio para que pueda seguir toreando”, señala en una charla junto con el empresario Alberto Hagar Goff.
Y de eso, ha sacado enseñanzas. De su vida y tragedia, con el título “Más allá del toreo”, ha expresado sus experiencias ante foros abiertos, de estudiantes, de empresarios. Con estudios truncados de ingeniería industrial, tomó un máster en couching y con ello es que ha podido dar conferencias y charlas, alentando a quienes, sin duda, “no logran compaginar el fracaso, el desamor, la desatención o el deseo de vivir. Creo que contar, hablar de lo que vives es razón fundamental para vivir, y de mi tragedia, gracias a Dios, he aprendido y quiero ayudar a quien necesite”.
Nunca ha pensado dejar el toreo porque, asegura, “es lo que hecho toda mi vida. Mi padre fue empresario, organizaba todo, mi madre fue novillera, así que yo estuve en el toreo desde que tengo uso de razón. Recuerdo que, teniendo 4 años, dije al maestro Enrique Ponce algo así como ‘yo soy torero como tú’. Y también, hice de todo en el toreo, recuerdo que mi primer vestido de torear lo compré con mis ahorros de la venta de cojines en las plazas. Estoy orgulloso de lo que he hecho. Y quiero estar así siempre”.— Gaspar Silveira
