Si van 18 mil personas a una corrida de toros es que algo hay de interés.
Y el festejo de ayer en la Plaza de Las Ventas, en el día de la Comunidad de Madrid, tuvo un aforo muy importante para ver toros de El Montecillo, muy bien presentados, con cuerpo y cuajo, para toreros de los que, sin mucha fama, pero con su credencial de lidiadores, pelean ante lo que salga por la puerta de los sustos.
No hubo ninguna oreja, pero sí fuertes ovaciones para los tres alternantes en la corrida goyesca, arrimándose ante la poderosa catadura de los astados, mostrando fortaleza mental y también capacidad física para poder salir de los duros trances, entre derrotes y arreones. Tres guerreros que siempre tendrán cabida en los carteles de las grandes ferias que tienen corridas duras.
Fernando Robleño fue ovacionado en su primero, Javier Cortés escuchó palmas en el quinto y Francisco José Espada recibió sonoras ovaciones de los dos que lidió, ante una asistencia oficial de 18,329 espectadores, en los preámbulos de la Feria de San Isidro.
El sexto fue el toro más armónico de la tarde, con más cuello y corto de mano, aunque sin renunciar a la seriedad y también el de mejor condición, pues tuvo embroque y recorrido por el pitón izquierdo. Eso sí, sin ligazón, pues, entonces, las embestidas eran por dentro. Espada tomó el ritmo y la distancia en una faena de menos a más que creció al natural. Sin embargo, dos pinchazos antes de la estocada redujeron la posibilidad de un trofeo.
