“¿Ya se fueron más de 40 años, paisano?”, pregunta al teléfono Géner Rivero Ancona, desde su rancho, el diamante que da vida nueva al “Príncipe de Temax”.

Efectivamente, han pasado 41 años desde aquella temporada memorable en que los Leones conquistaron su segundo campeonato en la Liga Mexicana. Un equipo que, dirigido por un cubano que se hizo inmortal en Yucatán, se trepó a lo más alto con una actuación épica que arrancó en el último tramo de una temporada que iba al caño, cerró de forma vibrante para pasar al playoff en cuarto lugar de la Zona Sur. Y lo que siguió, fue totalmente increíble. De fábula. Uno de los momentos de mayor épica en los “100 años del deporte en Yucatán”, cuya segunfa entrega presentamos en esta página.

Le llamaron muchos “el equipo del destino”. Carlos Paz González hizo circo, maroma y teatro para, con sus coaches eternos, Leonel Aldama y Gregorio Acea, exprimir todo el potencial a un equipo de hombres que, contra todo pronóstico, batió en la primera ronda a los ultrafavoritos Diablos Rojos del México en cuatro partidos; derrotó en el máximo de siete duelos a los Tigres Capitalinos, que eran una formidable combinación de mexicanos de élite con extranjeros reconocidos, y en la Serie Final se impuso a los Indios de Ciudad Juárez, equipo emblema de una Zona Norte que apostaba con grandes sumas de dinero para ganar campeonatos. El dinero no es todo.

“Estábamos mal, cierto, pero cada quien hizo su parte. Esa fue la fórmula: hacer cada quien lo que estaba”, comenta Géner, que ese año no se presentó al campamento de los Bravos de León y fue reclamado por los melenudos, con los que luego ganó el campeonato.

Fue, dijeron muchos de esa época, cuando verdaderamente los equipos de provincia (exceptuando a Monterrey) comenzaron a ganarse el respeto. Pero se lo ganaron con lo hecho en el diamante.

“Recuerdo –dice don Arturo Millet Molina, que luego fue presidente del club—, que nos preguntábamos: ¿quién es ese que trajeron de primera base que parece no sabe jugar (Domimic Fucci)? ¿Y Ken qué? Luego Ken Angulo hizo una gran temporada. Lo demás está en la memoria viva de los yucatecos y en los libros de historia de la pelota mexicana”. Sin duda.

Ciertamente. La Enciclopedia del Béisbol Mexicano retrata que los Diablos y los Tigres tenían señores equipos, y los Leones, uno modesto que apenas pudo colarse a la postemporada. Hombre por hombre, contra nombre por nombre.

Pero el equipo embalado se creció. Jugó así casi toda la postemporada: Fucci en primera, Fernando Villaescusa, el gran “capitán coraje”, en segunda; Géner en el short y Blas Santana, en tercera. Rich Guerra en el jardín izquierdo, Ray Torres, que llegaba apenas desde el infierno para ser gran ídolo, en el central, y Arturo DeFreites en el derecho. Detrás del plato, Pedro Bazán. El bateador designado fue Rudy Hernández. Y los hombres de la rotación: Angulo, Freddie Arroyo (ganador del Juego 6 ante Ciudad Juárez), Ernesto Escárrega “El Indio” y Lupe Salinas. Pilar Rodríguez era el cerrador.

¿Cuál era la diferencia de ese equipo?, preguntamos una vez a Carlos Paz

“El corazón de todos, desde don Romeo (Magaña Carrillo, el propietario y presidente), hasta el último de los jugadores y los trabajadores del campo”, dijo Paz sobre el que bautizó, con justicia, como “el equipo de  mi vida”.

Los Leones abrieron ese año con una pretemporada realizada en la “Casa de los Toros”, como se llama el campo de Panabá, en el oriente del Estado. Entre muchos vaqueros y hombre de campo viéndoles, trabajaron largas semanas entre fines de febrero y marzo. El Archivo del Diario, desde la Megateca, muetra fotos de verdad impresionantes de esa pretemporada.

Una imagen de la memoria tiene, por ejemplo, a yucatecos que buscaban un lugar: Jorge “Morito” Navarrete; Juan Carlos Uribe Manzano, lanzadores; José Peraza Canul, receptor, y Juan Carlos León Torres, infielder. El dato estadístico señala que Uribe, Peraza y León tuvieron turnos y apariciones en el plato. León Torres conserva su anillo de campeón en una caja fuerte, como su gran tesoro. La presencia yucateca siempre pesa.

Hace poco, Angulo escribió al Diario, vía León, que lo hecho en 1984 “es algo de lo más bonito que me ha pasado en la vida”.

Y también para los yucatecos, es de lo mejor entre lo mejor de la historia. Toda una época.

Pero vamos a la gran noche de coronación: domingo 19 de agosto de 1984. Parque Kukulcán. La lluvia cayó fortísima sobre la capital y retrasó el arranque del partido, sexto de la Serie Final. La gente, sin importar el diluvio, aguantó estoica en las tribunas, con más de 18 mil espectadores, con nailons y paraguas. Fue, esa actitud de los fanáticos, nominada “La ovación de la noche”, espacio que otorgaba el Diario a lo más destacado.

Arroyo subió a lanzar y llegó a toda la ruta. Con dos fuera, Toño Briones bateó hit al central, alargando la agonía de los Indios. Y Arroyo dominó luego a Bobby Smith con rodado a la loma para, vía pítcher-primera, consumar el último out. ¡El campeonato!

El Diario tituló, en mayúsculas: “Fin a largo sueño: Yucatán, campeón”. Habían pasado 27 años desde la primera coronación de las fieras en la LMB, la de 1957, cuando llegó este segundo banderín. Increíble, porque nadie pensaba que, el equipo que comenzó su pretemporada en Panabá, y se desmoronaba poco a poco, alcanzó playoff, hizo el milagro de calificar, barrer al México de “Cananea” Reyes, eliminar, bajo el grito de “Pobre Chito, Pobre Chito”, a los Tigres, y consagrarse ante los Indios, en una lluviosa noche de un mítico verano en el Kukulcán.— Gaspar Silveira

Crónica del día de la coronación

FIN A LARGO SUEÑO: YUCATÁN, CAMPEÓN

Reseña publicada por el Diario de Yucatán en la edición del lunes 20 de agosto de 1984, informando sobre la coronación de los Leones en la Liga Mexicana:

 ¡EL YUCATÁN ES EL CAMPEÓN! Así, con mayúsculas, lo escribió el Diario hace 27 años y hoy vuelve a escribir así al culminar seis meses de auténtica comunión entre un puñado de peloteros valientes y una noble, auténtica afición yucateca, que llena de fervor gritó al aire anoche, a las 9:43, cuando Fernando Arroyo envió la pelota al guante de Dominic Fucci para consumar la victoria de los Leones sobre los Indios de Ciudad Juárez por paliza de 10-1, en el sexto juego de la serie, que dio a la novena y al público yucateco el banderín de la edición 1984 de la Liga Mexicana.

Es prácticamente indescriptible lo que sucedió anoche en el parque Kukulcán, lleno hasta el tejado, en una noche memorable para el deporte del Estado. Por primera vez, la afición yucateca vio coronarse a los Leones, en lo que fue la culminación de un sueño acariciado desde hace 27 años, cuando los melenudos ganaron el banderín en Veracruz.

Al caer el último aut, una montaña de hombres con los bombachos bien amarrados y con una fe inquebrantable en la victoria se formó sobre el diamante, mientras la fiesta popular se propagaba por el graderío y diversos sectores de la urbe.

En la Serie Final, Arroyo, un tipo de experiencia, conquistó dos valiosas victorias entre las cuatro que obtuvo en los pleiofs. Anoche guió la más importante para el béisbol yucateco en los últimos 27 años, con su pitcheo acostumbrado.

Dominador, Arroyo transitó las nueve entradas. Su “slider”, que le permitió escalar las alturas de las Mayores, fue de lujo; su recta, la que anoche le permitió engomar a seis aborígenes, su mayor número este año, llevó candela pura. Le atizaron ocho imparables, dos de ellos en la octava, cuando la tribu anotó la carrera de la honrilla.
Mientras el derecho de Sacramento, California, despachaba a sus enemigos, la ofensiva de las fieras, encendida desde el quinto desafío celebrado en Ciudad Juárez, iniciaba atronadora el festejo de la conquista de la soberanía.

Arturo Defreites, con su cuarto cuadrangular de los pleiofs, segundo de la serie final, prendió la mecha de los cohetes. Luego lo imitaron, con batazos de cuatro estaciones también, Pedro Bazán y Ray Torres, dos de los hombres importantes en el accionar de las fieras, sobre el astro del cuerpo de pitcheo de los Indios, Rafael García (4-2), a quien el mánager “Zacatillo” Guerrero aguantó más de lo debido.

En total, fueron 14 imparables los que disparó la artillería local contra los envíos del pitcheo indio.

Apunte de felicitación de Fernando Valenzuela


Un famoso exleón, el serpentinero zurdo Fernando Valenzuela, quien militó con los melenudos en la temporada de 1979 y ahora pertenece a la organización de los Dodgers de los Ángeles, se sumó anoche a las numerosas personas que manifestaron su satisfacción por la hazaña de los Leones al coronarse por segunda ocasión en la Liga Mexicana.

Desde Los Ángeles, donde su equipo cayó anoche frente a los Filis de Filadelfia, el “Toro” habló por vía telefónica y envió un cálido saludo y sus más sinceras felicitaciones a los selváticos, al enterarse de su triunfo, según declaró su madre política, doña Addy Metri Vda. de Burgos, a quien pidió hiciera llegar sus deseos a la prensa local, como muestra de que no olvida a su ex escuadra.

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